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Siglo XX > 1970-1979 > 1977

Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 25. En la Casa del Obrero Mundial.
Octubre de 1977.

 

 

 

EN LA CASA DEL OBRERO MUNDIAL

MIS QUERIDOS COLEGAS Serapio Rendón y Jesús Urueta, me invitaron para que asistiera con ellos a la Casa del Obrero Mundial, que era un foco de conspiración obrerista. "Es preciso -me dijeron- que las nuevas ideas del proletariado se hagan oír en el Congreso y es conveniente también que nuestro grupo tenga el apoyo de los trabajadores." La calidad de mis invitantes y sus nobles propósitos, que coincidían con mis convicciones políticas, me hicieron acompañarlos varias veces, habiendo asistido a las interesantes reuniones clandestinas de la citada organización, a las cuales concurrían otros representantes populares, entusiastas propagandistas de la causa obrera, como Heriberto Jara, Rafael Pérez Taylor, Hilario Carrillo y otros más.

A Jesús Urueta, a Rendón y a mí comenzaron a espiarnos. Un agente secreto nos seguía por todas partes. Carrillo fue asesinado poco después, según entiendo, en Nuevo León. A Jara lo encontré escondido, el primero de mayo, en un hotelucho de las calles de Motolinía.

En la Cámara baja la oposición al Gobierno continuaba sistemática. Uno de los más tenaces en la gallardía del gesto, era Serapio Rendón.

Serapio era un yucateco garboso, que apenas pasaba de los cuarenta años. Alto de cuerpo y bien plantado; muy erguido siempre, sin afectación. Elegante, pulcro, sin pelo de barba y peinado casi al rape; rubicundo, de mirada leal y enérgica y de fisonomía peninsular. Su voz era gruesa y tronante, sobre todo en la tribuna donde adquiría sonoridades imponentes que vibraban en los oídos. Hablaba fácilmente y sin apresuramientos.

En su moral política, Rendón no era hombre de ondulaciones y vaguedades, sino rectilíneo y firme. Fiel a sus amigos Madero y Pino Suárez, los defendió en vida hasta que cayeron. Entonces marchó a Cuba de donde regresara impaciente e iracundo, a ser el azote de los victimarios.

Otros eran: el talentoso sin par, Luis Cabrera, el mejor orador político de la Cámara; el tribuno ateniense del Parlamento, Jesús Urueta; el luchador inteligente y tenaz Félix F. Palavicini; el valiente y agudo Miguel Alardín; el gallardo periodista tapatío Luis Manuel Rojas; el ilustre precursor revolucionario y gran poeta Alfonso Cravioto; el eminente jurista José Natividad Macías; los obreristas Hilario Carrillo y Heriberto Jara; el terco interruptor de los oradores huertistas, Adalberto Ríos; el enemigo incansable del régimen espurio, Crisóforo Rivera Cabrera; el viejo maderista Bordes Mangel, y el bravo escritor yucateco Antonio Ancona Albertos.

La persecución huertiana comenzó por la prensa. El Voto del valeroso periodista y compañero Navarro, fue clausurado y a los trabajadores que colaboraban con él los encarcelaron.

El mismo director del esforzado diario me dio la noticia en la Cámara, suplicándome que levantara mi voz en su favor para protestar por el atentado.

Inmediatamente pedí la palabra para denunciar el hecho ante la representación nacional, protestando contra los ultrajes a la prensa libre.

"He pedido la palabra, señores -dije entre otras cosas- porque considero un deber ineludible de Diputado independiente, interpelar al Ministro de Justicia sobre los atropellos que ha sufrido nuestro compañero periodista Navarro, precisamente cuando el Gobierno ha ofrecido, de un modo espontáneo, y, al parecer sincero, que habrá de respetar la justicia y que no pasará sobre los postulados de la Constitución de 1857.

"Yo, que estudié en la Escuela de Derecho con mi querido amigo, el Profr. Don Rodolfo Reyes, sé que la libertad de imprenta debe ser efectiva y que, según el Artículo 16 de nuestro Código fundamental, nadie puede ser molestado en su persona, papeles y domicilio, vengo a reclamar ante los representantes del pueblo que el articulado de nuestra Carta Magna sea respetado. Pues es indudable que la prensa tiene ahora una mordaza, a título de que esa mordaza es la salvación del país; lo que no debe ser, y no será."

Lo que estábamos haciendo los renovadores en nuestra pertinaz obstrucción y ataques a los usurpadores, era provocar su furia ya próxima al estallido.

Mientras se desarrollaban todos estos acontecimientos, el agente secreto que me perseguía desde mi primera visita a la Casa del Obrero Mundial, sin dejarme en paz, una mañana, al salir yo del Internado Nacional (Plaza de Miravalle), donde sustentaba la cátedra de Historia de México, cruzando con presteza la calle, y abordándome, me dijo:

¿Usted es el Diputado Isidro Fabela?

Sí, le contesté.

Tengo que hablarle, señor Lic.

Creí, naturalmente, que aquel hombre iba a aprehenderme; lo que no sucedió, sino algo inusitado. Lo invité a pasar a mi departamento.

Aceptó y adentrándose en mi saloncito recibidor, antes de tomar el asiento que le ofreciera, enseñóme su placa de agente de la policía reservada.

Está bien, estoy a su disposición.

Y cuando temía la frase odiosa: "Dése usted preso", me sorprendió con el más extraño de los discursos.

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.72-74.