1977
Mis memorias de la Revolución. Isidro Fabela. 1. Proemio.
Octubre de 1977.


 

 

 

PROEMIO

Por su propia naturaleza, las "memorias" son algo muy personal del escritor: forman parte de su ser, de sus sentimientos, ideas y carácter. Son un reflejo de su existencia misma que surge a la luz pública a través del recuerdo para vivir una nueva vida, la de la historia, que es una reconstrucción del pasado. Reviviré, pues, mis pretéritos días, con el ánimo no sólo de entretener a los lectores que gusten de esta clase de literatura episódica, sino de ser útil a los historiógrafos como actor o testigo que fui de la Revolución Mexicana.

Para que las "memorias" merezcan crédito necesitan ser espejo de la verdad. Por eso, siguiendo el consejo de Cicerón, en estas mías, no osaré decir nada falso, ni tendré temores de confesar lo verídico. Por lo cual declaro, que cuanto escriba será la verdad.

Por supuesto, bien comprendo que no ha pasado el tiempo necesario para que "la guerra civil entre los muertos" haya cesado; es decir, me doy cuenta de que las pasiones personalistas que se originaron durante nuestra Revolución perdurarán por algún tiempo. Ese tiempo será el que dure la vida de los revolucionarios que tomamos participación directa en la lucha, cuando ésta se dividió en varios bandos opuestos que contendieron entre sí al caer Victoriano Huerta.

Sé de antemano que tendré contradictores. Eso será lógico y humano, pues cada quien juzgará a su grupo y a su jefe y amigo, como el mejor, atribuyéndole la victoria de la causa común, o, al menos, el logro de objetivos los más importantes y trascendentes, lo que veré como natural y no me afectará en cuanto a mis propias convicciones, por dos motivos:

Primero, porque quienes actuamos personal y directamente en la Revolución y aún vivimos, somos ya pocos, y estos pocos hemos adquirido, con los largos e intensos años de nuestro discurrir, una honda experiencia y una calma clara, que nos permiten ver las cosas y las gentes del pasado a través de un cristal que ha ido perdiendo los colores de la parcialidad, tornándose más y más diáfano, y, por lo mismo, más justiciero.

Segundo, porque yo no escribo sólo para mis lectores del presente sino, antes bien, para los de mañana. Aquéllos que no habiendo sido beligerantes en nuestra guerra civil, recibirán mis relatos y juicios con el espíritu sereno y curioso de conocer esa época apasionante de nuestra vida nacional que siguió a la dictadura porfirista.

Es mi firme intención, porque así lo siento en las honduras de mi alma, la de ser lo más objetivo en cuanto a los hechos que refiero; y en mis apreciaciones lo más ecuánime posible respecto a las grandes figuras que tomaron parte en nuestra epopeya revolucionaria: Madero, Carranza, Obregón, Villa, Zapata, y sus lugartenientes o colaboradores civiles. Porque al correr del tiempo asentamos más y mas nuestros sentimientos, tornándonos, ya no en intransigentes fiscales, sino en tranquilos juzgadores de aquellos hombres que con sus cualidades y defectos representaron en la transformación política y social de nuestra patria un papel de importancia; no somos nosotros los indicados para juzgar definitivamente a nuestros personajes revolucionarios, sino la historia cuando disponga de los documentos y testimonios de primera mano que le permitan dar el veredicto final sobre acontecimientos y hombres que actuaron en nuestra Revolución.

Estas "memorias" pertenecen más a la anecdótica que a la historiografía, ya que, según Benedetto Croce, "siempre se consideró a la historia como algo más severo..." que los "recuerdos", "crónicas" y "apuntes".

Publicar estas reminiscencias, constituyen para mí un deber inaplazable, porque la vida es huidiza y cuando menos lo pensamos se nos va; e indeclinable, porque sólo nosotros mismos podemos escribir lo que hicimos o presenciamos, y nadie más en forma auténticamente personal.

La historia se hace con documentos y testimonios de los seres que realizaron los hechos que, con el tiempo, resultarán históricos. Si los actores o testigos de una Revolución no contribuyen con sus recordaciones y papeles a reconstruir el pasado en que intervinieron, ni aportan sus juicios explicando las causas de los acontecimientos sucedidos y los motivos que ellos mismos tuvieron para obrar como obraron; en una palabra, si por negligencia o por temor a la crítica se llevan a la tumba sus remembranzas, cargarán con una seria responsabilidad ante las generaciones venideras, las cuales, sabiendo que aquellos señores pudieron y no quisieron hacer lo suyo, los considerarán culpables de una inactividad que a nadie aprovecha y sí resulta en perjuicio de los anales patrios.

Yo no incurriré en ese error; y por ello doy a la publicidad estas Mis Memorias de la Revolución, que llevan en sus intenciones el ánimo de ilustrar el dramático período de nuestra vida política, convencido de que la generación presente y en particular la juventud tienen, lo sabemos bien, un palpitante deseo de acercarse más y mejor, al medio, a los personajes, a la justeza y a la anecdótica de la Revolución Mexicana.

Conozco que la obra del escritor se avalora según la pulcritud y llaneza de su estilo; procuraré, ante todo, ser sencillo en la forma y claro en el concepto para que se pueda aquilatar mi pensamiento.

Si tengo la facultad y buena suerte de lograrlo, habré conseguido un objetivo más: el de ser devoto de la pureza y sentido de nuestro idioma que por ser lengua tan bella, armoniosa y elegante nos impone que la admiremos, respetándola.

 

Fuente:

MIS MEMORIAS DE LA REVOLUCIÓN.
Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de JOSEFINA E. DE FABELA
Coordinador: ROBERTO RAMOS V. Investigadores: LUIS G. CEBALLOS, MIGUEL SALDAÑA, BALDOMERO SEGURA GARCÍA.
EDITORIAL JUS, S. A. MÉXICO, 1977. pp.9-11.