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Discurso de Luis Donaldo Colosio. Ante el Consejo Nacional del PRI: retos, criterios y líneas estratégicas de la reforma del partido.
Noviembre 25, 1989

Presidente del CEN del PRI

México, D.F., 25 de noviembre de 1989.
Auditorio Plutarco Elías Calles

"En nuestra decisión de cambio hay y habrá rupturas con los mitos y las fórmulas que bloquean las transformaciones, con los liderazgos sin representatividad e iniciativa, con las prácticas antidemocráticas, con las decisiones cupulares, con las formas abyectas de ascenso político, la simulación ideológica y la componenda mercantil que tuerce la voluntad".

México protagonizó una de las más grandes revoluciones de nuestro siglo: lucha de raíces liberales contra el despotismo, movilización de enormes masas campesinas por la tierra y la defensa de sus comunidades, batalla común por la libertad y la justicia.

Su sentido social y progresista habría de quedar plasmado en la Constitución Política de 1917,que recogió los ideales de democracia, justicia, libertad y soberanía.

El PNR es el primer partido en el sentido contemporáneo del término que aparece en la historia política del país. Su estructura, federación nacional de partidos locales y regionales y de corrientes de opinión política revolucionaria, respondió al momento político y social de México.

Hasta 1929, parecía que México se perdía en los caminos de conflictos interminables; los residuos de la violencia revolucionaria y la permanencia de feudos de poder eran barreras infranqueables para realizar los principios de justicia, libertad y desarrollo social.

Para lograr la unidad, paz y civilidad del país surgió el Partido Nacional Revolucionario. Su rasgo y logro más importante fue la forja de las instituciones republicanas. La regulación de los conflictos conforme al derecho y la creación de espacios de acuerdo y compromiso, que hicieran del partido el instrumento de la política revolucionaria y de la unidad nacional.

El acuerdo institucional de las fuerzas políticas creó las condiciones históricas para elevar las condiciones de vida de una sociedad con profundos desequilibrios, acosada por intereses externos y rezagada en lo material.

La entrega de tierras a los campesinos, el respaldo a los derechos de los trabajadores, las nacionalizaciones, la defensa de la soberanía y de los recursos estratégicos, fueron los resultados del nuevo pacto social.

Con el fin de acelerar, ahondar y canalizar las reformas de la Revolución, el PNR se transformó en el Partido de la Revolución Mexicana. Las organizaciones civiles y políticas de la sociedad se encuadraron en el partido, y el partido fue respaldo activo de la acción popular del Estado.

Las reformas sociales colocaron al país en el umbral de la industrialización. Ante el nuevo reto, las fuerzas del partido tuvieron la visión de consolidar las instituciones, transformándolo. El Partido Revolucionario Institucional nació para asentar las bases de la democracia mexicana y articular el consenso nacional en torno a la gran tarea del desarrollo.

Hoy los priístas iniciamos la gran jornada hacia la Décimo Cuarta Asamblea Nacional.

Llegaremos a ella después de una movilización nacional que recogerá las razones y las propuestas en los sindicatos, en las fábricas, en los ejidos, en las escuelas, en las comunidades, en los talleres, en los centros de trabajo de nuestros sectores, comités estatales y municipales, y de los seccionales surgirán las voces que definirán la transformación del partido.

Llegamos aquí, luego de un año de intensa vida partidaria; hemos enfrentado con una nueva voluntad los procesos electorales, la reestructuración democrática, la Reforma Electoral y hemos refrendado nuestra condición de partido político mayoritario de la nación.

Los protagonistas de este esfuerzo han sido los legisladores, los asambleístas, los dirigentes regionales, los dirigentes sindicales, los líderes campesinos y populares, nuestros militantes y votantes:

Lo conseguido es obra de todos:

Hoy somos un partido combativo, más abierto, más incorporado a las circunstancias políticas, más cohesionado, más involucrado socialmente. Más conciente de su responsabilidad política nacional.

Iniciamos este Consejo con el aval de tres reuniones nacionales previas con los sectores y después de cinco reuniones regionales, constatamos que existe conciencia colectiva en favor de la reforma.

Esta conciencia está animada por el mismo espíritu que presidió las grandes transformaciones históricas de nuestra Organización.

Como en 1929, 1938 y 1946, la motivación de fondo hoy es la fidelidad al significado político, social y moral de la Revolución Mexicana. La reivindicación permanente de los valores populares y nacionales de la revolución.

Nuestro partido heredó la naturaleza transformadora de la Revolución, su vocación por la justicia y su pasión por la libertad.

El PRI está indisolublemente asociado a la Revolución Mexicana, porta sus insignias democráticas y cumple su proyecto social. Todo podrá cambiar menos nuestra identidad con la Revolución Mexicana.

Para el priísmo los principios revolucionarios están vivos, en los principios ha radicado nuestra fuerza, unidad nacional, justicia y legalidad democrática, independencia y soberanía; aquellos nos permiten enfrentar los desafíos con la seguridad de que somos un partido con arraigo en la sociedad, con respaldo de nuestros compatriotas.

En nuestra decisión de cambio hay y habrá rupturas con los mitos y las fórmulas que bloquean las transformaciones, con los liderazgos sin representatividad e iniciativa, con las prácticas antidemocráticas, con las decisiones cupulares, con las formas abyectas de ascenso político, la simulación ideológica y la componenda mercantil que tuerce la voluntad.

Pero también hay y habrá continuidades con el pasado, continuidades de lealtad, unidad y cohesión en nuestras filas, con el espíritu combativo y la vocación progresista de las anteriores generaciones, con el compromiso popular irrestricto de democracia, justicia y libertad: éste es nuestro patrimonio para el cambio.

Cuántas veces hemos cambiado. Los cambios han dejado un saldo positivo para el país y para el partido, hoy estamos en el umbral de una nueva etapa. El país vive nuevas situaciones y encara nuevos retos.

Una vez más el PRI con la misma capacidad y voluntad de transformación, deberá renovarse para estar a la altura de las nuevas condiciones históricas con todas sus fuerzas, con sus sectores, con sus militantes de todo el país.

Ustedes serán los protagonistas de la nueva etapa del partido de la Revolución Mexicana.

El país ha vivido grandes transformaciones en las últimas décadas. México dejó de ser un país predominantemente agrícola y extractivo para entrar en un proceso de acelerada industrialización y un desarrollo de los servicios, actividades que ocupan ya un lugar central en la economía.

El capital y el trabajo han mejorado su capacidad productiva y se revelan como factores de modernización social.

La economía orientada a la situación de importaciones y hacia el mercado interno, cerrada y con una presencia estatal, enfrentó la crisis que hizo indispensable la apertura al exterior, trajo una reorganización de las actividades productivas y obligó a redefinir la intervención estatal; la crisis no sólo modificó las relaciones económicas sino alteró las relaciones sociales y políticas.

El entorno mundial del país también se ha transformado.

La globalización de la economía, la creciente interdependencia, la formación de bloques, la rápida distensión, los movimientos en el mundo socialista, los vientos de democracia en América Latina, han configurado una situación inédita a la que México responde con su propio proceso de transformación.

Rápidas y profundas han sido también las modificaciones en la magnitud, composición y distribución de la población mexicana.

Hoy, el 70 por ciento de la población es menor de 30 años; somos también, un país más escolarizado, más informado y comunicado con mayor acceso a servicios de salud y con mayores expectativas de vida, y a pesar del fuerte crecimiento demográfico y de las desigualdades sociales, que aún persisten, hemos alcanzado niveles más altos de bienestar que en el pasado.

El desplazamiento hacia una sociedad urbana, la mayor especialización técnica del trabajo, la creciente participación de las mujeres en las actividades económicas, las necesidades de una población activa mayoritariamente joven, la expansión y diversificación de las clases medias, la emergencia de regiones con una dinámica propia, han dado origen a una sociedad de intereses más diferenciados y, con frecuencia, contrapuestos, hoy México es una sociedad plural, compleja y diferenciada.

Una nueva cultura política se desprende de estos hechos fundamentales. La revolución urbana, a pesar de sus deformaciones; la revolución escolar, a pesar de sus carencias; la revolución económica, a pesar de sus crisis, han generado ciudadanos más críticos, más exigentes, más autónomos y más participativos; pero aún existen consensos inducidos, disidencias no expresadas y grandes espacios sociales en que predominan la indiferencia.

Los cambios han hecho variar los escenarios para la participación de los mexicanos: surgió un nuevo sindicalismo, con nuevas fuerzas y nuevas exigencias.

En el campo, han aparecido formas de organización y acción distintas, han irrumpido los movimientos sociales con demandas concretas: los intelectuales, universitarios, periodistas de opinión, han encabezado y argumentado la validez de numerosas reivindicaciones de grupos sociales.

A estos cambios sociales y políticos hay que sumar la configuración de un sistema de partidos con opciones cada día más diferenciadas, crecientemente competitivas. Inmersos en el duro aprendizaje del manejo de la pluralidad y la negociación.

El reclamo democrático, la creciente independencia de la opinión pública, la demanda de la participación en la definición y tratamiento de los problemas sociales, la irrupción de la sociedad civil y la idea ciudadana, la exigencia de honestidad en la administración pública, la democratización interna de las organizaciones sindicales y empresariales, la reivindicación de las autonomías locales y regionales han sido los formidables signos de la transformación política de la sociedad.

Las profundas y extensas transformaciones de la sociedad mexicana no podían dejar inalterada la política, las relaciones entre la sociedad y el Estado.

En las últimas décadas han aparecido irresistiblemente nuevas formas de organización civil y política, formas alternativas de representación y conciliación de intereses. Nuevas formas de presentar, argumentar y desahogar conflictos.

En sincronía con la sociedad, el Estado procede a evaluar sus patrones tradicionales de conducción política y administrativa. Las relaciones entre sus poderes y niveles de gobierno, sus relaciones con la densidad organizativa de la sociedad, planeación nacional, modernización del sector público, reforma democrática electoral, son la avanzada promisoria de una serie de modificaciones en el trato del Estado con la sociedad.

Un Estado soberano, que gobierne y legisle imparcialmente para todos los mexicanos: un Estado que exprese y realice todas las potencialidades del pueblo de México.

Un Estado no inhibido ni atemorizado por fuerza alguna. Un Estado capaz de incorporar con éxito al país en las transformaciones mundiales de nuestro tiempo.

Un Estado democrático que mantenga el Estado de derecho y asegure un gobierno de leyes firme y vigilante. Un Estado fundado en la voluntad popular, no autoritario, que, lejos de toda concepción patrimonialista, ejercite el poder como responsabilidad pública: en suma, un Estado de la libertad y de la democracia.

El PRI quiere también, un Estado justo que promueve la solidaridad: un gobierno desatento a la cuestión social no será nunca un gobierno del PRI

Las tareas de justicia social han de estar orientadas por el principio de solidaridad, este principio exige un compromiso del conjunto de la sociedad con los que menos tienen.

Un Estado redistributivo sin paternalismo autoritario y que impulse la participación de beneficiarios y su corresponsabilidad en la reforma; el Estado no ha de abandonar sus responsabilidades constitucionales estratégicas, sin por ello inhibir la autonomía y las iniciativas de individuos y de grupos.

Finalmente, queremos un Estado de calidad. Un Estado que integre armónicamente democracia, solidaridad y eficiencia en la gestión pública, que guarde una actitud crítica permanente en el ejercicio del poder, que sepa tomar decisiones y jerarquizar demandas; que concilie los intereses particulares con el interés general, ésa es la reforma del Estado que quiere el PRI: quiere un Estado para la nación, no una nación para el Estado.

Llegó también para el Partido Revolucionario Institucional el momento de su reforma. Es el tiempo y así lo han decidido los priístas.

No será una reforma burocrática ni de cúpula. Será una reforma democrática y nacional. Será democrática por la participación de todos los priístas: por la crítica y discusión abiertas y en toda libertad; por las propuestas audaces e imaginativas; por la pasión que en ella pone nuestra militancia; será una reforma nacional porque la llevará a cabo todo el partido en todo el país y porque lo haremos de cara a la nación.

Nuestra permanencia en el poder conlleva el riesgo de olvidar a la sociedad; en ocasiones, no estimulamos sus iniciativas. En los últimos años, en tiempos de crisis que exigieron grandes sacrificios a la mayoría de los mexicanos, no estuvimos a la altura de sus exigencias.

Ahora volveremos a la sociedad, no pretendemos suplantarla, no aspiramos a ser único portavoz, pero sí su mejor representante, seremos el partido de la sociedad, para eso nos reformaremos.

Queremos constituir una nueva mediación política.

La sociedad no cuestiona que el gobierno se ejerza con compromiso partidario, sino que se ejerza bien, la sociedad no pide que el PRI se enfrente al Gobierno, sino que abandone sus actitudes de partido complaciente y decorativo. Reitero, somos partido en el Gobierno no del Gobierno.

Para ser el partido de la sociedad hemos de encontrar solución a cuatro grandes retos.

Primero, el de la posición política del partido. Ante las nuevas condiciones, se ha vuelto indefinida e insegura nuestra posición en las relaciones con los gobiernos, administración, los partidos y la ciudadanía.

Como partido en el poder nos convertimos, por momentos, en voz del Gobierno; ahora la sociedad quiere conocer la posición del partido frente a sus problemas. Por eso, desde hoy, nuestro reto es convertir la voz de la sociedad en acciones de Gobierno, para ello es decisivo tener voz propia.

El segundo reto es el de la representación política. Se ha debilitado nuestra capacidad para representar con eficacia y nitidez los intereses de los trabajadores y campesinos, de los integrantes de los sectores populares y de las clases medias; de los jóvenes y de las mujeres, e incorporar sus intereses en el interés general de la nación.

El tercer reto es superar la inercia de nuestra Organización, nuestra militancia y nuestra acción política. Las necesidades mínimas que nos imponía nuestro carácter de partido en el poder y la baja competencia política nos aletargaron.

Apenas ahora comenzamos a recuperar nuestra capacidad de movilización, al hacerlo aumentan nuestros problemas de organización para integrar en las actividades partidistas a nuestra militancia, para superar el centralismo y la burocratización para la selección democrática y postulación de candidatos, para cubrir nuestras necesidades de financiamiento, para formar nuevos cuadros.

El Cuarto reto es fortalecer la imagen del partido que se ha deteriorado con el tiempo. Reconozcamos los errores y debilidades del propio partido y la obsolescencia de nuestros patrones de comunicación política. No habrán de pesar más en nuestra contra actitudes de imposición, arrogancia, manipulación y corrupción partidista.

El Primero, el criterio de la modernización: el partido se reforma para impulsar la modernización nacionalista y popular de México.

Nuestro programa para la modernización de México consiguió el voto ciudadano mayoritario y está siendo aplicado por el Gobierno de la República.

El programa requiere un esfuerzo permanente de la sociedad y del Gobierno en todos sus niveles, ésta es una razón suficiente para que el partido proceda a su propia modernización y busque por ese medio mantenerse en el poder.

La reforma exige la modernización organizativa de los sectores, la estructura territorial y la militancia ciudadana. Una forma superior de articulación entre los órganos deliberativos, consultivos y de operación del partido. Una más clara precisión en las funciones y responsabilidades de los diversos niveles deberá ser capaz de llevar a la representación nacional las aspiraciones regionales.

Exige la modernización de nuestra lucha ideológica, actualización de conocimientos, formación sólida de cuadros, diálogo y razones entre las corrientes internas, lealtad a los principios, sensibilidad ante los procesos sociales y políticos de nuestro tiempo: capacidad de autocrítica.

Exige modernización la política como acción razonadora y constructiva; como oferta que tiende puentes para el acuerdo, como ejercicio de la libertad, como diálogo permanente a partir de las diferencias, como ejercicio responsable del poder público.

Esto es la política moderna para el militante priísta: ejercicio de responsabilidad, iniciativa de la razón, compromiso ético, ciudadanía cabal, así seremos el partido de la modernidad en México.

El segundo criterio que ha de orientar la Reforma del Partido es el de la democracia: el Partido deberá ser en las nuevas condiciones políticas nacionales, la organización que garantice el Gobierno democrático de México.

El partido asume la responsabilidad de defender el estado de derecho. Ha sido y seguirá siendo el partido de la legalidad. Dentro de la ley mantendrá la continuidad de las instituciones y velará por la renovación democrática del Gobierno.

La democracia implica pasar de la política como negación de adversarios a la política como acuerdo y respeto a las diferencias. La violencia y la intolerancia revelan la existencia de grupos sociales desarticulados y manipulables, el abuso de minorías agresivas que intimidan a la ciudadanía.

Nos proponemos impulsar una nueva cultura política democrática que, por vía del debate, el diálogo, la tolerancia y la explicación, profundice y explore soluciones negociadas.

El tercer criterio es el de la solidaridad: el partido se reforma para encontrar nuevas vías de satisfacción al programa de reivindicaciones sociales de la Revolución.

Sus propósitos y compromisos se fundan en la lucha por una mayor justicia. Hoy el reto de los pobres y desiguales es nuestro reto. Nos reformamos para responder a él.

Hemos de lograr una sociedad más solidaria. El problema de la pobreza requiere de soluciones urgentes que el gobierno de la República ya enfrenta. Estas soluciones debemos proponerlas y llevarlas a la realidad, en ellas se deben vincular los apoyos institucionales y las iniciativas individuales y colectivas.

Al cumplir con las tareas exigidas por la justicia y la solidaridad, el partido convierte la pluralidad de intereses de la sociedad en beneficios para todos, principalmente, para los que menos tienen. La justicia da sentido a la convivencia democrática. La lucha por la justicia da sentido a la reforma del partido. Seremos el partido de la solidaridad.

Plan de Acción para el debate nacional sobre la reforma del partido.

Hemos señalado los retos a los que el partido se habrá de enfrentar y también aquellos criterios que se consideran válidos para lograr la modernización, como vía para la reforma. Nuestro método de discusión y análisis nos conduce a proponer líneas estratégicas centrales del proceso de reforma.

Producto del nivel de conciencia política del priísmo, he de señalar que el punto de primer orden en la discusión de la XIV Asamblea Nacional, será la revisión exhaustiva, reflexiva y crítica de nuestros Documentos Básicos.

La esencia, el valor y vigencia de nuestros principios no están a discusión, modificaremos anacronismos.

A este honorable Consejo propongo las siguientes líneas estratégicas.

Para fortalecer nuestra condición de partido nacional, habremos de llevar a cabo una profunda reorganización democrática interna.

La reorganización democrática se inscribe en el marco de los reclamos de una mayor participación de nuestros militantes, en la definición de las políticas partidarias.

Hemos de definir la nueva organización del partido, que nos permita erradicar burocratismos y evitar la reproducción de estructuras inoperantes.

La militancia exige una organización moderna, racional, eficiente en la que predominen las relaciones políticas abiertas, donde el conocimiento y la información sean las bases de nuestra creatividad política.

La elección democrática será la norma general para la elección de dirigentes, candidatos y representantes del partido. Atendiendo las condiciones políticas sociales de cada región, en la elección privará el respeto a la carrera del partido, que significa revisión objetiva de méritos, capacidad, lealtad y esfuerzos del militante.

No permitiremos que existan divergencias entre el proyecto social y político del gobierno y del partido en las cuestiones fundamentales de la democracia, justicia social y soberanía. Tenemos un proyecto de futuro subordinado a las causas del pueblo mexicano.

El partido reivindicará su autonomía e independencia en su quehacer político concreto.

Precisemos, bajo estos principios, nuestra relación con el Gobierno, para recuperar sus espacios de iniciativa política con los gobiernos locales, ayuntamientos y los relativos a la administración pública; que quede claro, somos partido nacional, no 32 partidos locales.

Habremos de definir la posición del PRI ante otros partidos, de nuestra discusión surgirá nuestra política de alianzas.

Los sectores del partido habrán de llevar a cabo su propia reforma. Pilares de nuestra organización, habrán de fortalecerse en el análisis autocrítico, y en su visión de futuro.

Habrá de surgir un movimiento campesino moderno con capacidad e iniciativa para recuperar las mejores tradiciones democráticas en la toma de decisiones y en la elección de todos sus dirigentes.

Para fortalecer la solidaridad como mecanismo de democracia y justicia; y para incorporar el progreso, al bienestar, a la seguridad social, el trabajo y a la educación. A los indígenas, jornaleros agrícolas y los demandantes de tierra.

El movimiento campesino ha de reafirmar su convicción social e histórica en el ejido y habrá de confirmarse la compatibilidad de los derechos históricos del campesino con el desarrollo social y la eficiencia productiva.

El movimiento campesino moderno vinculará a su actividad política con la producción, transformación y comercialización. Los excedentes de las organizaciones económicas deberán beneficiar al conjunto de la sociedad rural.

El sector obrero habrá de continuar desarrollando nuevas formas de relación política con los trabajadores y los sindicatos, reforzando los mecanismos democráticos, esto permitirá un movimiento obrero moderno capaz de preservar su condición de pilar de la estabilidad y el progreso de México.

Sin menoscabo de sus reivindicaciones sociales y derechos laborales, el movimiento obrero es pieza fundamental para la modernización económica del país, al impulsar las nuevas tareas productivas, afianzar su alianza histórica con el Estado y contribuir a la solidaridad social.

El movimiento popular moderno de nuestro sector habrá de resolver el tránsito de una política fundada en las organizaciones y los gremios a una que ponga en primer lugar el trabajo con las organizaciones territoriales, en las colonias populares y con los ciudadanos, estableciendo a la colonia como cédula básica y al municipio como ámbito de concertación política.

La creación de consejos municipales, donde participen los grupos populares, podrán concebirse como la superación cualitativa de nuestra forma de organización tradicional, que también deberán ser renovadas.

Habremos de interpretar y participar en los movimientos emergentes, en las expresiones políticas más diversas, para que el partido se proponga orientar sus demandas.

Digámoslo con precisión: la reforma del partido presupone la reforma de sus sectores, sin embargo, el partido camina hacia su propia reforma abandonando los caducos mecanismos que suponen la discusión sobre parcelas de poder; los espacios políticos del partido habrán de ser ocupados por sus militantes con carrera, vocación y lealtad a sus causas.

Ellos habrán de ser los protagonistas del cambio y la renovación democrática. En ella habrán protagonistas del cambio y la renovación democrática. En ella habrán de tener cabida los dirigentes naturales más capaces y honestos.

Habremos de fomentar la creación de una estructura nacional más dinámica y representativa de las regiones y de sus sectores, dotada de la capacidad y la flexibilidad suficientes para discutir y aprobar líneas de acción política de interés general.

La estrategia democrática ha de adquirir toda su concreción en el municipio. Los comités municipales del partido deberán ser la instancia que aliente el quehacer partidario.

En una sociedad de jóvenes, el partido habrá de lanzar una nueva política atractiva, que encuentre formas imaginativas de organización, y audaz: que permitan la expresión libre y espontánea de los intereses de la juventud mexicana.

La mujer deberá fortalecer su participación en el partido y en la sociedad. Para ello, habrá de convocarse a la creación de un amplio y moderno movimiento de las mujeres que luchan por la solidaridad.

El partido ha de recuperar la iniciativa en la lucha por las reivindicaciones sociales y políticas.

Recuperar la iniciativa es la estrategia del partido en su papel de vanguardia en la representación de los intereses de las mayorías del país. Es, también, la definición y toma de posición clara y firme ante los grandes problemas nacionales.

Nuestro partido deberá firmar una oferta política que responda al interés de nuestros militantes y que sea convincente para el electorado nacional.

Habremos de luchar para que se establezcan con sentido de solidaridad, políticas sociales que vinculen mas y mejor las masas populares con el Gobierno revolucionario de Carlos Salinas de Gortari.

Así, lo habrá de hacer la atención a los problemas que más apremian al conjunto de la sociedad: salarios y precios, distribución y producción, servicios básicos y captación de recursos; empleo, educación y capacitación.

El partido frente a organismos representativos de la sociedad como el sindicalismo y las universidades, abandonará actitudes de aparente indiferencia. En ningún espacio social ni político estará ausente.

Ante los movimientos sindicales que enfrentan abiertamente las posiciones del PRI, habremos de considerar y orientar una política más activa, decidida y de disposición a preservar y ampliar nuestros espacios de influencia.

El PRI no dejará a la irracionalidad ni a la intolerancia los organismos nacidos de la Revolución Mexicana.

Un partido más activo en la defensa de la soberanía y en las relaciones internacionales.

En las nuevas condiciones internacionales, el PRI tendrá que diseñar una política internacional en defensa de la soberanía y la autodeterminación nacional, llevando a cabo una más activa e intensa relación con organizaciones políticas de todo mundo.

Nuestro espacio natural para la colaboración y la solidaridad es América Latina y el Caribe; razones históricas, políticas, culturales y económicas nos impulsan a desarrollar más los estrechos vínculos con los países hermanos.

En las relaciones con Estados Unidos hemos de considerar siempre la mejor satisfacción del interés nacional, sin mitos ni complejos, pero también sin concesiones.

En aquellos lugares donde la población de origen mexicano es numerosa y por ende también nuestros simpatizantes, hemos de incrementar nuestra presencia ofreciendo información permanente sobre la actualidad política de México.

Europa es ámbito propicio para desarrollar nuestra actividad internacional. Hemos de incrementar los intercambios con los partidos socialdemócratas y socialistas, reafirmando relaciones y coincidencias.

Con los partidos políticos afines de Japón y Asia hemos de desarrollar una estrecha relación, que favorezca el intercambio de experiencias y puntos de vista sobre causas comunes.

Una nueva comunicación para la cultura política.

Ante una sociedad más informada y consciente de las nuevas realidades, el partido deberá elaborar formas de comunicación política más idóneas y persuasivas.

Habremos de establecer mecanismos de comunicación entre los propios militantes, y entre estos y los dirigentes implementemos una comunicación específica que permita fortalecer las políticas del partido en las regiones y comunidades del país.

El partido habrá de modificar su discurso político. La sociedad reclama un discurso sólido y comprometido pero sobre todo veraz; serán necesarias políticas de divulgación ideológica que permitan afirmar el compromiso de la militancia y su capacidad para enfrentar el debate con los adversarios.

Nuestras campañas habrán de ser cada vez más austeras sin ostentaciones ni dispendios, campañas de diálogo con los ciudadanos y los grupos sociales, directas, que revelen las nuevas formas de hacer política del partido.

En las condiciones actuales, el partido deberá formular una estrategia de comunicación de cara a la sociedad, a través de acciones que revelen creatividad, sencillez y autenticidad, que nos permitan recuperar credibilidad y confianza.

Nueva organización para la lucha electoral.

Nuestro partido, ha propiciado la mayor competitividad electoral: vamos a prepararnos para participar con mayor eficacia en los procesos electorales del futuro.

Ahora, las ofertas políticas son más diversas; en consecuencia, requerimos definir con claridad la nuestra, para evitar las confusiones, necesitamos que los electores conozcan a plenitud la opción que les ofrecemos.

Habremos de profundizar en el mejoramiento de nuestra organización y de nuestros mecanismos electorales, rescatando el valor que estos tienen en nuestra lucha por alcanzar y mantener el poder. Las prioridades electorales deberán de ser definidas por la dirigencia del partido.

La coordinación debe hacerse permanente y sobre la base de programas de acción concretos. Las expectativas y compromisos deberán establecerse siempre con claridad, para ello habremos de considerar la creación de un Consejo Nacional Electoral del Partido.

Planeación para la acción política.

La planeación política habrá de ser la herramienta que nos permita prever metas y ordenar conforme a programas de acción, el uso de los recursos.

Los procedimientos tácticos, los tiempos y las actividades. Su uso nos ayudará a poner fin a la improvisación y tomar decisiones adecuadas.

La planeación política ha de extenderse a los municipios, las entidades federativas y los sectores, una gestión cada vez más descentralizada habrá de fortalecer la actividad del partido que se realiza junto con la ciudadanía.

Cuarta etapa del partido.

Nuestro partido se ha involucrado en las grandes transformaciones históricas de la sociedad mexicana. Hoy, ante nuevas exigencias, nuestro partido va a reformarse una vez más.

En 1929 estuvimos en la concertación de las fuerzas revolucionarias, en 1938 en el programa social de la Revolución Mexicana y el refrendo de la soberanía. En 1946 en el impulso del desarrollo. En 1990 seremos el partido de la sociedad que se define por la democracia, por la soberanía y por la solidaridad.

En el México de hoy se recrea el espíritu del cambio, en el Partido Revolucionario Institucional, se hace presente el espíritu en 1929, 1938 y 1946. La voluntad es por las transformaciones, el consenso es por la decisión de que sea ahora.

Supremacía política.

El partido se reforma para mantener la supremacía política, ese propósito no está animado por la obsesión del poder. Responde a los mandatos de la Revolución Mexicana. Nacimos de la Revolución. Hoy tenemos la responsabilidad de actualizar sus exigencias y hacerlas avanzar.

Así lo demandan los millones de mexicanos que todavía sufren la pobreza extrema así lo demandan todos los que padecen alguna forma de desigualdad: los trabajadores del campo y la ciudad, los productores pobres, los grupos populares urbanos.

Así lo demandan las clases medias que piden seguridad para el fruto de sus esfuerzos. Así lo demandan todos los ciudadanos que quieren libertad y respeto a su dignidad.

En nombre de ellos, los militantes priístas optamos por la reforma. Por eso no es una reforma oportunista, nuestra decisión tiene unan profunda raíz histórica y una honesta razón social.

El partido se reforma para desplegar las libertades políticas y las potencialidades de la democracia, para enfrentar la nueva competencia política.

Por ello, transformaremos nuestra organización, encontraremos mejores argumentos para convocar el consenso ciudadano, seremos militantes más comprometidos; queremos enriquecer la contienda política, convertirla en diálogo entre iguales, fortalecerla como tribunal ciudadano que juzga las acciones de los gobiernos y los programas de los partidos.

El partido se reforma para ganar el voto. Queremos ganar el voto de la racionalidad, el de la iniciativa ciudadana, el de todos aquellos que en la pluralidad quieren participar en las grandes tareas nacionales.

El PRI se reforma para convertir la supremacía política en proyecto de justicia.

El PRI se reforma para traducir la supremacía política en práctica de democracia.

El PRI se reforma para hacer de la supremacía política un ejercicio de solidaridad.

Enfrentemos, así el reto de ser la organización política, con la visión, el talento y el coraje, capaz de encabezar la nueva cultura y el nuevo quehacer político.

Estamos ya en el camino de la reforma.

En la modernización, avanzamos.

En la democracia, avanzamos.

Y en la solidaridad, avanzamos.