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Siglo XX > 1970-1979 > 1977

Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 35. A la revolución.
Octubre de 1977.

 

 

 

A LA REVOLUCIÓN

SALÍ DIRECTAMENTE AL BANCO, cuando en el camino, con gran sorpresa me pareció reconocer a lo lejos a un compatriota. Mientras más nos acercábamos el uno al otro, más afirmaba mi parecer. A distancia de unos pasos le grité:

¡Antonio!

Y él me contestó ¡Isidro!

Era Antonio Villarreal, veterano de las campañas periodísticas contra la dictadura de Porfirio Díaz en las épocas más críticas para la prensa independiente. Nos fundimos en estrecho abrazo; una vez, dos veces.

¿Qué hace usted aquí, Fabela?

Voy a hacer efectivo este giro que viene a resolver mi problema. Mañana parto a la Revolución para ponerme a las órdenes de Don Venustiano Carranza. ¿Y usted?, le pregunté.

Lo acompañaré. Partiremos juntos.

¿De veras? ¿Irá conmigo?

Sí. Adelantaré un poco mi viaje para darme ese gusto.

Me sentía feliz de tener por compañero a aquel hombre cabal a quien tanto quise y estimé. Al día siguiente, en efecto, después de despedirme de mis grandes amigos, los Urquidi y González Garza, Villarreal y yo tomamos pasaje directo a Eagle-Pass, donde llegamos en cinco días.

Antonio Villarreal era un espíritu recio; de carácter indómito, pasiones violentas controladas por la vigorosa voluntad que regía sus actos.

En lo físico era un buen mozo que podía haber vestido con apreciada distinción el indumento de un califa mahometano.

Don Gabriel tenía el mérito de haber sido uno de los miembros del Congreso local de Saltillo, que desconocieron al usurpador Huerta. De consiguiente no ignoraba quiénes habían sido los Diputados leales al Presidente Madero. Por esa causa, al reconocerme como uno de los "renovadores" de la llamada "Cámara Maderista", se puso a mi disposición en lo que pudiera servirme.

Mis deseos, le expresé, son los de ponerme a las órdenes de Don Jesús Carranza, hermano de Don Venustiano y del Gral. Pablo González, en ausencia del Primer Jefe.

En el acto me dio toda clase de facilidades proporcionándome pasaje en un tren militar que marcharía al Cuartel General, instalado a la sazón en la Hacienda de Tres Hermanas.

Con vivísimo interés partí a conocer al hombre que iba a decidir de mi suerte como revolucionario, pues estaba resuelto a desempeñar la comisión que se me asignara, inclusive la de soldado raso.

Antonio Villarreal fue el encargado de presentarme con Don Pablo, el cual me acogió benévolamente, habiéndome escuchado con atención.

Vengo, señor Gral., a ponerme a sus órdenes como soldado a fin de servir a la causa constitucionalista.

Desde luego, contestó, queda usted entre nosotros con el carácter de abogado consultor del Cuerpo del Ejército a mi cargo: sólo que se servirá usted esperar un poco para que le proporcione caballo y arma, porque en estos momentos no tenemos. Y agregó:

Mientras tanto, permanecerá usted en Piedras Negras, pasando a este Cuartel General cuando le sea posible por si algo se ofreciera, pues no todos los días tenemos comunicación con la frontera.

Entonces supe que la columna huertista del Coronel Joaquín Maass, sobrino de Huerta, había tomado Monclova quitándosela a las fuerzas revolucionarias; y allá estaba organizando y preparando sus ataques al Norte, con tropas en mucho mayor número y mejor pertrechadas que las insurgentes.

Los libertarios alzados en armas no eran militares sino ciudadanos armados, campesinos casi todos o mineros que habían seguido al Gobernador de Coahuila desde su levantada actitud contra el régimen detentador de los poderes federales. Aquellos lugareños no constituían en un principio nutrido grupo realmente ofensivo; pero eran paradigmas de valentía y genuino desinterés personal, y poco a poco formaron un grupo considerable de ataque y defensa. Pero más que nada tornóse considerable para el enemigo y ante el exterior del país, porque al frente de la Revolución se encontraba una personalidad de gran prestigio que impregnaba fuerte impulso y confianza a sus adeptos quienes le seguían con devoto respeto y lealtad: Venustiano Carranza.

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.103-105.