2001
Palabras de Luis Colosio Fernández. Aniversario Luctuoso de Luis Donaldo Colosio.
Marzo 23, 2001


Señoras y señores, amigas y amigos:

Permítanme, antes que nada, agradecer con el corazón y a nombre de toda mi familia su presencia.

Como siempre, nos encontramos en la cita de este aniversario que nos reúne con Luis Donaldo. Se trata de un momento lleno de contrastes porque permite recordarlo en vida y congregar afectos que supo cultivar, pero también esta fecha viene acompañada del gran dolor que nos dejó su ausencia.

Aquí conviven la esperanza y la frustración. Esperanza por la idea del cambio con responsabilidad y rumbo que Luis Donaldo pregonaba, esperanza por la posibilidad de construir mejores horizontes: frustración porque golpea y lastima la imagen cruel, alevosa y despiadada de su artero asesinato.

Frustración que indigna y agravia por el hecho de que el destino de un hombre, empeñado en la reforma del poder como medio para reconstruir las posibilidades de la convivencia armónica, fuera el de la muerte a traición, el de la ejecución.

El dolor sordo de la ausencia, tiene la compensación de saber que quienes han vivido entregados a causas legítimas y generosas, nunca mueren del todo.

A veces agotada, con un profundo dolor, pero siempre alentada por todos ustedes, mi familia no escatima voluntad ni esperanza en su firme exigencia de justicia.

A pesar del tiempo transcurrido, mi familia y los amigos de mis hijos Diana Laura y Luis Donaldo, evidenciamos hoy que los sentimientos de amor, de afecto, de lealtad, son mucho más grandes que el lacerante silencio de la muerte.

En estos años, la condolencia social por el asesinato de mi hijo, ha representado un gran alivio; hemos recibido muestras de apoyo en todo el país; muchos mexicanos sintieron perder un miembro de su propia familia.

Ese ir más allá de lo inmediato, ese esfuerzo por trascender en la visión y en la entrega, tiene el premio del recuerdo que se le brinda en muchos rincones del país; a través de los pedazos de existencia individual que le dedica parte de la sociedad, Luis Donaldo nos acompaña a pesar de su dramática ausencia.

Pero en estos siete años, lamentablemente también, hemos recorrido un largo camino en el que advertimos que la desilusión y la desconfianza, han permeado peligrosamente el tejido social.

La justicia que él tanto buscó no le ha sido otorgada. La investigación sobre su asesinato terminó su etapa activa y queda con posibilidades de retomarse en función del surgimiento o aparición de nuevos elementos. Ahí quedan las negligencias y las omisiones que arrastró la fase inicial de las investigaciones.

Siete largos años de pantomimas y enredos, de ineficiencias y complicidades, de indiferencia y traición, han dado paso a la incertidumbre y a la falta de credibilidad.

Día tras día, el poder tejió un traje a la medida, transitando por la vía forzada del asesino solitario; pero en el camino, las inconsistencias y contradicciones nos inundan con el putrefacto olor de la sospecha.

Nadie reclama que la opinión pública se convierta en evidencia; nadie exige que la condena emitida por el pueblo, constituya un veredicto de un tribunal de conciencia; mas allá de la especulación popular, la teoría de la conspiración, se basa en elementos al alcance del Ministerio Público: con los que cuenta hoy y los que rehuye encontrar.

El relevo de mandos en el Poder Ejecutivo, ha puesto en este caso, ante el escrutinio del pueblo, la actuación de tres presidentes: los dos primeros contundentemente cuestionados por la opinión pública; el último tiene ante sí la oportunidad de honrar el compromiso de procurar justicia sin distingos y con equidad.

No pretendo utilizar el gastado expediente de señalar a los que ya se fueron; en las imágenes grabadas, pronunciamientos escritos y en la memoria de todos ustedes se conserva el reclamo familiar.

En este recuento, considero necesario recordar, que la ingrata presencia de Carlos Salinas de Gortari en este mismo lugar, a pocas horas del crimen y sus múltiples declaraciones, constituyen una burla para mi familia.

La pretendida amistad a toda prueba, la armonía y unidad de propósitos de Carlos Salinas y mi hijo -más tarde desmentidas por la carta que enviara el coordinador de campaña a Luis Donaldo- ofenden la inteligencia de los mexicanos.

Después, el mandato de Ernesto Zedillo Ponce de León, complaciente, más comprometido con sus propios intereses, casi ausente, nos lleva a pensar que la versión del asesino solitario obedeció mas a la tranquilidad del sistema, que a satisfacer la demanda de la verdad.

Concluido el sexenio, el pueblo de Sonora se siente engañado; la famosa frase "empeño mi palabra", representa ahora otra mentira que agiganta el deshonor y la sanción moral de la opinión pública en su contra.

En fin, la teoría ridícula manejada durante su gobierno y los remedos de investigación, bordados con balas sembradas, pistas falsas, ejecución de eslabones, premios a la ineptitud o compromiso en la traición, vueltas de tantos grados solo representan las vueltas que le dio el gobierno para rehuir su compromiso con la verdad.

Pero entonces, ahora que ya se fueron quienes nos mintieron, aquellos que no supieron recoger con la frente en alto su palabra; ¿no hay autoridad a quién demandar justicia?

Por el contrario, vivimos en un país de instituciones; el Ministerio Público, dependiente del Poder Ejecutivo, es responsable jurídica y moralmente de ahondar en las investigaciones y de procurar justicia.

La sangre derramada de mi hijo, se une hoy al sacrificio y al anhelo de muchas generaciones y hombres de todas las corrientes de pensamiento para impulsar este nuevo aire democrático que oxigena la República.

Hoy, es crucial para la nación y su presidente, aprender las lecciones del ayer, escuchar las voces quebradas por el dolor de la injusticia, las razones expresadas en cada rostro agraviado; para responder a las expectativas del pueblo, para recuperar la confianza, para evidenciar que México no se equivocó.

Yo no sé si este gobierno apoyará la resolución del caso Colosio; pero me queda muy claro, que todo gobierno democrático escucha y atiende apegado al Estado de Derecho, el justo reclamo de los ciudadanos.

De ser así, repetiría con Juárez: "cuán invencible es la fuerza de los pueblos y cuán grande es el poder de sus autoridades legítimas, cuando unos y otros apoyados en la razón, acatan y defienden, en cumplimiento de su deber, el mandato de la ley".

A siete años de distancia, mi reclamo de justicia para algunos parece grotesco, hay quienes podrán pensar que soy un viejo necio en busca de lo imposible.

Pero el amor de los padres es el más noble de los sentimientos. ¿Por qué he de olvidar los anhelos de mi hijo adorado de una patria de libertad y justicia para los mexicanos?

¿Por qué he de ocultar mi coraje e impotencia, ante la sordera de los hombres que indignamente ostentaron el poder, sirviéndose de las leyes para la injusticia?

Cómo olvidar a mi hijo, cómo olvidar al hombre que recogió en su corazón y en su palabra, la voz de los necesitados; aquella palabra expresada el seis de Marzo, que tal vez fue su sentencia de muerte.

¿Por qué he de olvidar al hombre que tuvo la sensibilidad de ver el sufrimiento de nuestros hermanos indígenas; de conmoverse con su diario caminar en busca de su supervivencia o la justicia para sus razones?

Cómo olvidar al ciudadano humanista, que jamás confundió el interés de su pueblo con su deseo personal; cómo olvidar al padre de Donaldo y Marianita, cómo olvidar al esposo de mi hija Diana Laura; cómo olvidar a mi amigo, a mi hermano.

¿Por qué tengo que olvidar al hombre que tuvo la osadía de vivir como hombre?

De ninguna manera, frente a quienes pudieran pensar que soy un pobre viejo necio, se levanta la actitud de un pueblo que ha sabido cumplirle a Colosio.

Por eso, hoy convoco imágenes de un Luis Donaldo que aceptó el desafío de expresar sus ideales; un Colosio con aciertos y errores, pero sobre todo, un hombre que nos sigue proponiendo un proyecto de nación congruente con las mejores causas de la sociedad Mexicana.

Por eso, hoy quiero invitarlos a que nos unamos en el propósito de rendir el mejor homenaje que le podemos ofrecer a Luis Donaldo; continuar de frente, guiados por sus ideales, permanezcamos de pie y cerrémosle el paso a la frustración; reafirmemos el compromiso de luchar por ese México de sus sueños.

Apelo al pueblo de México para exigir justicia, la razón está de nuestra parte.

Amigas y amigos:

Gracias, muchas gracias por esta hermosa demostración de lealtad a mi hijo.

Con toda humildad los invito a mantener viva su memoria, los invito a luchar por lo que creemos; los invito a forjar el México que queremos.

De nuevo... muchas gracias.