Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

          1979

          1978

          1977

          1976

          1975

          1974

          1973

          1972

          1971

          1970

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

      1910-1919

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1970-1979 > 1977

Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 47. La mesa de honor.
Octubre de 1977.

 

 

 

LA MESA DE HONOR

COMPARTÍAMOS LA MESA del Gobernador Maytorena, el señor Carranza, los invitados del primer mandatario del Estado, que éramos, además de nuestro anfitrión y del Primer Jefe, ya mencionados, su Secretario Particular, el muy joven todavía, Gustavo Espinosa Mireles, quien había dejado las aulas de jurisprudencia para seguir al Caudillo; y sus ayudantes, Juan Barragán, Jesús Valdez Leal, Juan y Lucio Dávila, sin contar, naturalmente, a los invitados accidentales del Primer Jefe o del Gobernador que casi a diario se sentaban en aquella mesa de honor, tales como el Gral. Obregón, el Coronel Treviño, jefe del Estado Mayor del Primer Jefe, el cual vivía en casa aparte con su familia, el Diputado local Don Carlos Randall, íntimo amigo de Don Pepe, tipo hidalgo de ferrado carácter y aspecto físico y espiritual quijotesco; y otros más, que iré mencionando cuando mis recuerdos me los traigan a la memoria que con los años se desgasta y enflaquece.

Aquella mesa de honor la presidía el Primer Jefe. A su derecha sentábase nuestro anfitrión; a su izquierda el Secretario General de Gobierno, Don Juan Sánchez Azcona. Mi lugar era a la diestra del Ejecutivo local; junto al Secretario de Gobierno tocaba su sitio a Espinosa Mireles, y en los demás asientos se distribuían los ayudantes del señor Carranza. Este orden protocolario sufría modificaciones según el número y rango militar o civil de los huéspedes especiales que atendían invitaciones de los dos personajes de esa casa histórica que albergó durante tres meses al caudillo de la Revolución Constitucionalista.

Como se comprenderá, aquellas comidas diarias a mañana, tarde y noche, constituían un privilegio honroso que aparejaba la más grata complacencia; y eran, además, del mayor provecho para quienes, como el que esto escribe, deseaban penetrarse de las ideas y propósitos del Primer Jefe.

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.145-146.