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Siglo XX > 1990-1999 > 1992

Discurso de Luis Donaldo Colosio. Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
Junio 9, 1992

Secretario de Desarrollo Social

Río de Janeiro, 9 de junio de 1992.

"La lucha por un desarrollo compartido y la lucha por establecer el equilibrio ecológico no son, ni pueden ser, excluyentes. Sólo un desarrollo equitativo es garantía de un uso racional de los recursos que la tierra, la única que tenemos, nos ofrece a las generaciones de hoy y a las que habrán de venir".

"La construcción de un nuevo modelo de desarrollo -sostenido y sustentable- reclama esquemas que sepan trascender la geografía de la culpa y las éticas de doble medida".

Presidente de la Conferencia;
Señores Delegados;
Señoras y señores de los Organismos no Gubernamentales;
Señoras y señores:

Cerca ya de su primer medio siglo, la Organización de las Naciones Unidas nos convoca a una nueva conferencia, que tiene como la celebrada en San Francisco, un señalado sentido fundacional.

Hoy nos reunimos para enfrentar en conjunto, las amenazas de la degradación ecológica del planeta. Nuestro continente entra en la quinta centuria de un proceso en el que la naturaleza se ha visto sistemáticamente explotada a fin de satisfacer necesidades y ambiciones que van más allá de las experimentadas por sus pobladores originales.

Como aquí se ha expuesto, el escenario ecológico mundial se ha modificado sustancialmente. Hoy advertimos que la explotación y depredación de los recursos naturales que han hecho posible, en buena medida, el progreso y el aumento del bienestar, no pueden mantenerse como base de un proyecto global que aspire a mejorar las condiciones de vida de toda la humanidad.

Seguir por ese camino significaría poner en riesgo la seguridad del planeta. Por ello, nuestra generación debe impulsar cambios pertinentes y aplicar medidas eficaces, antes de enfrentar una catástrofe ambiental, cuya amplitud y consecuencias serían impredecibles.

Los gobiernos y los ciudadanos del mundo debemos reconocer que en nuestros afanes de desarrollo, hemos alterado los ciclos básicos y las condiciones de vida en el planeta.

Estamos conscientes de la urgencia de modificar un patrón energético costoso y altamente contaminante, modelos urbanos desequilibrados y procesos productivos que llevan a la explotación irracional de los recursos naturales.

Se trata, ahora, de aprovechar las mejores tecnologías disponibles y generar las que las circunstancias exigen para lograr la racionalidad ecológica y nuevas posibilidades de prosperidad mediante el acceso a un desarrollo sustentable.

Estamos obligados a encontrar formas de sobrevivencia, que finquen una mejor perspectiva del futuro y otorguen garantías plenas a las generaciones venideras.

Aún no hemos logrado proporcionar a toda la humanidad las ventajas de los últimos avances de la ciencia y la tecnología, ni hemos podido controlar las concentraciones excesivas de la población, ni consolidar en todos los rincones de la tierra los valores de libertad y justicia que animan la democracia, cuando pese a estas limitaciones hemos de emprender una cruzada por la defensa del planeta.

La lucha por el desarrollo compartido y la lucha por restablecer el equilibrio ecológico no son, ni pueden ser, excluyentes. Sólo un desarrollo equitativo es garantía de un uso racional de los recursos que la tierra, la única que tenemos, nos ofrece a las generaciones de hoy y a las que habrán de venir.

La construcción de un nuevo modelo de desarrollo - sostenido y sustentable - reclama esquemas que sepan trascender la geografía de la culpa y las éticas de doble medida.

México está cambiando el modelo cerrado de crecimiento para abrirse a la nueva configuración regional y mundial de la economía. Estamos conscientes de que no puede prosperar un combate ambiental que se desentiende del rezago social.

Pero estamos también conscientes que elevar productivamente el bienestar de los mexicanos, no puede ser ya más a costa de la degradación de los suelos, agotamiento de acuíferos y destrucción de los ecosistemas.

Hacerlo así, significaría poner en riesgo el desarrollo y las perspectivas de bienestar de las generaciones futuras.

Por ello, los mexicanos - con el liderazgo del Presidente Salinas de Gortari - hemos iniciado una nueva ruta por el desarrollo sustentable:

1. Contamos con una legislación ambiental comprensiva y moderna que lleva la acción ecológica al nivel básico de la organización social misma.

Pero no basta a los mexicanos el contar con normas avanzadas, es imperativo contar también con instituciones fuertes que velen por su observancia.

Al efecto, en México, recientemente se ha creado la Procuraduría Federal para la Defensa del Medio Ambiente, órgano que con la insustituible participación de la sociedad, habrá de cumplir las funciones de Ombudsman ecológico.

Asimismo, con el propósito de mantener al día los estándares, la información tecnológica y la profesionalización de los servidores públicos, se ha creado el Instituto Nacional de Ecología, autoridad federal responsable de que los procesos de urbanización y desarrollo no comprometan la integridad de nuestro patrimonio ambiental.

Procuraduría e Instituto vienen a fortalecer el compromiso del gobierno de México con el desarrollo sustentable.

2. El Programa Integral Ambiental Fronterizo recientemente suscrito entre los gobiernos de México y Estados Unidos, constituye un ejemplo novedoso de cooperación internacional en el saneamiento ambiental. El Programa es singular por tratarse de la única frontera en el continente entre dos economías con distinto nivel de desarrollo.

Lo es también, porque a lo largo de esta frontera, en 14 ciudades gemelas, se encuentran asentados más de 9 millones de habitantes.

Los recursos financieros para este programa ascienden a mil millones de dólares entre 1992 y 1994.

3. La ciudad de México, una de las más pobladas del mundo, registra avances considerables en el saneamiento atmosférico:

a) Los niveles de plomo en el aire se encuentran ya por debajo de los niveles de tolerancia establecidos internacionalmente; para lograr esto, fue necesario reducir 350 veces el contenido de plomo en la gasolina.

b) Para reducir en 37% las emisiones contaminantes del aire, se han comprometido 4,600 millones de dólares entre 1991 y 1994.

c) Las termoeléctricas situadas en el valle de México, han sustituido el combustóleo por gas natural, reduciendo así la emisión de bióxido de azufre.

4. En México contamos con 68 áreas naturales protegidas con un total de 5.7 millones de hectáreas que constituyen cerca del 3% del territorio nacional.

El pasado 5 de junio, el presidente Salinas ordenó ampliar la reserva de Montes Azules en la selva Lacandona en 80,000 hectáreas y establecer la reserva de Pantanos de Centla en Tabasco.

5. En la misma fecha, 5 de junio, y como un ejemplo de compatibilidad entre la lucha contra la pobreza, desarrollo económico y protección de recursos, se puso en marcha el programa de Ecología Productiva en el famoso santuario de la mariposa Monarca.

6. Finalmente, como parte de la preocupación por la preservación de la diversidad biológica y la conservación de los recursos marinos, México convocó la celebración de una conferencia sobre pesca responsable de la que emanó la "Declaración de Cancún".

Cumpliendo el mandato que en ella se nos confirió, hoy exhortamos a todos los países a promover la conservación y la utilización sustentable de los recursos marinos, así como a iniciar negociaciones tendientes a establecer un Código Internacional de Pesca Responsable.

Finalmente, como muestra fehaciente del compromiso de México con la preservación de la biodiversidad, se creó la Comisión para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad en México, encabezada por el propio Presidente Salinas de Gortari.

No obstante estos avances, reconocemos que aún tenemos múltiples problemas por resolver, contaminación atmosférica en zonas urbanas, limpieza de las principales cunas hidrológicas y reforestación, son parte de nuestra agenda inmediata. Para superar estos retos confiamos en la participación responsable y organizada de la sociedad.

Nuestra decisión es clara, ya no queremos un crecimiento depredador y contaminante que merme la calidad de vida de nuestra población y ponga en riesgo nuestro patrimonio ecológico y cultural.

Queremos alcanzar una mayor eficacia económica para satisfacer necesidades internas y competir con éxito en la compleja y dinámica realidad mundial, pero queremos lograrlo con respeto a la naturaleza, a nosotros mismos, a los demás y promoviendo las oportunidades que deseamos heredar a nuestros hijos.

Hemos buscado combinar las mejores experiencias técnicas con nuestros propios diagnósticos, con los instrumentos económicos y legales, fórmulas de concertación social y nuevos enfoques de comunicación ciudadana, todo para realizar mejores acciones en el terreno de la política social.

Todos los países debemos de trabajar juntos y lograr acuerdos para conservar nuestra biodiversidad, preservar nuestros bosques, mares y especies animales, controlar el gasto excesivo de energía y los elevados índices de contaminación ambiental, eliminar el hambre y la pobreza, estabilizar el crecimiento de la población mundial, y desarrollar y poner al alcance de todos las tecnologías indispensables para el desarrollo sustentable y la protección del medio ambiente.

Nuestras esperanzas y los anhelos de los pueblos en el mundo miran hacia la "Cumbre de la Tierra". Hoy tenemos la oportunidad de traducir la nueva conciencia ecológica en acciones concretas que inicien la recuperación del bienestar y el desarrollo en comunión con la naturaleza.

La "Cumbre de la Tierra" es un paso muy importante en este sentido, pero el camino es largo y debemos recorrerlo para salir airosos frente a los grandes retos que nos presenta el fin de siglo.

Quienes nos precedieron nos legaron un patrimonio que no debemos negar a quienes nos sigan en el próximo milenio.