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Siglo XX > 1990-1999 > 1994

Discurso de Luis Donaldo Colosio. Acto de inicio de Campaña como Candidato del PRI por la Presidencia de la República.
Enero 10, 1994

Candidato del PRI a la Presidencia de la República

Hidalgo, 10 de enero de 1994.
Plaza Principal de Huejutla de Reyes.

"Los acontecimientos de Chiapas son un llamado a la conciencia de todos los mexicanos; es un llamado que nos habla de la urgencia de mayor justicia social, pero también nos coloca frente al absurdo de la violencia".

Es aquí, en Huejutla, en el corazón de la Huasteca Hidalguense, donde he decidido iniciar mi Campaña por la Presidencia de la República.

La presencia de todos ustedes, amigas y amigos; su participación, su entusiasmo, la convicción que los anima, y sobre todo su esperanza, serán inspiración y aliento permanente para afirmar mi compromiso con México.

Es aquí, en la Huasteca Hidalguense, ante los reclamos de ustedes, de frente a sus necesidades y con su determinación por alcanzar un mejor futuro en donde afirmo: queremos un solo México unido por el trabajo, unido por el desarrollo, unido por las mejores oportunidades para vivir y para progresar; un México en el que podamos alcanzar - juntos - nuestro más altos anhelos, un México mejor para nuestros hijos.

Huejutla es símbolo del gran desafío que debemos resolver. La zona Huasteca nos muestra las tareas más urgentes que debemos realizar para consolidar la transformación de México.

Aquí - lo sabemos - tenemos un gran potencial en sus tierras, en su ganado; pero aquí también, en sus comunidades, en su gente, en sus mujeres y en sus hombres, en la Huasteca, también encontramos comunidades indígenas con dolorosas carencias. Encontramos comunidades con limitaciones; campesinos que aún esperan la superación de los rezagos históricos, mujeres y jóvenes que quieren abrirse nuevos horizontes, niños que merecen un México de mayor justicia.

En la Huasteca se mantiene la esperanza. Sus mujeres y sus hombres aman esas tierras y están dispuestos a sumar esfuerzos. No están solos.

Amigas y amigos Huastecos:

Vamos juntos a alcanzar una nueva etapa de mayor progreso, de mayor bienestar para la Huasteca, para la Huejutla, para México.

La voluntad aquí expresada, recorrerá al país.

Al reunirnos hoy, lo hacemos trayendo con nosotros nuestros anhelos, nuestras demandas, nuestras propuestas. Juntos hoy, desde aquí, desde el corazón de la Huasteca Hidalguense, lanzamos una gran convocatoria a todos los mexicanos para superar la pobreza, para superar la exclusión, para superar los rezagos, la marginación y la desigualdad.

La nuestra, amigas y amigos priístas, ha de ser una batalla a favor de la dignidad; la nuestra ha de ser una batalla a favor de las libertades, del bienestar de nuestros indígenas, del bienestar de nuestros campesinos, de todos los marginados del campo y de la ciudad.

La pobreza no puede ser destino. Es la causa moral que nos llama a la unidad para superarla, es la que exige el diálogo, la que reclama la aportación de lo mejor de nosotros mismos.

La pobreza no puede ser pretexto para dividirlos. Hacerlo es atentar contra el presente de nuestras comunidades y de nuestras familias. Pero sobre todo, hacerlo es atentar contra el futuro que es de nuestros hijos.

Los acontecimientos de Chiapas son un llamado a la conciencia de todos los mexicanos; es un llamado que nos habla de la urgencia de mayor justicia social, pero que también nos coloca frente al absurdo de la violencia.

Hoy, el derramamiento de sangre no es el camino; la violencia no es el camino. Los mexicanos hicimos una revolución y nos dimos instituciones y nos dimos leyes. Así es como cancelamos - de una vez por todas - la confrontación como fórmula de solución de diferencias y de discrepancias.

La violencia no puede ser ni método ni fin. La paz, la estabilidad, la armonía y la legalidad, son las vías de toda solución verdadera.

Ese es el camino que nosotros hemos elegido; esa es nuestra opción. En esta asamblea popular de inicio de campaña, aquí en Huejutla, afirmamos la vigencia de nuestra vida institucional como cauce para la solución de nuestros problemas. Ese es nuestro compromiso: sin ambigüedades, sin doble discurso, sin titubeos.

Durante estos años los hidalguenses, los huastecos, los mexicanos, todos, hemos realizado un esfuerzo ejemplar, todos hemos participado en la construcción de mejores bases para el crecimiento económico del país.

Todos hemos participado en la construcción de mejores bases para el crecimiento del país. Ahora, amigas y amigos, los cimientos son sólidos, es tiempo de proponernos nuevas metas.

Queremos promover el crecimiento de nuestra economía como medio para alcanzar el bienestar de nuestros compatriotas. Pero debe ser un crecimiento que genere empleos y que genere beneficios, y que estos estén mejor distribuidos.

Reforma social y económica sana, son propósitos convergentes. Mayor inversión, estabilidad y ahorro, con la baja inflación, no son sólo metas técnicas, son instrumentos necesarios para una auténtica política social que dé certeza al esfuerzo de todos y cada uno de ustedes, y que dé certeza al esfuerzo de todos los mexicanos en todos y cada uno de los rincones de la patria para alcanzar juntos nuestros propósitos.

Que no se nos olvide: sin una mayor justicia, sin una mejor distribución del ingreso, la economía se debilita y se cierra el camino al crecimiento. Pero sin una economía fuerte, no hay política social ni eficiente ni duradera. Lo que hemos logrado hasta ahora lo tenemos que poner al servicio de los que menos tienen. Hoy, tenemos condiciones para hacer del crecimiento una batalla decisiva contra la pobreza. Por eso, amigas y amigos huastecos, por eso es que propongo una gran reforma social y un nuevo y decidido impulso al desarrollo de nuestras regiones.

Con responsabilidad, sin demagogias, sin paternalismos, sin populismos, debemos alcanzar una nueva etapa de bienestar, y lo lograremos mediante acciones decididas; lo lograremos con determinación, con coraje, con unidad y con trabajo, asegurando a todos el acceso a mejores niveles de educación, cuidando la salud de nuestras familias y asegurándoles también una vivienda digna.

Lo lograremos con un nuevo impulso al desarrollo de nuestras regiones, de nuestros municipios, de nuestras comunidades. La reforma social que propongo debe superar, con eficiencia, las condiciones de pobreza. Pero también debe asegurar el desarrollo de las capacidades de cada individuo, de cada mexicano.

Nuestro punto de partida tiene que ser necesariamente el cumplimiento de los compromisos históricos consagrados en la Constitución, una educación básica de calidad a la que todos los niños y nuestros jóvenes tengan acceso; que los servicios médicos aseguren a todas las comunidades y las familias; que la posibilidad de contar con una vivienda digna sea efectiva.

Estoy a favor de una reforma social fincada ante todo en los valores de la democracia ¿Qué significa esto? Significa que tenemos que respetar, promover, alentar la participación de todas nuestras comunidades, y que sean precisamente las comunidades, a través de la participación democrática, las que asuman las decisiones y las que asuman las formas de organización que mejor se adapten a cada una de las regiones.

Sólo así es como combatiremos el burocratismo, la ineficiencia, el autoritarismo, el centralismo y la indiferencia. Será una reforma social que garantice las libertades y que reconozca, ante todo, la diversidad cultural y la pluralidad de intereses de nuestras comunidades.

Amigas y amigos:

La tarea social, la política social ha dejado de ser un asunto que sólo corresponde al gobierno resolver. No podemos desaprovechar las enormes capacidades de los individuos, de las familias y de las comunidades; de las organizaciones no gubernamentales, de los empresarios, de las asociaciones civiles tanto de servicio, como aquellas diversas instituciones que representan a nuestra sociedad. Tampoco debemos derrochar el esfuerzo de las generaciones pasadas.

En la atención a los problemas de nuestra gente no podemos admitir esfuerzos aislados, no podemos admitir esfuerzos dispersos, porque la contribución de cada uno debe formar parte de un solo objetivo y de un solo camino. Pero combatir la pobreza también nos obliga a voltear la mirada hacia nuestras regiones, a nuestras comunidades, conocer los problemas mediante el diálogo y la participación democrática de quienes hacen posible la vida comunitaria cotidianamente.

Vincularnos al esfuerzo de mujeres y hombres, pero ahí donde ellos y ellas engrandecen a la patria; estimular sus iniciativas. Para combatir la pobreza, entonces necesitamos también concentrar todos nuestros esfuerzos en el desarrollo de nuestras regiones, es así como lograremos una respuesta a cada propuesta, una solución que sea la más adecuada para aprovechar las potencialidades de cada una de las localidades de México.

Debemos de venir a las regiones, como la Huasteca, pero con nuevos instrumentos, con nuevas fórmulas de concertación, con una nueva actitud; promover un nuevo federalismo.

Hay que devolverle a los Estados y Municipios su capacidad política, pero también su capacidad financiera, así es como ellos podrán resolver mejor los problemas de sus comunidades. Es a partir de este compromiso que vamos a convocar a lo largo y a lo ancho de nuestro país a todos los sectores sociales a participar en las tareas propias del desarrollo nacional: mejores caminos, más electrificación, más agua potable, más conservación o mejor conservación de nuestros recursos naturales; mayor inversión en el campo; promoción de las expresiones culturales propias de cada rincón de nuestra patria, proyectos productivos; más empleos para los huastecos, más empleos para los hidalguenses, más empleos para los mexicanos.

Con una profunda reforma social y una nueva etapa de desarrollo de nuestras regiones, juntos vamos a hacer del campo mexicano una tierra de oportunidades, de mayor justicia. El campo de México, nuestros campesinos, merecen una atención prioritaria; el campo de México y las actividades de nuestros campesinos deben tener el apoyo de mayores inversiones, de grandes esfuerzos productivos. Los campesinos de México así lo exigen, no podemos esperar ya más.

Vamos a responder a sus reclamos.

Vamos también a integrar a las comunidades indígenas al desarrollo del país, respetando siempre su cultura y sus tradiciones. Es así como debemos proponernos responder a la deuda histórica de justicia que tenemos con los indígenas de nuestra patria.

La grandeza de México radica en la grandeza de sus regiones, como la Huasteca: en la fuerza de sus Municipios, como el de Huejutla. Desde el corazón de nuestras comunidades surge la gran cohesión de nuestra sociedad y el gran impulso para el desarrollo de México.

Aquí en Huejutla, lo reitero: mi propuesta es la de progreso para los que menos tienen. Aquí en Huejutla lo reitero: mi propuesta es la de certidumbre, es la de seguridad. Certidumbre y seguridad para los que menos tienen: para los individuos, para las comunidades, para la nación.

Certidumbre significa reglas claras, significa acuerdos precisos, respetando la ley: certidumbre - ante todo - es la estabilidad y la paz social.

Este nuevo encuentro con ustedes, amigas y amigos huastecos, me anima, me alienta y entusiasma. Aquí está el priísmo del que me enorgullezco. Con ustedes he compartido otras jornadas.

En el camino de Tampico a Huejutla, venía recordando cómo en noviembre de 1990, como Presidente del PRI, tomé la protesta - aquí en Huejutla, precisamente - a los entonces candidatos a las Presidencias Municipales del Estado de Hidalgo.

Aquí veo caras conocidas, aquí se encuentra el ánimo renovado, el ánimo que va en busca de la participación. Por eso, para mí tiene un especial significado visitarlos, ahora como Candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Juntos amigas y amigos huastecos, participaremos en esta contienda democrática. Habremos juntos también de enfrentar nuevos retos. Nuestra campaña estará a la altura de los anhelos y de las esperanzas de los mexicanos.

Saldremos victoriosos. Sé que en cada uno de ustedes, amigas y amigos huastecos, encuentro a mujeres y hombres dispuestos a comprometerse.

Sé que ustedes tienen una gran cultura comunitaria y que ella es precisamente la que les da fortaleza para superar los retos.

He querido venir aquí, a estas tierras, para tomar el ejemplo de sus hombres y sus mujeres de distintas generaciones; a inspirarme en la tenacidad, en el esfuerzo, en la perseverancia de su gente y en la decisión de todos y cada uno de ustedes para sumarse por esta gran causa, que es la cultura de México. Tenemos carácter y temple para asumir el futuro. Renovemos nuestra confianza. Somos un gran país. Sumemos nuestros esfuerzos para que gane México.

¡Qué viva Huejutla!
¡Qué viva Hidalgo!
¡Qué viva la Huasteca!
¡Qué viva el PRI!
¡Qué viva México!