Agradezco la presencia del Supremo
Consejo de México de Grados 33, de la Confederación
de Grandes Logias Regulares de la República Mexicana.
Agradezco también la asistencia
de la respetable Gran Logia Valle de México. Mucho me alienta
la presencia de los Grandes Maestros del país y de los
cuadros dirigentes de la República, que hoy nos acompañan.
Me da mucho gusto reunirme con los
grupos liberales de México. Esta reunión adquiere
un especial significado al celebrarla en la víspera del
aniversario del natalicio de Benito Juárez.
Los mexicanos hemos construido nuestra
visión de la soberanía, del Estado de Derecho, de
las libertades y la democracia en la inspiración juarista.
Juárez está presente
en nuestra vida cotidiana, a través de nuestras instituciones
y de la fuerza de la República.
Aquí, ante ustedes, manifiesto
que he tomado, como guía de las propuestas de mi campaña,
el pensamiento de Benito Juárez.
Las lecciones de su obra, de su
gran pasión por México, su defensa de la soberanía,
su concepción de la ley como lo más sagrado, como
la expresión más elevada de las aspiraciones humanas,
su convicción democrática, su fe inquebrantable
en la Nación y en la República, son legado y son
también, más que nunca, camino a seguir.
Juárez nos sigue fijando
rumbo y destino. Los mexicanos estamos decididos a que su pensamiento
siga presente en el horizonte de la Nación.
La Ley es la expresión más
alta de la vida civilizada; es la mejor respuesta que ha encontrado
la humanidad para resolver la convivencia.
Vivir en un Estado de leyes es vivir
con certidumbre, con seguridad, es tener confianza y es también
tener la mejor garantía para la paz.
Por eso, la primera respuesta ante
nuestros conflictos, ante las diferencias, ante las controversias,
es la Ley, y su perfeccionamiento. El único imperio que
aceptamos es el de la Ley.
Encontrar en la norma, y en su acatamiento,
las respuestas a nuestros problemas, es un principio que debemos
mantener.
Por eso hoy, cuando las diferentes
fuerzas políticas, y la sociedad, debaten intensamente
sobre los caminos para la transformación democrática
de México, la respuesta vuelve a ser el perfeccionamiento
de la norma.
La reforma electoral, que todos
los partidos hemos acordado promover, tiene ese propósito.
Queremos las mejores reglas para
la competencia política. Queremos que nuestra legislación
resuelva, de una vez por todas, los conflictos; y que sólo
el voto decida la constitución de gobiernos.
Esta es una aspiración que
surge del pensamiento juarista. Recordemos que Juárez dijo:
"Nadie tiene el derecho de
apelar a las armas para resolver las cuestiones electorales; es
un deber de todos escoger y respetar el fallo de las mayorías.
De otro modo, sería una burla entre nosotros el principio
republicano."
El acuerdo para la reforma electoral
honra a todos los partidos. El PRI participa en ella, esperanzado
en dar cumplimiento a la aspiración de Juárez. Así
iniciaremos una nueva etapa en la vida política de México.
En materia electoral, la única
justificación válida para reformar nuestras leyes
y reformar nuestra Constitución es que así resolvemos
mejor toda duda y toda controversia.
Hoy queremos cerrarle el paso a
toda pretensión de acceso al poder por la vía del
conflicto, del enfrentamiento, de la intimidación y de
la negociación al margen de la ley.
El mérito de la reforma será
de todos los partidos, y a ellos compromete. El PRI asume plenamente
esa responsabilidad. Nosotros somos parte del acuerdo para la
modificación de nuestras leyes electorales; pero también
somos la fuerza, que al ser mayoritaria, la hace posible.
Con el PRI la reforma es viable;
sin el PRI, no habría reforma. El PRI ha demostrado que
no regatea su contribución a la transformación democrática
de México.
El PRI demuestra que quiere democracia;
que quiere competencia equitativa, pero que también exige
responsabilidad en el cumplimiento de los acuerdos.
Siempre he sostenido que dice más
el ejemplo que la palabra. El PRI está siendo consecuente
al promover los acuerdos y al asumir compromisos. Esperamos reciprocidad.
Lo que los mexicanos rechazan es
que alguien quiera una democracia a su medida. Nuestra democracia
debe responder a la aspiración de todos los mexicanos;
y no habrá de quedar atrapada en ambiciones e intereses
particulares.
Queremos seguir siendo un país
de leyes. Esa es aspiración juarista, y es exigencia de
hoy. De la Ley nadie puede quedar excluido.
Ese es el propósito del artículo
130 de nuestra Constitución, al consagrar el principio
histórico de la separación del Estado y la iglesia
y la libertad de cultos. Creo en esos principios y asumo el mayor
compromiso para mantenerlos vigentes.
Ante ustedes, quiero reiterar que
asumir los ideales de Juárez es comprometerse con el Estado
de Derecho, con las libertades, la democracia y la defensa de
la soberanía.
Ante el pensamiento de Juárez,
no es posible pretender posiciones cómodas; o se asumen
plenamente sus preceptos, o se sucumbe en el oportunismo.
Por eso, me declaró profundamente
comprometido con la defensa de la soberanía del país
y con la promoción del interés nacional.
Me propongo mantener fidelidad a
nuestros principios: defensa de la igualdad jurídica de
todas las naciones, de la autodeterminación, de la soberanía
popular, de la no intervención.
Son valores irrenunciables; no están
sujetos a negociación. Ofreceremos respeto a todos los
pueblos y lo exigiremos en reciprocidad.
Amigas y amigos.
La fidelidad a la memoria de Juárez
exige, en nuestros días, un compromiso inflexible con los
principios que inspiraron su obra y con los programas y reformas
que, hoy, permitan consolidar el régimen de libertades
y leyes que decida soberanamente la voluntad ciudadana.
Ese es el compromiso que he asumido,
al proponer a los mexicanos una Reforma del Poder que genere un
nuevo equilibrio en la vida de la República, a partir del
fortalecimiento del Poder Legislativo y de una reforma del Poder
Judicial que haga de nuestro sistema de justicia una instancia
de la máxima respetabilidad, y de un nuevo federalismo
que fortalezca política y financieramente a los Estados
y a los Municipios.
Son esos los pilares del nuevo equilibrio
republicano, para la más cabal realización de los
principios liberales que consagra nuestra Constitución.
El nuevo equilibrio republicano
permitirá actualizar, para los mexicanos del presente,
los valores que guiaron los grandes empeños de Benito Juárez.
Hoy, cuando el pueblo de México
reclama certidumbre y expresa imperiosamente su convicción
de que, en la vida política y social, certidumbre es sinónimo
de ley, asumo el compromiso con la vigencia plena del Estado de
Derecho, y el de ser siempre intransigente ante el desacato a
la norma, ante la invocación a la anarquía y frente
a la arbitrariedad.