Quiero, en primer término,
agradecer la presencia de los compañeros presidentes de
los comités directivos estatales, de los señores
delegados, así como de todos los miembros del Comité
Ejecutivo Nacional. Quiero también agradecer y destacar
la presencia de los dirigentes de los sectores obrero, agrario
y popular, que nos acompañan en esta jornada de trabajo.
Estamos iniciando la Primera Jornada
Nacional de Planeación Política de nuestro partido;
su realización, su desarrollo, así como las conclusiones
que aquí se obtengan constituyen para el priísmo
nacional elementos de la mayor trascendencia e importancia.
El partido, a nadie escapa, tiene
ante sí importantes retos que superar. Hoy, los priístas
nos enfrentamos a la necesidad de lograr una mayor eficacia política
en todas nuestras acciones y en todos los niveles. El propósito
es que ahí donde haya una demanda política o una
inquietud social, el compromiso del Partido Revolucionario Institucional
es estar presente, pero de manera activa y decisiva.
Requerimos imprimirle una mayor
eficacia política a todas nuestras acciones. Ciertamente,
no empezamos de cero en el partido; contamos con un gran patrimonio
ideológico, con un gran patrimonio político, que
nos ha dado seis décadas de lucha social en la vida del
país.
Conocemos perfectamente nuestro
origen y tenemos certidumbre en nuestro destino; para ello contamos
con principios, con tesis, y con un programa político.
De lo que se trata ahora es de adecuar
nuestras estrategias de lucha, y nuestra organización territorial
y sectorial, para enfrentar con éxito los retos del porvenir
inmediato.
Se ha dicho, y lo deseamos reiterar,
que requerimos de nuevos procedimientos, nuevas conductas, y también
de nuevas actitudes en la lucha política y social de nuestro
partido. Es imprescindible, compañeras y compañeros,
desechar todas aquellas acciones de simulación o de improvisación.
Los tiempos actuales exigen, ante
todo, que seamos conscientes de que en la organización,
en la previsión política, en la cohesión
interna del partido reside nuestra fortaleza para enfrentar con
éxito los retos que se nos presentan. Debemos buscar más
eficacia en las tareas cotidianas y también en aquellas
de gran alcance; y tenemos que ser sumamente cuidadosos para equilibrar
los tiempos del partido.
Tenemos acciones que desarrollar
en lo inmediato, en el corto plazo. Cada Comité Directivo
Estatal, cada delegado general de nuestro partido, sabe perfectamente
bien cuáles son los retos y las tareas a desarrollar en
lo inmediato, pero nunca perdamos de vista que todas las acciones,
en todos los tiempos, tienen necesariamente que ser parte de una
misma estrategia. La formación de la estrategia nacional,
estatal y municipal, y su puesta en práctica, es lo que
nos tiene reunidos hoy aquí.
Ahora bien, quiero enfatizar la
eficacia política. Solamente podremos ser eficaces, y estar
a la altura de los tiempos que nos ha tocado vivir, si planeamos
mejor nuestro quehacer político, con coherencia y cohesión.
Estamos reunidos aquí no para dictar recetarios, que se
entienda bien, ni para formular manuales de operación.
Estamos aquí para discutir
con amplitud, autenticidad y sinceridad, los retos que nuestro
partido debe enfrentar. No se trata, por lo tanto, de imponer
sobre nuestros comités estatales estructuras rígidas,
planeadas desde el centro de la República.
No pretendemos desde un escritorio
planear, recetar, y decirle a un comité estatal cuáles
son las acciones que deberá desarrollar en los próximos
días o meses.
En esta reunión pretendemos
darle coherencia, congruencia y organización a nuestro
trabajo. Todos necesitamos estar enterados de todo. Sólo
de esa manera podremos activar plenamente la estructura social
de nuestro partido.
Es importante, por lo tanto, precisar
los elementos en que debe sustentarse la planeación política;
los elementos que nos permiten visualizar las acciones a desarrollar,
en función del contexto político actual.
Nosotros entendemos por planeación
política dos elementos fundamentales: primero, en el nivel
más amplio, la definición de los objetivos, es determinar
qué queremos lograr, cómo lo vamos lograr y en qué
tiempo; el segundo elemento es también de gran importancia,
o sea de carácter operativo, el de la organización
del trabajo en todas la áreas, dándole congruencia
para que todas se apoyen.
Debemos tener muy en claro cómo
cada órgano, cada área de nuestro partido debe discutir
en apoyo al trabajo de las demás. Sólo de esta manera
cumpliremos los objetivos generales del partido a los niveles
estatal y nacional. Quiero enfatizar que la razón de esta
reunión es también lograr, con la participación
de todos nosotros, un planeamiento que unifique y dé orden
al trabajo del priísmo nacional.
La dirigencia nacional tiene por
compromiso aportar los criterios que sirvan como punto de arranque
y de partida; eso es lo que ustedes escucharán de cada
uno de los secretarios del Comité Ejecutivo Nacional del
PRI.
Sin embargo, con esos criterios
de arranque, todos nosotros tenemos la obligación de definir
el cómo, el qué, el cuándo y hasta dónde
en cada una de las acciones estatales y municipales.
Deseo enfatizar que la responsabilidad
de este trabajo es de todos. Pero no solamente la responsabilidad
de definir el trabajo, sino también de llevarlo a cabo.
Es deber de cada delegado, y cada Presidente de Comité
Directivo Estatal, llevar a cabo la estrategia que aquí
adoptemos.
La reunión que hoy iniciamos
es, pues, de planeación política, como instrumento
fundamental para avanzar en la modernización de nuestro
partido.
Quisiera, antes de cederle la palabra
a nuestro secretario General y a cada uno de los secretarios del
Comité Nacional, hacer algunas reflexiones sobre las tareas
a realizar tanto por nuestros delegados generales como por los
presidentes de los Comités Directivos Estatales.
Para nosotros, los señores
delegados tienen la función primordial de hacer coincidir
los intereses y las estrategias de las fuerzas políticas
estatales, municipales y regionales, con la visión de conjunto
del Comité Ejecutivo Nacional, que no será otra,
no será diferente a la que aquí acordemos.
Necesariamente, su trabajo tiene
que adaptarse a las condiciones y las características de
cada Estado y cada región. Sin embargo, debemos partir
del supuesto que tenemos un partido con estructura nacional, y
no pensar que la acción debería fraccionarse en
32 porciones.
En segundo término, el delegado
general debe realizar una intensa labor en favor de la unidad
activa del priísmo local. Para ello, con la representación
del Comité Nacional en una entidad federativa puede concertar
y cohesionar el trabajo de todos los sectores y de las demás
instancias del partido.
Por supuesto, con su trabajo, con
su desempeño, con su labor, debe ganarse la autoridad política
en cada entidad federativa donde haya sido designado. Asimismo,
tiene que acudir a todas las organizaciones para obtener el apoyo
requerido por los comités estatales, y supervisar que éstos
cumplan con las tareas encomendadas.
En tercer término, nuestros
delegados deben realizar un diagnóstico sobre las fuerzas
reales de cada entidad, para tener propuestas viables que permitan
contrarrestar la manipulación de nuestros adversarios políticos.
En cuarto término, a través
de nuestros delegados generales, tenemos que profundizar la tarea
electoral, sección por sección, en todos y cada
uno de los estados de la República. Esto nos permitirá
iniciar, cuanto antes, la selección de todos aquellos priístas
que habrán de representarnos en los estados con procesos
electorales próximos a desarrollarse durante 1989.
Tras la selección de aquellos
priístas que habrán de representar al partido y
a sus candidatos, con la colaboración de las instancias
del Comité Nacional, debe iniciarse la capacitación
para que desempeñen cabalmente esta honrosa tarea ante
la casilla electoral y ante los organismos distritales, municipales
y estatales.
Nuestros delegados deben detectar
todos los frentes de lucha política o ideológica
que surjan. Nuestro partido debe ir a todos aquellos foros donde
se debatan las ideas; tenemos los mejores hombres y mujeres que
puedan polemizar con base en ideas progresistas y comprometidas
social y políticamente con las mayorías de México;
podemos afrontar con éxito a las oposiciones en el terreno
del debate ideológico.
Tienen ustedes, señores delegados,
que hacer una cuidadosa, minuciosa selección de los valores
políticos que tenemos en cada una de las entidades. Este
trabajo es considerado por nosotros de gran importancia.
Otro de los aspectos medulares a
desarrollar por nuestros delegados, es el de hacer valer en los
hechos, y en cada una de las entidades, la carrera de partido.
Tenemos que hacer un recuento objetivo de los cuadros políticos,
de todos los niveles, para impulsar su profesionalización
y dignificar la carrera de partido.
El siguiente punto es de gran importancia:
nuestros delegados deben dirigir sus esfuerzos a reagrupar las
fuerzas políticas de las entidades y de los municipios.
Que no haya militante que haya ocupado algún puesto de
elección popular, o de dirigencia, que no reciba una tarea
concreta que cumplir.
Habremos de convocar a todos los
ex dirigentes, ex diputados federales, ex diputados locales, ex
senadores, ex presidentes municipales, ex regidores, en fin a
todos aquellos cuadros valiosos que hayan ostentado una representación
popular o de dirigencia partidista, territorial o sectorial de
cualquier nivel, a participar activamente.
Pero esta convocatoria tiene que
ser sobre bases firmes, concretas; no la dejemos a nivel de discurso.
Busquemos darles tareas concretas en terrenos precisos, con metas
fijas a alcanzar, para tener en el terreno de los hechos, la posibilidad
de evaluar esta actividad que nos parece de la mayor importancia.
Algo que a nosotros nos parece también
fundamental para nuestros delegados, es acercar la voz de nuestro
partido a los funcionarios federales, estatales y municipales.
Seamos respetuosos y entendamos
que la acción del Gobierno es para todos; pero como partido
político en el poder, tengamos la firmeza, tengamos definición,
tengamos la convicción en vigilar el cumplimiento de la
tarea de Gobierno a cualquier nivel, en cada una de las entidades
federativas.
En suma, nosotros visualizamos la
delegación nacional partidista en cada una de las entidades
federativas, como de complemento, de conducción y de orientación.
La tarea es eminentemente política. Son momentos de política.
Por lo tanto, esperamos de nuestros delegados una intensa actividad
que redunde en beneficio de nuestro partido.
Ahora bien, y a reserva de que se
fijen con mayor precisión las tareas a desarrollar por
cada uno de los comités directivos estatales, yo quisiera
hacer algunas reflexiones sobre las líneas de acción
que cada presidente o cada Comité Directivo Estatal habrá
de emprender.
En primer término, tenemos
que hacer un diagnóstico profundo de la realidad social
y política de cada una de las entidades.
Es urgente que cada Comité
Directivo Estatal cuente con un análisis actualizado sobre
los procesos electorales más recientes; tenemos que saber,
sección por sección, distrito por distrito, entidad
por entidad, cuáles son las tendencias electorales, cuál
es la composición política y cuáles son las
fuerzas sociales que imperan en tal o cual forma.
Para poder prever nuestra acción,
tenemos que basarnos en la información política
que cada Comité Directivo Estatal está obligado
a conformar con profesionalismo y sentido de la oportunidad.
El segundo punto medular en la acción
de cada Comité Directivo Estatal, y esto será algo
que seguramente se trate en las conversaciones que se tengan con
las diferentes áreas del Comité Nacional, es impulsar
decididamente la democratización interna de nuestro partido.
A través de una mayor y mejor
organización partidaria, tenemos que hacer valer, necesariamente,
la voluntad mayoritaria del priísmo en la selección
de nuestros dirigentes en la estructura territorial, y en la selección
de nuestros candidatos a cargos de elección popular. Tenemos
que empezar a trabajar cuanto antes en ello, esta es una de las
más importantes tareas que cada comité estatal tiene
bajo su responsabilidad.
Otra de las tareas es la de poner
en práctica, cuanto antes, un programa permanente de comunicación
política entre cada comité estatal y los comités
municipales; para que a su vez, los comités municipales
tengan comunicación política intensa con los comités
seccionales.
La comunicación política
en estos momentos es definitiva, necesaria y conveniente. En la
medida que nuestros dirigentes, a todos los niveles, estén
enterados de las principales acciones a desarrollar, en esa medida
nuestro partido actuará congruentemente en las definiciones
y en las decisiones. Es importante también que esta comunicación
política se instituya y mantenga con nuestras organizaciones
campesinas, obreras y populares.
Otra tarea: hay una serie de asambleas
que estatutariamente nosotros debemos realizar a nivel estatal,
a nivel municipal y a nivel seccional. Pero hemos hecho de este
mandato letra muerta. Por lo tanto, compañeras y compañeros
de los comités estatales, tienen la obligación de
poner en práctica estas reuniones, a todos los niveles,
para movilizar el partido.
No queremos una presencia desinformada
de nuestros militantes en recintos específicamente arreglados
para el efecto; no queremos discursos que no tienen entre los
asistentes a estas asambleas el efecto debido o el efecto necesario.
Nosotros concebimos asambleas auténticas
de debate de participación, donde el priísmo tenga
voz y que su voz cuente y valga y que en la toma de decisiones
tenga efectos en las orientaciones políticas del priísmo.
Otro aspecto al que nosotros damos
especial importancia, y que consideramos debe desarrollarse por
los comités estatales, es el auténtico abanderamiento
de las luchas por las causas populares, tanto en los municipios
como en las entidades federativas.
Tenemos la obligación de
desarrollar un amplio programa partidista de solidaridad social;
así es como entendemos nosotros uno de los fundamentos
de nuestro partido, que es el de la democracia social.
Hemos dado instrucciones a nuestra
Secretaría de Promoción y Gestoría para que
hoy ponga a consideración de todos ustedes ideas nuevas,
ideas que tienen como finalidad el de agrupar al priísmo
de cada entidad federativa en torno a las luchas sociales prioritarias
de cada región.
El Partido Revolucionario Institucional
es el abanderado de las causas sociales; de lo contrario, careceríamos
de la razón histórica para seguir existiendo.
Para la dirigencia nacional es de
la mayor importancia y prioridad, saber que en cada Estado contamos
con un programa partidista de solidaridad social a la altura de
los reclamos populares en cada una de las entidades federativas,
en cada uno de los municipios y en cada una de las regiones.
La participación activa,
pero auténtica, de las mujeres y de los jóvenes
es responsabilidad de las dirigencias estatales. El campo de lucha
natural de las mujeres que tienen inquietudes políticas,
y que son voz para muchos de los reclamos sociales, tiene que
ser nuestro partido.
Es obligación nuestra romper
con viejos atavismos, de romper con viejas inercias, caducas,
obsoletas, que no solamente dañan a las mujeres, sino que
nos dañan a todos.
De una vez debemos entender, que
o nuestro partido aprovecha esta fuerza social que constituyen
las mujeres de nuestra nación, o estaremos cancelando una
gran oportunidad de incorporar a mexicanas valiosas, que mucha
falta nos hacen en todos los frentes del partido.
Igualmente, hagamos de nuestro partido,
el campo de lucha natural de nuestros jóvenes; tenemos
que ser innovadores; tenemos que imaginar nuevas formas que deriven
en un proyecto político para la juventud.
Daremos toda nuestra atención
en la práctica de un moderno e innovador proceso de capacitación
política de nuestros cuadros en la puesta en marcha de
programas. No podemos aspirar a cambiar y modernizarnos si el
libre flujo de las ideas no se da en el seno de nuestro propio
partido.
Para salir a la lucha ideológica,
para salir al encuentro de nuestros militantes, de nuestros simpatizantes
y de aquellos escépticos que se encuentran en el terreno
del abstencionismo, tenemos que capacitarnos más y capacitarnos
mejor; tenemos que desarrollar un programa innovador, moderno,
capaz de llegar a los más en materia de capacitación
política.
Por lo tanto, entre las tareas inmediatas
de cada uno de los comités directivos estatales, está
identificar militantes cuya capacitación redunde de inmediato
en una mayor expansión de las ideas de nuestra verdad priísta
en todos los ámbitos.
Por último, en referencia
a esta serie de actividades que nosotros vemos como de la mayor
importancia partidista para cada uno de los comités estatales,
queremos recordarles que tenemos un gran compromiso, ustedes y
nosotros, que es el de llevar a cabo el levanta- miento de un
auténtico padrón priísta.
La frase aquella que pronunciamos
de saber cuántos somos, quiénes somos y en dónde
estamos, lo menos que queremos es que se quede a nivel frase.
Requerimos un auténtico inventario de nuestros recursos
humanos en cada entidad federativa.
Lo que no queremos, y rechazaremos
categóricamente, es la simulación, la improvisación.
Ustedes, más que nadie, tienen que estar convencidos que
la identificación, ahí en donde se encuentren, de
cada uno de nuestros militantes, es de la mayor importancia.
No hay programa, por más
noble que sea, que tenga éxito si no sabemos con certeza
quiénes somos, dónde estamos y qué estamos
haciendo. Por lo tanto es responsabilidad de ustedes, conjuntamente
con nosotros, presentarle al priísmo nacional un auténtico
padrón.
Nos encontramos, pues, ante retos
que si bien son importantes, no son imposibles de salvar. Ciertamente,
nos encontramos ante un nuevo escenario nacional, una nueva composición
de las fuerzas políticas; la emergencia de algunos y la
expresión de otras.
Todo este dinamismo político
que la sociedad mexicana nos ha mostrado en los últimos
meses, nos obliga necesariamente, como partido mayoritario, como
partido que desea permanecer en el poder a realizar una profunda
reestructuración interna, cambio de actitudes, cambios
de estrategias, cambios de tácticas, con transparencia,
con honestidad, con rectitud, de cara abierta a la sociedad entera,
con firmeza y energía ante las oposiciones, y con proyecto
viable, que nos dé identificación tanto con la sociedad
política como la sociedad civil.
Este nuevo escenario requiere de
organización, requiere de disciplina, de convicción,
de una acción comprometida para fortalecer tanto la democracia
política como la democracia social; en esta lucha hay que
decirlo con orgullo, el PRI habrá de cumplir seis décadas
de auténtica lucha social.
Muchas gracias.