Siglo XX
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1980-1989
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1986
Discurso de Luis Donaldo Colosio. Debate respecto del Proyecto de Ley Federal de Entidades Paraestatales.
Abril 22, 1986
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Diputado Federal LIII Legislatura
México, D.F.,
a 22 de abril de 1986.
Cámara de Diputados.
"Hoy son tiempos de transformar
y de reforzar lo que heredamos de generaciones anteriores.
Los tiempos y las necesidades no son las mismas, la empresa
pública es un ejemplo de los cambios que hoy requiere
el país. Tenemos que encontrar el equilibrio entre
su función social que no negamos, y la eficacia de
su manejo y de su operación. No es un problema de
cantidad, es un problema de la calidad del aparato paraestatal
para servir a la Nación".
Gracias, señor Presidente;
Compañeras y compañeros diputados:
Para los que participamos por primera
vez de la actividad legislativa lo hacemos con la convicción
política de participar en los asuntos de mayor trascendencia,
de la mayor importancia en la vida de nuestra Nación, de
aportar lo más que podamos en esta etapa histórica
por la que atraviesa nuestro país.
Hemos participado y de la participación
hemos aprendido, en lo particular hemos aprendido de la jovialidad,
del consentimiento jurídico, del compromiso, de la responsabilidad
que siempre ha mostrado por ejemplo mi compañero diputado
Santiago Oñate; pero también hemos aprendido, ¿por
qué no decirlo y reconocerlo?, de la participación
de los compañeros de la oposición.
Todavía vibra en mi mente la
emoción que sentí cuando escuché a nuestro
compañero Eraclio Zepeda en su inolvidable intervención
en el aniversario de don José María Morelos y Pavón.
De él aprendimos el amor a la tierra, el amor a la justicia
y el amor por la libertad que debe imperar en esta Cámara
de Diputados; también hemos aprendido de la caballerosidad,
de la categoría y del conocimiento jurídico del diputado
Jiménez Remus, de Acción Nacional.
También hemos aprendido lo
importante del proceso histórico de nuestro país para
la comprensión de los asuntos actuales de nuestro territorio,
conocimiento que en múltiples ocasiones nos lo ha transmitido
el diputado Tavira.
Y esto sólo para mencionar
unos cuantos de los muchos valores que existen en esta Cámara,
desafortunadamente no podemos decir lo mismo de otras intervenciones
por parte de compañeros de oposición. Para algunos,
la más de la veces, el hacer uso de esta tribuna significa
el anhelo, la ansiedad desesperada por desinformar, por tergiversar,
por malinterpretar ante la opinión pública, hacer
de la crítica un fin en si mismo, de hacer política
de adjetivos.
Nosotros aceptamos la crítica,
pero la crítica que construye, la que nos permita avanzar,
la que edifique y consolide lo que tenemos, para mejorarnos todos,
para legar un futuro mejor para nuestras familias, para nuestros
hijos.
Nosotros también consideramos
este debate de la mayor importancia y de la mayor trascendencia
y es por eso que después de haber escuchado diversas participaciones
de diputados de oposición, creo necesario que ubiquemos los
términos del debate y quiero decir que estamos aquí
para debatir el proyecto de Ley Federal de Entidades Paraestatales,
quisiéramos dejarlo claro; no hemos venido a discutir los
artículos de contenido económico de la Constitución,
para nosotros no está a discusión el papel que como
rector del desarrollo nacional corresponde al Estado mexicano.
Para nosotros no está a juicio
o en tela de dudas las formas de propiedad consagradas en la Constitución;
no venimos aquí a debatir si el Estado debe participar en
mayor o en menor medida en al actividad económica del país.
Estas cuestiones están claras y precisas en nuestro texto
constitucional.
¿Qué es lo que nos interesa
discutir?, ¿qué trascendencia tiene para la vida económica,
social y administrativa del país la ley que hoy discutimos?
La pregunta que debe guiar nuestro debate y que está en el
espíritu de esta iniciativa es si queremos o no queremos
tener empresas paraestatales eficientes, capaces de aportar sustento
al desarrollo regional, ser pivote para otros sectores de la economía,
pero todo esto dentro del objetivo superior de cumplir con el fin
social para el cual fueron creadas.
Lo que esta ley busca es que los costos
sociales de la operación de las empresas del Estado, no sean
mayores que los beneficios que producen a la nación. Objetivo
aparentemente simple, tan simple que el motivo de discusión,
que aquí se ha venido dando, se ha referido a otras cuestiones
importantes en sí mismas, pero cuya discusión aleja
a esta representación de debatir un asunto que preocupa e
interesa a la mayoría de los mexicanos que nosotros representamos.
¿Qué ciudadano de este
país o quién de nosotros en esta Cámara no
desea que una empresa que pertenece a la nación se maneje
con una organización eficiente, con una administración
ágil, desburocratizada y transparente, que tenga objetivos
y responsabilidades claras y precisas, con finanzas sanas y manejada
con honestidad y con la certeza que se ejerce el control y que se
puede exigir responsabilidades?
Estas son, compañeros diputados,
las cuestiones que esta ley se propone abordar. Administración
honesta y eficiente, organización ágil y eficaz, objetivos
claros, precisos, que impidan que las empresas se desvíen
de sus objetivos, responsabilidades frente a la sociedad, un estricto
apego a la legalidad en el ejercicio de la gestión de las
empresas públicas para desterrar actitudes patrimonialistas
y evitar la discrecionalidad.
No creo entonces, compañeros
diputados, que los postulados de nuestra Carta Magna estén
en discusión. Por simple que parezca, y lo reitero, mucho
del porvenir de esta nación depende de que seamos capaces
de ordenar y organizar los procesos productivos a cargo del Estado.
De una empresa pública dependen
muchas cosas. Pueden ser un costo o un beneficio para la nación,
y en esto no hay ideologías; pueden abrir brecha en un área
nueva de desarrollo regional, servir de plataforma para otros sectores
de la economía o bien pueden distraer los recursos del Estado
para fines ajenos a los que la Constitución le marca; distraer
sus actividades en áreas que pueden ser competencia y responsabilidad
de otros sectores.
Como ustedes pueden ver, compañeros
diputados, hay cuestiones particulares, pero fundamentales. La ley
refleja la forma en que es posible cumplir con el mandato constitucional
de regir el desarrollo económico; la participación
del Estado es un instrumento flexible; hay áreas en que es
claro que no pueden quedar fuera del ámbito de la gestión
estatal, y estás son las áreas exclusivas que nos
marca el artículo 28 constitucional, ellas responden al origen
histórico de la participación del Estado mexicano
en la economía, rescatar y desarrollar recursos esenciales
para la nación, existen otras en que la participación
responde a coyunturas particulares, a etapas de nuestra evolución
histórica, son áreas en que la participación
económica es exigida para satisfacer una necesidad social,
preservar el empleo, impulsar y reorganizar la planta productiva,
garantizar el abasto y fortalecer nuestro desarrollo tecnológico.
En estos ámbitos no se niega
la concurrencia de otros sectores, pero sí se enfatiza la
preeminencia que en un momento dado tienen para el interés
general por encima de cualquier otro interés.
Es evidente que vivimos etapas como
cualquier otra nación, que las circunstancias económicas
externas e internas son mutables, de ahí la necesidad de
ligar estas definiciones a un sistema de planeación que sí
existe en México, sistema que tenga capacidad de renovar
prioridades y de ajustar a las cambiantes demandas y necesidades
de la sociedad.
Como ustedes pueden ver, esta ley
se sustenta en artículos constitucionales y representan fielmente
su espíritu; en esta ley no están definidas las áreas
de participación del Estado, ellas dependen del artículo
28, del Plan Nacional de Desarrollo, de los programas sectoriales
y regionales que la Constitución prevé que deban formularse.
Igual sucede con otras dudas que en esta Cámara, tanto en
el pleno como en el seno de la comisión se han expresado.
La ley de ninguna manera aleja a esta
soberanía de sus atribuciones de fiscalización y control
de gasto público, al contrario, en nuestro parecer, al existir
una mejor organización, una mayor sistematización
de los procedimientos, con objetivos y metas claramente definidos
y con responsables perfectamente identificados. Es como esta Cámara
de Diputados podrá cumplir mejor su cometido.
Con estas bases, esta Cámara
de Diputados podrá evaluar la relación entre los objetivos
particulares de la empresa con los grandes objetivos nacionales.
¿Qué impacto está
causando en las regiones? ¿Cuál es el efecto para
otros sectores de la economía? En síntesis, ¿en
qué medida cumple la entidad con la función para la
que fue creada?
Se han cuestionado también
las restricciones o las facilidades que la ley otorga al Ejecutivo
Federal para incorporar o desincorporar entidades paraestatales,
función que ya a causa de un vicio legislativo se ejercía
con discrecionalidad y que en algunos casos se daba al margen del
interés general.
Con esta ley se establece con claridad
que la incorporación o desincorporación de las entidades
paraestatales debe obedecer a razones sustantivas, razones sustantivas
para la nación y que se deben establecer los procedimientos
que tienen que cumplirse y exponer ante la opinión pública.
No debemos olvidar que el Ejecutivo se obliga a precisar los objetivos
de una nueva entidad, el origen de los recursos con los que se forman
y la manera en que su operación pretende cumplirlos.
Hay en ello un expediente claro y
flexible, claro y flexible para el tratamiento de entidades que
no compromete en lo absoluto a las áreas extensivas, pero
que sí dota de capacidad al Ejecutivo para conducir mejor
la capacidad económica del Estado y le permita a esta Cámara
mantener vigilancia sobre los objetivos de las empresas de su existencia
como entidad pública o su desincorporación.
El Estado mexicano tiene una estructura,
organización y fines producto de los preceptos de la Constitución;
de ella, de nuestra Carta Magna deriva nuestro régimen presidencial,
la división de poderes, y las facultades de rectoría
del desarrollo nacional. Esta forma de organización de nuestro
Estado tiene su sustento en la voluntad general de la nación.
Cada vez que en este recinto se debate
una iniciativa de ley, se pretende hacer una discusión sobre
la organización política de la nación. En este
caso nuestro tema son las entidades paraestatales; sin embargo,
se emplea más tiempo en cuestionamientos generales que en
definiciones precisas.
Las oposiciones no varían mucho
de discusión a discusión y en ese sentido poco enriquecen
el debate.
Por ello consideramos conveniente
precisar algunas ideas que explican el modo de proceder del Estado
mexicano y que están reflejadas en la ley que hoy discutimos.
No debemos olvidar que somos un Estado surgido de una revolución,
su acción ha tenido que ir haciendo frente a distintas necesidades,
primero, había que establecer el orden social; luego de reconstruir
el país, después de profundizar en la revolución
mediante las reformas sociales y después industrializar al
país.
En cada uno de estos momentos el Estado
ha actuado conforme a los principios y frente a las necesidades
reales, la empresa pública surge como necesidad de fomento,
como participación directa para rescatar recursos, producir
bienes necesarios, comercializar y abastecer ahí donde la
iniciativa individual no era capaz de llegar. Evidentemente éste
no fue un proceso lineal, se dio para enfrentar coyunturas, ha sido
resultado de necesidades frente a las cuales o se actuaba con firmeza
y con decisión, o se perdía o se ponía en riesgo
lo logrado.
Si en esos tiempos en cada cuestión
se hubiese hecho una discusión sobre los fundamentos de nuestro
sistema, el país hubiera caído en la parálisis
y en la inacción; eran tiempos de construir, de hacer lo
que era necesario con la consecuencia de que ninguna nación
crece con la abstención total del Estado, y ninguna sociedad
se fortalece con la participación absoluta del Estado.
Hoy son tiempos de transformar y de
reforzar lo que heredamos de generaciones anteriores. Los tiempos
y las necesidades no son las mismas, la empresa pública es
un ejemplo de los cambios que hoy requiere nuestro país.
Tenemos que encontrar el equilibrio entre su función social
que no negamos, y la eficiencia de su manejo y de su operación.
No es un problema de cantidad, es un problema de calidad del aparato
paraestatal para servir a la nación.
Nosotros, los diputados del Partido
Revolucionario Institucional atendemos que con esta ley se da un
avance cualitativo, no a la rectoría, no en la participación
del Estado en la economía, cuestiones que han quedado esclarecidas.
De lo que se trata es de un avance cualitativo en la gestión
de la empresa pública.
En lo económico, las empresas
públicas deben convertirse en un agente más eficaz
para depurar estructuras, renovar los instrumentos de conducción
de las actividades productivas, enfrentar lo urgente inmediato,
pero sin perder de vista la necesidad de inicia transformaciones
profundas. Todo ello ¿para qué? Para fortalecer la
capacidad de gestión estatal, impulsar el crecimiento económico
y generar empleos estables.
Compañeros diputados:
La ley que ahora discutimos no plantea,
como algunos partidos de oposición lo han querido presentar,
no plantea la desaparición de la empresa pública como
tampoco plantea la anulación de la economía mixta.
Lo que la iniciativa busca es crear
las condiciones para un sector paraestatal más racional,
más productivo, que verdaderamente cumpla con sus responsabilidades
sociales. Si no entendemos esto, dejaremos pasar una oportunidad
más para estar a la altura de las obligaciones que hoy nos
toca cumplir.
Y no lo estaremos si nos aferramos
al ánimo de buscar convencer de la certeza de posiciones
absolutas, dejando escapar los elementos particulares que son los
que finalmente permiten avanzar una idea, un proyecto, y que son
la sustancia misma de gobernar.
Muchas gracias.
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