Señores integrantes de la
comisión Dictaminadora
de Estatutos de la Asamblea Nacional:
Dirigentes del Comité Ejecutivo Nacional:
Compañeras y compañeros priístas:
Hoy damos por cumplido uno de los
mandatos de la XIV Asamblea Nacional. La visión de nuestra
militancia sobre los cambios que debíamos llevar a cabo,
la actualización de nuestros compromisos, las viejas demandas
insatisfechas y los nuevos reclamos del priísmo nacional,
se encuentran plasmados ya en nuestros Documentos Básicos.
Tenían razón quienes
creyeron en la capacidad de cambio de nuestro Partido, quienes
canalizaron sus inconformidades traduciéndolas en propuestas
y quienes estuvieron dispuestos a debatirlas en las tribunas de
discusión y análisis.
Tuvieron razón quienes buscaron
convencer adentro, en vez de buscar adeptos fuera del Partido.
Quedó demostrado el acierto de convocar al diálogo
y abrir el debate. Los priístas demostramos que somos congruentes
con nosotros mismos y con la sociedad.
Las orientaciones para celebrar
la XIV Asamblea Nacional fincaron las bases para la participación
democrática de las diferentes voces de nuestro Partido.
Agotamos la agenda para la que fuimos
convocados y dimos puntual respuesta a cada tema. Debatimos, nos
entendimos y construimos una nueva unidad política.
Los cambios aprobados están
a la altura de las exigencias actuales, los inspira nuestra conciencia
autocrítica y responden a las demandas de la sociedad y
a las exigencias de la política.
Iniciamos una reforma que abre cauces
a la potencialidad de nuestra militancia, hace más competitivo
al Partido y fortalece su capacidad para conducir el país
en esta nueva etapa.
Para definir lo que hoy hemos de
ser, recordemos lo que hemos sido.
En 1929 el Partido fue el centro
de la pacificación postrevolucionaria. Los hombres fuertes,
las posiciones rivales, las fuerzas locales, aprendieron a dirimir
pacíficamente sus divergencias y conflictos a través
de reglas compartidas, proyectos comunes, concesiones recíprocas
y consensos estratégicos.
El PNR fue, indudablemente, la aparición
primera de la política civilizatoria en el México
contemporáneo. Nuestra idea de la política como
concertación, inclusión, competitividad, respeto
a la diferencia, repudio a la violencia y al encono, se nutre
de nuestro origen.
La política como actividad
institucional, constructora de consensos y respetuosa de leyes,
está inscrita en nuestro desarrollo como Partido.
Nos es ajena una concepción
de la política como eliminación de adversarios,
como cerrazón al diálogo y al acuerdo, como ilegalidad
y arbitrariedad del fuerte.
El localismo, la heterogeneidad
social, la fragmentación de los intereses, eran los obstáculos
principales para lograr una sociedad integrada, una economía
productiva y un Estado nacional soberano.
El PRM desempeñó exitosamente
la tarea histórica de avanzar hacia estos propósitos,
al estructurar y cohesionar a los sectores económicos y
sociales estratégicos.
El Partido organizó la sociedad
y organizó la política. Expresó y ordenó
los intereses de las fuerzas sociales, canalizó sus demandas,
acotó sus conflictos, y prestó voz y defendió
sus reclamos.
El PRI de 1946 fue el centro de
desarrollo social y político del país. La magnitud
de la empresa modernizadora fue posible, en mucho, gracias al
Partido.
Nuestra presencia en las organizaciones
sociales fundamentales logró generar las condiciones indispensables
de unidad y complementariedad entre trabajo y capital, campo y
ciudad, iniciativa privada y sector público, educación
y empleo, centro y regiones, sin las cuales el proyecto industrializador
no hubiera avanzado con la decisión y rapidez con que lo
hizo.
Los inevitables sacudimientos sociales
que provoca la transición de un orden tradicional a uno
moderno pudieron ser absorbidos por la responsabilidad civil y
política de nuestras organizaciones y centrales obreras,
campesinas y populares.
La política como construcción
de las condiciones sin las cuales no es viable un proyecto de
desarrollo y bienestar de largo alcance, es también tradición
nuestra.
Construir los fundamentos políticos
sobre las cuales basar en firme el desarrollo económico
y social, ha sido nuestra empresa. La estabilidad política
del país es nuestro mérito.
En 1990, ante la magnitud de la
reforma económica y política exigida por la sociedad,
que converge en la Reforma del Estado, el Partido es de nuevo
actor fundamental de la política en México.
Su reforma contribuye al arraigo
de una democracia responsable, al fortalecimiento de una vida
pública amplia y de un régimen de partidos competitivo
y constructor de los consensos nacionales estratégicos.
Una política que respeta
la dignidad y la autonomía del individuo, la iniciativa
de las organizaciones y comunidades y que no olvida el imperativo
de finanzas públicas sanas para hacer real el compromiso
con los mexicanos que están al margen del bienestar social.
La reforma nos da nueva capacidad
para percibir las necesidades sociales, pensarlas como problemas
públicos, integrarlas ordenadamente y sentar las nuevas
bases de la política de justicia social.
Una política que respeta
la dignidad y la autonomía del individuo, la iniciativa
de las organizaciones y comunidades y que no olvida el imperativo
de finanzas públicas sanas para hacer real el compromiso
con los mexicanos que están al margen del bienestar social.
Compañeras y compañeros:
Hace dos años, atento a las
señales del cambio, el Partido hizo suyo el reto de la
democracia y se sumó, por su práctica política,
al Acuerdo para la Ampliación de Vida Democrática.
Desde entonces convocamos a una
discusión amplia sobre la modernización del Partido,
la actualización de sus principios, la renovación
de su oferta política y la redefinición de sus reglas.
El priísmo respondió.
Se abrieron cauces a los nuevos liderazgos; se experimentaron
distintas formas de participación para elegir democráticamente
a nuestros candidatos; se estableció una relación
entre órganos de gobierno, organizaciones y militantes
del Partido; recuperamos relieve en toda la geografía política
y desarrollamos un diálogo que a todos nos enriqueció.
Identificamos nuestros problemas.
Fuimos construyendo juntos una nueva cultura política.
En la reflexión colectiva, en la deliberación rigurosa,
encontramos el método que nos permitió pensar en
la política que nos exigía la sociedad actual.
Hace un año, en el Consejo
Extraordinario del 25 de noviembre, definimos los ejes que deberían
orientar el debate que nos llevaría a la XIV Asamblea Nacional.
Durante más de ocho meses
fuimos aclarando nuestras perspectivas y nuestras propuestas.
Después de un debate serio y honesto, llegamos a la Asamblea
con tesis bien fundadas, con convicciones claras y voluntades
definidas.
A la Asamblea no llegamos a improvisar,
ni a tomar decisiones precipitadas. Llegamos sabiendo lo que íbamos
a postular. La Asamblea no inició el debate, hizo converger
los consensos.
Los nuevos Documentos Básicos
que hoy damos a conocer al priísmo nacional y a la opinión
pública contienen los valores fundamentales que hemos refrendado,
la nueva oferta política que ponemos a consideración
de la sociedad y las nuevas reglas que rigen nuestra vida partidista.
Instruyo al secretario de Acción
Electoral para que, de inmediato, envíe los nuevos Documentos
Básicos al Instituto Federal Electoral y se proceda a su
registro correspondiente.
De igual forma, pido al secretario
de Información y Propaganda se encargue de la rápida
distribución de los Documentos Básicos para enviarlos
a la brevedad a todos los delegados efectivos a la Asamblea Nacional
y para su amplia difusión en los diversos medios.
Finalmente, solicito al Secretario
General tome bajo su responsabilidad la organización de
ciclos de conferencias y mesas redondas en toda la República,
tanto en los sectores como en la estructura territorial, así
como en las instituciones académicas que lo soliciten,
para que la opinión pública conozca la dimensión
de nuestra reforma.
Este acto nos llena de satisfacción
y nos estimula a seguir adelante en el proceso de cambio. En nombre
del Comité Ejecutivo Nacional agradezco a todos los que
participaron en los trabajos de integración de los acuerdos
de la Asamblea en los Documentos Básicos.
Compañeras y compañeros:
Iniciamos una etapa de nuevos compromisos.
Los principios que ratificamos, la nueva propuesta programática
y el estatuto reformado, alientan nuestra práctica política.
Nuestra reforma hemos de asumirla
en los hechos. Cada uno tiene una responsabilidad propia en ese
cometido. Todos hemos de empeñar nuestro esfuerzo.
Hemos decidido un nuevo destino
para el Partido.
Cumplamos.