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Siglo XX > 1990-1999 > 1992

Discurso de Luis Donaldo Colosio. Ponencia ante el "II Foro México Joven" organizado por el Grupo Desarrollo Joven A.C. de la Universidad Iberoamericana.
Septiembre 28, 1992

Secretario de Desarrollo Social

México, D.F., septiembre 28 de 1992.

"La política social parte de una concepción del ciudadano inserto en su relación con la comunidad a la que pertenece y con la autoridad más cercana, con el ámbito de gobierno que le corresponde; es decir, de manera más cercana, el municipio. Por eso la política social se hace concreta en el municipio; es el espacio territorial donde cada uno de nosotros desempeñamos nuestras actividades cotidianas".

Amigas y amigos;
Señoras y señores:

En primer lugar permítanme saludar y felicitar a los organizadores de este evento, a Pablo Castillón, presidente del Grupo Desarrollo Joven, a Alfredo Esparza, a Ricardo Carbajal, en general a todos los miembros del comité organizador; y saludar afectuosamente a todos los que hoy aquí se han dado cita.

Para iniciar, quiero decir que la organización de este II Foro permite reflexionar sobre temas actuales, que son no solamente de interés para la sociedad y el gobierno en nuestro país; qué duda cabe, los temas que aquí se habrán de abordar son del mayor interés para sociedades y gobiernos en el mundo.

Por eso quiero expresar nuevamente mi entusiasmo por esta iniciativa que es ejemplo de jóvenes para los jóvenes, porque los organizadores y asistentes a este Foro ven hacia el futuro con responsabilidad y se ocupan de manera responsable en lo que a mi juicio es parte medular de la agenda de la sociedad mexicana.

El Foro se realiza en momentos por demás importantes para la vida nacional; México es un país plural; la circulación de las ideas es cada vez más abierta y en lo concerniente a las diferentes posiciones ante la diversidad de retos y de oportunidades, se encuentran amplios caminos para ser tomadas en cuenta y, sobre todo, para ser tomadas en consideración en las decisiones públicas.

Lo que quiero decirles es que este Foro encaja perfectamente bien en un momento en que la economía, la sociedad, la reforma política, no son ya asuntos exclusivos de especialistas y en un momento en que al mismo tiempo -valga la redundancia-, las grandes propuestas tienen que ver de manera creciente con la sensibilidad y los intereses de cada ciudadano, en cada comunidad en donde éste desarrolla su vida cotidiana.

Para mí es un alto honor asistir a este Foro con la representación del Presidente de los mexicanos, licenciado Carlos Salinas de Gortari, y reitero que la realización de este Foro hace posible la magnífica oportunidad de dialogar con ustedes, jóvenes preocupados, pero sobre todo interesados y decididos en participar en las tareas para alcanzar un mejor desarrollo y un mejor futuro.

Quién más que los jóvenes que hoy se preparan deben tener presente el cometido social de su capacitación profesional.

A mi juicio, la mera acumulación de conocimientos, sin una orientación que permita su empleo en el beneficio colectivo, en el beneficio a la comunidad a la que pertenecemos, a través de las diferentes esferas de actividad, nos llevaría - recordando a Justo Sierra -, a construir torres de marfil.

Debemos traducir los conocimientos y los ideales en fuerzas, en acciones, en decisiones y realizaciones. Por eso es que con la realización de este Foro ustedes están marcando camino y demostrando su voluntad y decisión ahora, de ser factor en cambio.

Amigas y amigos:

Le decía a Pablo Castillón hace un momento que cuando inicié la preparación de mi ponencia procedí a revisar con mucho detenimiento el temario y pude constatar que existe entre todos ustedes un espíritu de gran apertura e interés por tratar los distintos temas, desde diferentes perspectivas, tal y como lo exige la actual sociedad mexicana.

Yo diría que ninguna visión por sí sola agota la totalidad de un problema; hoy, más que nunca, tenemos que caminar, transitar sobre el terreno de grandes acuerdos y también de discrepancias.

Entre los participantes de este Foro hoy y en las sesiones subsecuentes, se encuentran distinguidos funcionarios públicos, pero también académicos, críticos, empresarios, diplomáticos, comunicadores, expertos financieros, legisladores, investigadores y este concierto de pluralidad de posiciones y perfiles profesionales, sin duda alguna, habrá de redituar en ricas aportaciones.

Por eso es que estoy muy complacido de encontrarme aquí, de compartir con ustedes algunos aspectos, ideas, reflexiones sobre el tema que me han encomendado y que me parece de la mayor importancia y trascendencia: "El Desarrollo Social como Elemento de Democracia".

El tema que me ha sido encomendado a desarrollar ante ustedes es ya de por sí una tesis con la cual estoy completamente de acuerdo y sin duda alguna, todos los asistentes a este Foro estaremos de acuerdo porque, en efecto, el desarrollo social es elemento fundamental en el avance democrático; la democracia necesita de bases materiales de sustentación.

Pero no solamente el desarrollo social como elemento de la democracia es una tesis, sino que en nuestro país es definitivamente una convicción consagrada por nuestra historia.

No me quisiera extender, pero recordemos los "Sentimientos de la Nación" de Morelos, por ejemplo, donde se formulaba la aspiración a la justicia, como fundamento de la legitimidad del Estado moderno, junto con la democracia política.

La Constitución de 1857 vinculó libertades y justicia y el Constituyente de 1917 no dejó lugar a dudas al concebir a la democracia como régimen político, pero también como una forma de vida.

Entonces, la tradición de nuestro pensamiento político ha subrayado permanentemente que la soberanía nacional se asienta sobre la justicia social, en el marco del Estado de Derecho, las libertades y la democracia.

Como todos ustedes saben, la democracia tiene que ver con un arreglo político entre todos los ciudadanos, con la construcción de ese arreglo político; es la forma - se dice y se dice bien -, de la política civilizada, la que se somete a las reglas de la mayoría, pero sin eliminar ni reprimir a la minoría; es en el pensamiento de los clásicos siempre vigente, la superación del Estado de barbarie.

La democracia, como es también del conocimiento de ustedes, es la base del contrato social y no es casual que en este México nuestro de los últimos años una de las motivaciones más importantes haya sido precisamente la de una democracia en sus reglas, en su normatividad, pero también una democracia capaz de expresarse en mayor justicia social.

Y a ello obedece el proceso de reformas electorales que desde varios años se encuentra en intensa revisión, para dar forma constructiva a la nueva pluralidad política del México contemporáneo, pero también a ello obedece la gran experiencia institucional de la sociedad mexicana, en materia de programas de política social.

El Estado mexicano, por su propia naturaleza ha desempeñado un papel fundamental, activo, en el bienestar de los ciudadanos, hemos tenido que reconocer que fórmulas exitosas en otros tiempos, hoy ya no son aplicables, en materia de instrumentación de la política social.

Hoy, los supuestos del Estado asistencial, del Estado paternalista, están totalmente superados, rebasados; entonces, ante el desafío de los noventa, los retos del próximo siglo, ¿qué programas de reformas ha ofrecido el Presidente de los mexicanos?

Ustedes coincidirán conmigo que la mayoría de los mexicanos y la opinión pública internacional reconoce que el Presidente Salinas de Gortari está aplicando las reformas que México ha necesitado.

No puedo ocuparme en esta sesión de las diferentes manifestaciones de los problemas del país, ustedes habrán de analizarlos a profundidad en éste y los próximos días, pero creo que estaremos de acuerdo que en la década de los ochenta se puso de manifiesto el agotamiento de una estrategia económica, de un tipo de Estado y de la forma de relacionarse sociedad y gobierno.

Nuestras dificultades de los ochenta significaron el límite de muchos de nuestros métodos de trabajo y consecuentemente el reclamo a la innovación, al cambio, a la transformación.

Entonces, ¿cómo responder a la demanda que plantea la incorporación de jóvenes, por ejemplo, al mercado de trabajo?.

Esto es algo que está en el interés de todas las políticas públicas, al mismo tiempo que se reabsorbe el desarrollo crónico.

¿O cómo responder, por ejemplo, a las demandas y necesidades de una gran sociedad de expansión demográfica, que actualmente crece a un ritmo cercano al 2.1 por ciento anual, lo que supone la duplicación en aproximadamente 30 años?

¿Cómo sumar a todos en el esfuerzo colectivo, sin exclusiones, sin marginaciones, fortaleciendo nuestra cultura, nuestra identidad, con todas sus ricas expresiones regionales?

¿Cómo superar, en momentos de competencia, de apertura, los problemas de pobreza y, sobre todo, cómo superar los problemas de pobreza extrema? ¿Qué arreglo político requeríamos para todo esto?

Y las respuestas, amigas y amigos, habrían de surgir de un Estado reformado pero fuerte; ¿Por qué el Estado? Veamos las experiencias a la luz de lo que ha sucedido en los países del Este; vemos que se requiere de una instancia consistente y eficaz para la conducción del cambio.

A los mexicanos nos ha costado mucho trabajo construir un Estado, por eso no lo íbamos a echar por la borda, sino a reformarlo para que cumpliera mejor su función en los nuevos tiempos y nos permitiera conducir con éxito los cambios.

¿Que era necesario cambiar? Era evidente, pero ¿cómo hacerlo, qué cambiar y con qué intensidad? ¿Cómo hacerlo sin disgregarnos, sin perdernos en el proceso, sin perder el rumbo?

Hay que reconocer que a casi 4 años de distancia, la reforma del Estado ha creado las bases y las condiciones de tres grandes reformas: la de la economía, la de la sociedad y la política.

Estos tres ejes del cambio se refieren a ámbitos específicos, pero al mismo tiempo son complementarios, son convergentes; en el centro de toda decisión pública o privada está el hombre, su entorno, su comunidad y su familia, la elevación de su bienestar.

Por eso el Estado se reformó, primero para ser más eficiente en el cumplimiento de sus fines, para conducir el cambio y que éste no nos fuera impuesto desde fuera; para propiciar una nueva relación con la sociedad; para alentar la iniciativa social, la participación local, de las comunidades; y también el Estado se reformó para contribuir de manera eficaz, eficiente, a la recuperación del crecimiento con nuevas bases.

Así, la. reforma de la economía provee hoy de nuevas bases productivas para alcanzar un mejor desarrollo social, ya que éste debe tener como finalidad ser a la vez factor decisivo en la competitividad del país.

Quisiera dejar ante ustedes una tesis fundamental que nos alienta: desarrollo económico y desarrollo social son inseparables; la creación de la riqueza es condición de bienestar social y el desarrollo social es a su vez un supuesto necesario para una economía y un crecimiento sustentable.

Sobre la base de una economía sana, competitiva, el desarrollo social que promueve el gobierno de la República tiene varias características.

En primer lugar, déjenme decirles, la columna vertebral de la nueva política social en México es el Programa Nacional de Solidaridad y éste, así como la política social que impulsa el Presidente Salinas de Gortari en nuestro país, tiene varias características y déjenme referirme tan sólo a algunas, para que entendamos cómo trabaja Solidaridad, cómo está presente en el ánimo de la sociedad mexicana.

En primer lugar, quiero decirles enfáticamente que Solidaridad y la política social en México es responsable.

Pero, ¿por qué digo esto? Porque no se fundamenta ni ha de fundamentarse en endeudamiento ni en gasto inflacionario, ni es déficit presupuestal.

Por el contrario, en los últimos años, el crecimiento del gasto social en nuestro país se ha incrementado en términos reales, en un monto aproximado al 60 por ciento, y han sido precisamente los años en que México se ha desendeudado, que no ha incurrido absolutamente en gasto inflacionario, sino que por el contrario las tasas de inflación que estamos experimentando, las tasas del crecimiento de los precios a la baja que estamos viviendo, no los vivíamos desde hace más de 20 años.

Y por otro lado, en 1992 las finanzas públicas habrán de mostrar, por primera vez en la historia económica moderna de nuestro país, un superávit cercano al 1 por ciento de nuestro producto interno bruto.

De tal suerte que la política social es responsable porque ha estado sanamente financiada y porque ha incorporado también una nueva forma de gestión gubernamental que está siempre a nivel de comunidades, descentralizadamente, atenta a las demandas más sentidas de la población, pero ahí en donde éstas se gestan.

La política social y Solidaridad definitivamente tienen como característica la participación. Si ustedes me dijeran en qué se diferencía Solidaridad de otros programas sociales en el pasado, además de ser un programa social sanamente financiado, diría que es altamente participativo, porque se apoya precisamente en el esfuerzo de los beneficiarios al convocarlos con sus iniciativas, con la iniciativa de los ciudadanos, de la comunidad, a hacer de la participación el instrumento fundamental para la solución de los problemas.

Y eso es lo que los mexicanos hoy quieren; no quieren que desde el centro de la República y mucho menos desde atrás de un escritorio, se les solucionen todos sus problemas, sino que quieren ellos mismos participar.

Pero Solidaridad también tiene como característica que es una política social integral, porque abarca todas las regiones, está presente en prácticamente todos los municipios del país y además porque ha creado las condiciones de bienestar social productivo en la familia y en la comunidad, a través del desarrollo integral, con un desarrollo urbano más armónico y ahora, en su segunda etapa, tendiendo a generar empleos productivos.

Pero Solidaridad es promotor de libertades, porque alienta y facilita la existencia de bases materiales para una democracia asentada en el pluralismo, como la vivimos en México, con respeto al disenso y a las divergencias.

Es promotora de libertades porque tiene como fundamento el mantener los altos fines del Estado reformado, para fortalecer soberanía en momentos de cambio y de transformación, de apertura y de amplia competitividad, pero también ayuda y apoya a los altos fines del Estado reformado, para elevar la justicia, ampliar la democracia y las libertades; esto es, preservar y profundizar el liberalismo social.

Por otra parte, quisiera decir que otra de las características de Solidaridad es que promueve un desarrollo social sustentable y esto es algo muy importante para las generaciones presentes y futuras, porque queremos asegurar la calidad de vida, queremos elevar productivamente el nivel de vida de los mexicanos, pero a la vez preservar nuestros recursos naturales y la calidad de nuestro medio ambiente.

De ahí que la política social instrumentada por el Gobierno de la República, dirigida por el Presidente Salinas de Gortari, permite abatir la depredación y la destrucción que se efectúa entre los que menos tienen por carecer de alternativas y Solidaridad, precisamente, está presente en estas comunidades para la creación de alternativas diferentes a las de talar un bosque, o por ejemplo, el caso lamentable de las tortugas en Oaxaca.

Se están creando alternativas que de otra manera estaban orillando a mexicanos muy necesitados a depredar recursos naturales, que no solamente son valiosos para las generaciones presentes, sino también para las generaciones futuras.

Pero también quiero decirles que con estos principios rectores que orientan nuestro desarrollo social estamos cumpliendo con hechos y realidades, en torno a acciones que nos hemos propuesto; son estos criterios a partir de las cuales el Estado trabaja y concreta sus esfuerzos para los mexicanos.

Ahora, ¿qué conclusión podemos obtener de esta imbricación entre reforma del Estado, que ha sentado las bases para la reforma de la economía, la social y la política?

Diría que este desarrollo social, precisamente del que les he hablado, contribuye a ampliar y a perfeccionar nuestra vida democrática, porque el mismo ciudadano que eleva productivamente su bienestar es el ciudadano que asume plenamente sus libertades políticas para constituir gobiernos.

No olvidemos, jóvenes amigos, que una sociedad hundida en la pobreza enfrenta el riesgo de la manipulación, enfrenta el riesgo de los mesianismos y el trato clientelar. En cambio, una sociedad con expectativas, con esperanzas, es una sociedad abierta a más amplias libertades.

Por eso es que el liberalismo social que el Presidente Salinas de Gortari propone a los mexicanos orienta el actual proceso de reformas que vive México; en cuanto a la política social - lo dije anteriormente- se trata de una reforma en la libertad, así podríamos definirla; una libertad que no sólo es la garantía de los derechos y prerrogativas que nuestra Constitución otorga a cada ciudadano, sino una libertad que se expresa también en la generación de alternativas para el desarrollo de las capacidades de cada individuo en nuestra patria.

El individuo a la hora de elegir es libre, pero no sólo se trata de elegir entre opciones electorales, sino también se trata de elegir entre distintas vías para su desarrollo.

Un ejemplo de lo que digo es la reforma al Artículo 27 Constitucional, que ofrece ahora al campesino la alternativa de conservar su ejido, de fraccionarlo o de asociarse con inversionistas; ésta reforma es, qué duda cabe, fuente de una más amplia libertad para el productor del campo; éste es el espíritu de la reforma social.

La política social parte de una concepción del ciudadano inserto en su relación con la comunidad a la que pertenece y con la autoridad más cercana, con el ámbito de gobierno que le corresponde; es decir, de manera más cercana, el municipio.

Por eso la política social se hace concreta en el municipio; es el espacio territorial donde cada uno de nosotros desempeñamos nuestras actividades cotidianas.

Yo diría que los propósitos que nos hemos fijado de un desarrollo ordenado, de servicios públicos eficientes, de nuevas políticas de vivienda y de desarrollo regional, no se logran si no pasan de manera eficaz por el municipio.

Quisiera insistir en que una política de desarrollo como la que estamos poniendo los mexicanos en práctica, tiene éxito solamente si se lleva a cabo con la voluntad deliberada con que se está llevando a cabo, por un lado, por el gobierno de la República, y por otro por la sociedad misma; porque si sólo las fuerzas del mercado decidieran, muchos municipios y comunidades no prosperarían.

Por eso es que me da mucho gusto compartir con ustedes y decirles que a través de Solidaridad hemos superado la visión centralista del desarrollo social; por el corazón de los municipios está pasando el bienestar y el progreso; lo reitero sobre una más firme base para el desarrollo social y una más amplia democracia.

Por ultimo, ¿cómo se orienta el gasto social?, ¿Cómo se orienta el gasto en Solidaridad?

Quisiera decirles que existen 3 criterios de la mayor importancia: el primer criterio de orientación del gasto en su disponibilidad, sin recurrir - como decía anteriormente -, a endeudamientos o recursos inflacionarios; es, como lo dije, la primera condición de una política social responsable, sin populismos ni paternalismos.

El segundo criterio lo marcan las prioridades regionales, los niveles de marginación y de rezago; el gasto social no sólo ha de ser financieramente sano o viable, sino que también ha de canalizarse con eficiencia a las regiones de mayor necesidad para cumplir con el objetivo de justicia.

Y el tercer criterio consiste en la capacidad de organización de la propia comunidad y en la decisión de participar por parte de ella y - con este requisito- la política social adquiere definitivamente un nuevo contenido, que es el de la corresponsabilidad, que supera las condiciones asistencialistas y busca que las comunidades propias asuman, ellas mismas, la superación de sus condiciones de pobreza.

Las comunidades se convierten en promotoras, en protagonistas activas de su propio bienestar y de su progreso.

Estos tres elementos determinan finalmente los esfuerzos que sostiene la política de desarrollo social, los esfuerzos en que se finca Solidaridad: recursos sanos, prioridades en las regiones y decisión de participar en las propias comunidades.

Se ha consolidado - así podría decir y me atrevo a aseverar -, la cultura del esfuerzo, de la aportación, de la contribución al trabajo comunitario, es decir, la cultura de Solidaridad.

A manera de conclusión, amigas y amigos, jóvenes, señoras y señores, quiero decirles que en la política social que estamos llevando a cabo nos encontramos ante un horizonte promisorio; los invito a participar activamente, a sumarse a los esfuerzos solidarios de la sociedad mexicana.

Hemos avanzado mucho, pero aún no hemos terminado la reforma del Estado - como lo mencioné -, habrá de avanzar hacia el municipio y desde ahí habrán de ir juntos las libertades y el bienestar, la democracia y la justicia; y desde ahí habremos, juntos, de seguir engrandeciendo a México.

Muchas gracias.