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Siglo XX > 1990-1999 > 1994

Discurso de Luis Donaldo Colosio. Reunión con organizaciones económicas campesinas, celebrada en la Casa del General Emiliano Zapata.
Febrero 1, 1994

Candidato del PRI a la Presidencia de la República

Anenecuilco, Municipio de Ayala, Morelos,
1 ° de febrero de 1994.

"La Nación no puede seguir adelante con este abismo de marginación y de atraso. Tenemos que cumplirles a los pobres entre los pobres. Para ello propongo un conjunto de acciones que los rescate del olvido y los incorpore cabalmente a la vida democrática y de libertades".

"Juntos pondremos final a la corrupción de los empleados públicos que llegan sin dinero y salen ricos de las comunidades pobres. Las comunidades indígenas y los campesinos más desfavorecidos deben saber que estoy con ellos; que no habrá indiferencia".

Quiero decirles que vengo a estas prodigiosa tierra de Morelos a encontrarme con el ánimo de justicia que nos heredó Emiliano Zapata. Sus reclamos, sus convicciones y anhelos aún están vigentes; su llamado exige respuesta, la proclama de "Tierra y Libertad" es hoy todavía exigencia de justicia; es condición para la paz, para la estabilidad del país y para la superación de la pobreza como destino.

La voz de nuestras comunidades siempre se ha expresado, pero no siempre la hemos sabido escuchar. Tal vez estamos ante la última oportunidad de responderles en condiciones de paz, de estabilidad política.

Pese a la marginación, pese al olvido, a la indiferencia y a la extorsión, nuestras comunidades están presentes, siguen viviendo, esperan justicia.

Ustedes, amigas y amigos, representan a nuestras comunidades indígenas y a los trabajadores del campo de Morelos, a quien convocó Zapata. Aquí están los campesinos de Morelos. Ante ustedes, genuinos herederos de Emiliano Zapata, vengo a reafirmar mi compromiso.

El tamaño del esfuerzo que debemos emprender ha de estar a la altura del rezago social que hemos acumulado por siglos. Hacer justicia nos impone la necesidad de abrir un nuevo destino a quienes, pese a todos los intentos, no han podido resolver sus problemas más urgentes ni satisfacer sus anhelos.

La nación no puede seguir adelante con este abismo de marginación y de atraso. Tenemos que cumplirles a los pobres entre los pobres. Para ellos propongo un conjunto de acciones que los rescate del olvido y los incorpore cabalmente a la vida democrática y de libertades.

En esta campaña, amigos de Morelos, estamos trabajando a favor de una democracia fincada en compromisos, pero fincada - también - en la palabra empeñada y en la palabra cumplida; una democracia que ayude a resolver los conflictos y fortalezca a la nación. Queremos una democracia que nos permita alcanzar los consensos para que podamos avanzar en los caminos de la justicia.

Ahí donde el atraso se ha mantenido inmutable durante siglos, ahí donde la pobreza se ha convertido en destino, propongo poner en marcha una estrategia de gobierno que en el corto plazo, mejore las condiciones de vida. Se trata de comunidades con las que tenemos un compromiso histórico.

Mi obligación será avanzar en su cumplimiento.

Al mismo tiempo, propongo que promovamos decididamente una nueva etapa del desarrollo del campo mexicano.

Nuestra relación surgió vinculada a la lucha por la tierra. Una era de justicia se fincó en el reparto agrario. Hoy estamos ante nuevas condiciones: no podemos limitarnos a la tierra como el único instrumento de justicia y bienestar para los mexicanos.

Por eso es que he venido a Morelos: a comprometerme con la reforma agraria para nuestro tiempo. A partir de la reforma al Artículo 27, el latifundio es una figura constitucionalmente prohibida. Me comprometo con ustedes para que juntos borremos, de una vez por todas, todo vestigio de esa acumulación improductiva de tierras.

En el campo también se requiere de certidumbre, en el campo también se requiere de certeza. El primer paso para lograrlo es otorgar plena seguridad a la tenencia de la tierra.

Debemos buscar una certidumbre que sirva a la eficiencia, pero sobre todo una certidumbre que sirva a la justicia social.

La existencia del ejido no está en duda. Es necesario aceptar que los problemas que hoy vive el campo mexicano, son también resultado de decisiones equivocadas en el pasado.

El destino preferido de las inversiones no fue el campo. En muchos sentidos al campo lo condenamos al fracaso, a la descapitalización. Hoy - amigos de Morelos y de México, campesinos todos - debemos asumir nuevos criterios para orientar al gasto público, debemos superar el dilema de pobreza o subsidio y pasar al esfuerzo social de productividad.

Esto lo podemos lograr si invertimos más en el campo, si promovemos una mentalidad competitiva en el campo mexicano.

Sabemos que esos logros no vendrán solos. Tenemos que preocuparnos por crear una nueva red de figuras asociativas, o sea nuevas formas de asociación entre los productores del campo; alentar, promover y fomentar la capacitación campesina; promover fondos de inversión a tazas de interés más competitivas; las cajas de ahorro, las uniones de crédito.

Debemos de esforzarnos porque la comercialización incremente los ingresos de los productores, de los campesinos, y no que los beneficios se lo lleven los "coyotes".

Estoy por una economía rural predominantemente concertada como ustedes la quieren; concertada entre el Estado, entre los campesinos, entre los productores rurales y entre los inversionistas.

Todo es posible si le otorgamos la prioridad que se merece el campo. En nuestras manos está decidir si mantenemos al campo mexicano, al medio rural como un lugar de rezagos, que dependa de subsidios siempre insuficientes, o que lo convirtamos, juntos, en un espacio amplio para la transformación productiva, para el bienestar.

Impulsar el desarrollo del campo mexicano significa que adoptemos nuevas tecnologías, que mejoremos los canales de comercialización, que mejoremos nuestros sistemas de información sobre los mercados.

¿Qué están demandando los mercados, no solamente nacionales sino internacionales?, que integremos todos los esfuerzos productivos y que resolvamos de inmediato como un problema fundamental a vencer, las carteras vencidas y la descapitalización agropecuaria.

Tenemos que alcanzar un presupuesto suficiente para el desarrollo regional; un desarrollo regional que sea capaz de alentar las mejores iniciativas de las comunidades y que genere inversiones, que promueva inversiones, que atraiga inversiones al campo para elevar el empleo y, sobre todo la productividad.

Junto con ustedes comparto la idea de que el desarrollo regional es el instrumento para lograrlo, porque a partir del desarrollo regional a partir de nuestras regiones, a partir del desarrollo de nuestras comunidades es como podremos orientar los esfuerzos productivos, es como podremos generar las oportunidades de empleo; apoyar a la pequeña y la mediana empresa del campo, a las organizaciones económicas campesinas; es de esa manera como podremos impulsar, fomentar y fortalecer a las agroindustrias, la capacitación y el aprovechamiento de nuestros grandes potenciales en cada rincón del país.

Pero entiendo como desarrollo regional, de entrada, reconocer diferencias productivas a lo largo y a lo ancho de la República Mexicana; reconocer también que tenemos diferencias en la infraestructura con que cuentan los productores rurales, dependiendo de la región de que se trate; diferencias de los ecosistemas; diferencias en la organización misma de los campesinos, de los productores rurales.

De ahí que tenemos que diseñar políticas de desarrollo de nuestras regiones, pero que tomen en consideración estas diferencias; como ustedes muy bien dicen, alternativas concretas para realidades y problemas concretos.

A lo que he venido a Anenecuilco, aquí a Morelos, ante ustedes, es a comprometerme por desarrollar proyectos, y, de llegar al gobierno de la República, convocar a inversionistas, a técnicos, a profesionistas, a organizaciones, a las mismas autoridades locales, para que participemos juntos en la construcción de una nueva etapa de bienestar para nuestras comunidades.

Nuestras comunidades no quieren caridad, lo que demandan son oportunidades de desarrollo, y a eso vengo a comprometerme: que de llegar a la Presidencia de la República trabajaré incansablemente por las comunidades de Morelos, por las comunidades de México.

Somos una nación porque nos reconocemos como una gran comunidad que participa de sus problemas y que comparte los esfuerzos para resolverlos.

En esta nueva etapa, el respeto a las comunidades no habrá de significar abandono. Vamos a aprovechar ampliamente la iniciativa comunitaria para que nuestros indígenas, nuestros campesinos, sean mujeres y hombres libres que eligen entre opciones.

Pero para lograr este resultado, propongo concertar recursos y realizar inversiones que tengan continuidad. Superaremos la visión centralista, burocrática y autoritaria en la definición de lo que es importante para la comunidad, en la definición de lo que es importante para el campo de Morelos.

La reforma de gobierno, en la que creo profundamente, debe empezar por donde más se necesita; en las acciones para mejorar el nivel de vida de los mexicanos, para mejorar el nivel de vida de nuestros campesinos, para mejorar el nivel de vida de los que más solidaridad requieren.

Juntos pondremos punto final a la corrupción de los empleados públicos que llegan sin dinero y salen ricos de las comunidades pobres. Las comunidades indígenas y los campesinos más desfavorecidos deben saber que estoy con ellos; que no habrá indiferencia.
De llegar al Gobierno de la República, personalmente estaré atento a los avances de este compromiso que el día de hoy, aquí en Anenecuilco, contraigo con ustedes.

He propuesto una reforma del Poder Judicial. El gran impulso que nos anima son los ejemplos que tenemos de mala aplicación de la ley y las verdaderas tragedias familiares y los agravios personales que se viven por esa causa. Pero también lo es la convicción de que el cacicazgo, de que los abusos en el campo, el sentimiento de nuestros indígenas, las ofensas a su dignidad, tienen como origen el cumplimiento de la ley, la corrupción y la aceptación de la ilegalidad.

Con una mejor procuración de justicia, con una mejor impartición de la misma, tenemos que superar los vestigios de la opresión y, de esta manera, asegurar el respeto a nuestras comunidades indígenas. Cumpliremos, de esta manera, el ideal de libertad y demostraremos así que el Estado de Derecho también protege a los más pobres de los pobres.

Tenemos que ir a las regiones, tenemos que voltear nuestra mirada a las comunidades para, junto con ellas, definir las acciones más adecuadas, precisar las inversiones, determinar las políticas.

En síntesis: tenemos que acercar el gobierno a la gente. Sólo así podremos alcanzar la nueva etapa de la reforma agraria mexicana, lo lograremos con certidumbre, con un verdadero fomento a las inversiones hacia el campo y a la capitalización del campo; con un gobierno cercano a la gente; con un gobierno cercano a las necesidades de cada comunidad y con acciones diferenciadas para cada problema, dependiendo de la región de que se trate.

Lograremos, amigas y amigos campesinos de Morelos, en esta nueva etapa, una impartición de justicia que rompa con las viejas estructuras de dominación en el campo: los cacicazgos, el influyentismo y la corrupción.

Amigas y amigos campesinos: mi compromiso es con ustedes, es estar con ustedes. Morelos tendrá siempre un lugar muy especial dentro de nuestra historia y el sentimiento de quien hoy es su candidato y que les pide su apoyo mañana para ser su Presidente.

Me enaltece mucho afirmar ante ustedes y reiterar que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio; por eso, me identifico plenamente con los ideales de Zapata, por eso me identifico plenamente con los morelenses.

También, como muchos otros mexicanos, frecuento estas tierras, atraído por su generosidad y por su gran riqueza natural; y también como muchos otros mexicanos me siento comprometido con la conservación de estos recursos naturales y de esta cultura.

He venido a decirles a los campesinos de todo México, desde aquí, desde Anenecuilco, que no están solos, que de llegar al Gobierno estaré con cada comunidad, que mi compromiso más alto, el que más me obliga, el que llama mi conciencia, es el de la superación de la pobreza.

Vamos juntos a construir una nueva etapa de bienestar; vamos a demostrar que esa gran cultura de superación de adversidades que está presente en cada ejido, en cada comunidad indígena y en cada uno de nuestros barrios, es fuerza para el progreso.

Tengo confianza plena en la sabiduría, en la organización, el esfuerzo y el patriotismo de los campesinos de México. Sumo mi voz, mi voluntad y mis iniciativas a las de ustedes. Pondré mi voluntad al servicio de sus anhelos, de sus esperanzas, de sus demandas.

Con Jorge Carrillo Olea, vamos a fincar una nueva etapa de prosperidad para Morelos; en torno a nuestro candidato al Gobierno del Estado, vamos a sumar fuerza, vamos a sumar convicciones y, sobre todo, vamos a sumar propuestas. No hay duda: el PRI en Morelos, volverá a ganar.

Vamos amigas y amigos, juntos, a hacer de Morelos y de México tierra de libertades, tierra de justicias, tierra de oportunidades. No hay imperativo mayor que el de la justicia social; vamos a demostrarlo en los hechos.

Esta es la convocatoria de nuestra campaña, esta es la proclama de hoy, aquí en Morelos asumimos; y a participar en ella, en esta campaña los invito. Estamos ante grandes tareas, juntos las podemos asumir, juntos alcanzaremos una etapa de mayor bienestar para todos; juntos llegaremos al fin de Siglo con un México más fuerte; un México más unido, un México de mayores libertades y un México mejor para nuestros hijos.

¡Qué viva Emiliano Zapata!
¡Qué viva Morelos!
¡Qué viva el PRI!
¡Qué viva México!