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Siglo XX > 1970-1979 > 1977

Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 45. La llegada del Primer Jefe a Sonora.
Octubre de 1977.

 

 

 

LA LLEGADA DEL PRIMER JEFE A SONORA

DESDE EL MES de agosto de 1913, se esperaba en Hermosillo a Don Venustiano Carranza, en vista de la honda separación existente entre los dos grupos políticos: maytorenistas y obregonistas.

Hasta entonces la pugna entre los bandos era solapada, no habiendo sobrevenido ningún rompimiento ostensible, sino el natural antagonismo de quienes se censuraban constantemente.

Obregón había reconocido la jefatura del ciudadano Gobernador; pero era de esperarse que ese estado de cosas se modificara al llegar a Hermosillo el Encargado del Poder Ejecutivo de la Revolución.

Cuando el señor Carranza arribó a Culiacán, procedente de la Sierra de Durango, se hicieron los aprestos convenientes para recibirlo con los honores debidos a su alto rango. En Hermosillo se prepararon grandes fiestas para darle la bienvenida.

El Gobernador Maytorena, impaciente por saludar al Primer Jefe, dejó encargado al Secretario de Gobierno, Sánchez Azcona, de ultimar la preparación de los festejos, ordenando que recibiéramos a Don Venustiano Carranza en los campos de Santa María, varios kilómetros al sur de la capital, donde las fuerzas sonorenses al mando de Obregón habían derrotado en una batalla, de gran trascendencia para la causa, a las tropas federales del Gral. Ojeda.

Maytorena, momentos antes de la llegada de Don Venustiano, me comisionó para que diese la bienvenida al recién llegado, en nombre de su Gobierno y de las fuerzas del Estado que se encontraban representadas por los más altos jerarcas del Ejército sonorense, el Gral. Juan Cabral, los Coroneles Benjamín Hill, Plutarco Elías Calles, Manuel M. Diéguez, Bracamontes, Sosa, Salvador Alvarado, ya que él, como jefe de todos ellos, venía acompañando al señor Carranza. Además, la Legislatura local representada por sus Diputados Adolfo de la Huerta, Cosme Hinojosa, Carlos Randall, Piña, el Ing. Ignacio Bonillas y Roberto Pesqueira.

Intensa ansiedad palpitaba en aquella muchedumbre que de un momento a otro esperaba ver surgir a lo lejos, al personaje más relevante de la insurgencia, cuando de improviso se vislumbró una nube de polvo en el camino carretero que venía de El Fuerte. Llegaba el señor Carranza, no a caballo, como lo hiciera durante toda su campaña desde Coahuila hasta los confines de Sinaloa, sino en un buggy, del cual descendió ante el grueso núcleo de militares y civiles encabezados ya por el señor Gobernador.

Al descender de aquel carricoche, me pareció Don Venustiano imponente por su corpulencia y aspecto respetable de hombre de mando. Avanzó lentamente, a grandes pasos, como fue siempre su modo de andar, y se dirigió directamente a estrechar la mano de su viejo amigo Maytorena, dándole luego estrecho abrazo.

En esos momentos, el Ejecutivo local me hizo una seña, indicándome que había llegado el momento para que le diera la bienvenida.

El Primer Jefe retrocedió un poco al darse cuenta que yo me dirigía a él, permaneciendo inmóvil, escuchando.

Mi salutación improvisada se inspiró en el respeto y admiración que tenía por aquel varón que, en su carácter de Gobernador de Coahuila, había sido el primero en desconocer al soldado traidor Victoriano Huerta, el que había usurpado el poder después de asesinar al Presidente y al Vicepresidente de la República. Le expresé que, por su erguida actitud basada en el espíritu de la Constitución y en los mas elementales principios del honor, la moral y la justicia, el pueblo, el gobierno y el invicto ejército de Sonora estaban con él, dispuestos a defender la causa que simbolizaba y dirigía con tan eminente patriotismo. Y terminé por asegurarle que Sonora, al sentirse honrada con su presencia, sólo anhelaba que su estancia entre el valiente pueblo que tan dignamente había respondido a la usurpación, le fuera grata e inolvidable.

Al terminar, el señor Carranza me tendió la mano musitando un "muchas gracias", que apenas escuché.

Vinieron las presentaciones oficiales que hizo el Gobernador, de las autoridades que lo rodeaban. En seguida se preparó el regreso a Hermosillo, donde tendrían lugar los demás festejos organizados en honor del recién llegado.

La impresión que me causara entonces Don Venustiano Carranza fue intensa e imperecedera. Yo no lo conocía sino por su gran prestigio nacional, en su carácter de director de la guerra civil contra los conculcadores de nuestras leyes.

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.142-144.