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Siglo XX > 1970-1979 > 1977

Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 4. La cárcel Belén.
Octubre de 1977.

 

 

 

LA CÁRCEL DE BELÉN

UNO DE MIS PRIMEROS pasos como Jefe de Defensores de Oficio fue el de visitar la Cárcel de Belén, que era un antro inmundo, hediondo y peligroso, por ser constante foco de epidemias; las más serias, como tifo, tifoidea, tuberculosis y enfermedades del aparato digestivo, hacían de aquel local un verdadero infierno.

La entrada a la prisión daba tormento al olfato. Sus galeras y celdas se encontraban en tal estado de asquerosidad que todo visitante sentía indignación contra las autoridades que toleraban su existencia, al par con la conmiseración por los infelices que tenían que soportar de día y de noche la pestilencia del aire y la incuria de pisos, paredes y atarjeas visibles por la más absoluta carencia de sanitarios.

Aparte del ambiente pútrido que impregnaba todos los ámbitos del edificio, los reclusos presentaban un aspecto que infundía al propio tiempo asco y piedad; sus cuerpos hedían por la persistente falta de aseo; y en cuanto a su indumento, andrajoso en mayoría, inspiraba repugnancia y pena. Pero aún más elementos dramatizaban aquel cuadro lacerante: los enfermos que eran muchedumbre, y constituían una amenaza grave para la Ciudad de México; en aquel pudridero humano el tifo era endémico por la cantidad inacabable de insectos transmisores que hacían imposible cualquier remedio para aquel mal terrífico que durante muchos años diezmó nuestra población citadina.

No quiero acentuar el realismo de mis descripciones, porque lastimaría la sensibilidad de las personas más dispuestas y capaces de soportar relatos tan repugnantes. Mi objeto es solamente apuntar lo que fue aquella prisión inhumana, para que se comprenda lo justificado de mi urgente demanda al señor Presidente de la República, en bien de la salud pública.

Por telegrama me dirigí al señor Madero, diciéndole que mi primer deber como Jefe de Defensores de Oficio, era suplicarle que visitara lo antes posible la Cárcel de Belén, la que se encontraba en condiciones imperdonables de abandono, y que la atención del Ejecutivo se imponía con apremio, no para reformar aquella ergástula, lo que sería costosísimo y a la postre inadecuado, sino para derrumbar el vetusto edificio no dejando ni rastro de él.

El Presidente Madero, en su respuesta, me ofreció que tenía mucho interés en hacer la visita de inspección que yo solicitaba a la mayor brevedad posible. Pero los acontecimientos gubernativos y militares que cada día colocaban al gobierno en trance más y más difícil y lleno de riesgos, impidieron a nuestro Primer Magistrado percatarse de la verdad de mis asertos así como de la urgencia de acabar con esa tremenda culpa del antiguo régimen.

Por fortuna, la Revolución, atendiendo la voz del pueblo que impetraba el fin de la ignominiosa Cárcel de Belén, puso punto definitivo a aquella vergüenza nacional derrumbándola totalmente, y levantando en su lugar una vasta y moderna escuela.

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.21-22.