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Siglo XX > 1970-1979 > 1977

Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 33. En La Habana.
Octubre de 1977.

 

 

 

EN LA HABANA

NO CONOCÍA CUBA, "la que primero amó Colón" de las tierras americanas; a la que tanto cariño le tuve desde mozo porque fue cuna del apóstol José Martí que vivió y murió como héroe y artista, dejando a su patria óptima herencia: la llama viva de su libertad.

La Habana me pareció una caja de música que esparcía a todas horas y a todos los vientos las risas alegres de su pueblo. ¡Qué animación bullanguera la de sus rúas! ¡Qué voces cantarinas en sus cafés! ¡Cuánta elegancia donairosa en sus mujeres y qué fiesta constante en el ambiente habanero!

El contraste entre el drama mexicano y las escenas regocijadas de aquel cuadro tropical, reanimaron mi espíritu todavía sumergido en los pesarosos recuerdos de la encrucijada trágica en que había caído mi mal traído México.

Poquísimos días pasé en la linda perla antillana; pero antes de embarcarme para la ciudad de Nueva York, quise rendir un homenaje en aquella tierra fraterna, al héroe civil, al mártir recientemente asesinado; y escribí este artículo que publicó el cotidiano de La Habana de mi buen amigo Manuel Márquez Sterling:

"El Apóstol Madero"

"Fue como todos los alucinados, como los videntes, como todos los apóstoles; admirado y escarnecido, bendecido y burlado, odiado hasta la muerte y glorificado hasta la inmortalidad.

Indiscutido por la admiración delirante de todo un pueblo cayó al golpe rudo del pasado, opositor enconado de los flamantes ideales del porvenir.

Fue un rebelde, pero no un rebelde demoledor de vidas, sino un rebelde propagador de ideas.

Su palabra no era de artista para conmover, sino de sembrador para crear. Pasó por la República Mexicana como un Mesías predicando las buenas nuevas de la Libertad y la Democracia, y murió al despechado golpe de la reacción.

Era un gran bueno -así fueron Jesucristo y Savonarola- y, como ellos, ascendió al suplicio sin rencores ni esperanzas de recompensas.

Podría estar engañado, pero no sabía engañar. Sus ojos de niño-genio no mentían nunca, sus manos misericordiosas jamás temblaban; nunca se abatió su frente ni desmayó su voluntad. No reconoció el remordimiento ni el odio y practicó el perdón. Soñaba el bien y desdeñaba el mal.

Para él, todos los hombres eran buenos, mientras no le demostraran lo contrario.

Vivía como un bienaventurado: sin temor ni amarguras, sin rencores ni odios, con una confianza inocente en los hombres y una fe ciega en el porvenir.

Soñaba como los justos; sentía como los misericordiosas, pensaba como los redentores.

Era un santo laico.

Como a la Doncella de Orleans, un día lo conquistó una idea libertaria, transformándose entonces de hombre en apóstol, con su alma total y su vida íntegra.

Era un cerebro con una sola idea: libertad. Un corazón con una sola palabra: amor.

Se dice en mi patria inolvidable y amada que Madero no fue de estas edades; que podría haber pensado como Juan Clemente: 'Mis tiempos son los de la antigua Roma.'

'Y mis hermanos con la Grecia han muerto.'

No, Madero fue oportuno en su apostolado como fue oportuno en su sacrificio.

México necesitaba después de un dictador preponderante, un alucinado audaz. Y ese inmortal alucinado fue Madero.

Nació para ser un símbolo; por eso fue a la muerte en la escala del martirio.

No maldijo a sus verdugos, porque con el cruel holocausto que los envileció crearon una gloria nacional y dieron aliento pujante a la Revolución.

¿Que fue un mal gobernante? Tal vez; los gobernantes no se improvisan, como los apóstoles. Tuvo debilidades: creyó en la sinceridad de los hombres; creyó en la gratitud de los pueblos. Temperamentalmente bondadoso 'quiso contentar a todos y contentó a muy pocos', como él mismo declarara en su prisión el penúltimo día de su existencia.

Es verdad y es mejor: si viviera seguiría siendo irremediablemente bueno, crédulo y perdonador; muerto es una bandera invencible."

La Habana, 18 de mayo de 1913.

ISIDRO FABELA

Antes de embarcar para Nueva York, le escribí a Don Venustiano Carranza la siguiente carta a Piedras Negras:

"La Habana, 12 de mayo de 1913.

Respetado Primer Jefe:

Soy Diputado al Congreso de la Unión por el Estado de México; fui jefe de Defensores de Oficio en el Distrito Federal, y después Oficial Mayor en el Gobierno de Don Abraham González, por recomendación del señor Presidente Madero.

A principios de febrero último pasé a la Capital de la República en el desempeño de una misión confidencial de Don Abraham, cerca del Ejecutivo y de su Ministro de Hacienda; y en el cumplimiento de ese cometido estaba, cuando sobrevino el cuartelazo de los Generales Bernardo Reyes, Manuel Mondragón y Félix Díaz. Y como poco más tarde fue asesinado mi jefe y respetado amigo, el Gobernador González, ante la imposibilidad de regresar a Chihuahua, ingresé al Congreso de la Unión a tomar posesión de mi cargo de Diputado federal por el Distrito de Ixtlahuaca.

Ya en mi puesto congresal me afilié al Grupo Renovador que, en sesión secreta y solemne, protestó hacer oposición al tirano Huerta y a sus autoridades espurias, dentro y fuera del parlamento.

El día primero de mayo, señor Carranza, en representación de la Casa del Obrero Mundial, que me honró con tal encargo, pronuncié en el Teatro Xicoténcatl un discurso que tenía un triple objeto: celebrar por primera vez en México la Fiesta del Trabajo; realizar un acto de protesta pública del elemento obrerista contra los asaltantes del poder y señalar a la nación, cuáles eran los fundamentales principios de una reivindicación social que el pueblo reclamaba como una necesidad urgente.

Tal discurso, en que hacía alusión al movimiento revolucionario iniciado por usted en Coahuila, fue una arenga entusiasta en pro de nuestra libertad conculcada por la dictadura reinante, el inicio de nuestros anhelos libertarios, y un ataque a Huerta y sus secuaces, quienes reaccionando de inmediato expidieron órdenes de aprehensión en mi contra.

Felizmente pude evadirme de la policía huertista escapando a Veracruz. Ahí me embarqué para esta ciudad, de donde le escribo.

Si he hecho a usted, señor, la relación que antecede, es porque considero oportuno que tenga algunos antecedentes sobre mi persona por si considera conveniente, como se lo suplico, utilizar mis servicios en lo que usted determine.

Estoy a sus órdenes, respetado Primer Jefe, dispuesto a servir a la patriótica causa que usted inició y dirige, en lo que tenga a bien encomendarme.

Soy abogado y escritor; y como tal, quizá pudiera serle útil; pero siendo mi firme propósito el servir a la Revolución en cualquier actividad por modesta que ésta sea, usted podrá ocuparme, señor Carranza, como simple soldado si así lo determina.

Mañana salgo para Nueva York, donde espero recibir sus superiores instrucciones en la dirección que me permito indicarle al pie de esta carta.

Soy de usted, con todo respeto, su adicto correligionario y muy atento seguro servidor que le agradece por anticipado su respuesta."

ISIDRO FABELA

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.95-98.