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Cartas al Presidente Cárdenas. Carta 21. La situación en Alemania.
Ginebra, 17 de septiembre de 1939.

 

 

CARTA NUM. 21

Ginebra, 17 de septiembre de 1939.

La situación en Alemania.

Alemania entra en la guerra en una situación económica desastrosa. El Reichbank, que tenía en 1937 a 1938 aproximadamente dos mil millones de marcos oro como reservas para afrontar el porvenir, ahora está en bancarrota. Y esto a pesar de sus conquistas, que le produjeron sumas considerables.

Se dice que de los bancos austríacos Hitler retiró 400 millones y que en Praga se apoderó de 600 millones.

Pero hay más, necesitando acumular una colosal cantidad de armamentos y pertrechos de guerra para poder realizar sus designios imperialistas, fué exprimiendo al pueblo alemán en forma constante y progresiva hasta el grado de dejarle en el más precario estado financiero.

Una drástica ley ordenó a los tenedores de divisas extranjeras que las cambiaran por marcos, al tipo fijado por el Banco del Estado. No contento con esto, y sabiendo que todavía existían muchos poseedores de divisas que ocultaban sus últimas reservas, dictó un decreto que prevenía la entrega inmediata de todo valor, oro o divisas, bajo pena de muerte. Y como esta sanción se llegó a aplicar en varios casos, los dueños de esos valores tuvieron que entregar hasta su último pfenning. Todo para comprar las materias primas indispensables que alimentaran las fábricas de armas y parque. Además, se aumentaron los impuestos en un 50 por ciento para poder equilibrar los formidables gastos de guerra con el presupuesto de ingresos.

Los judíos fueron despojados de sus inmensas fortunas, nada más por el hecho de ser hebreos, también con el mismo objeto.

Por último, cuando el doctor Schacht dejó la dirección del Reichbank fué porque no quiso aceptar la inflación considerable que se le ordenó llevara a cabo y que se ha realizado ya. Se crearon los "bonos de impuestos", que se reciben en pago de contribuciones y de negocios con un descuento del 12 por ciento. Estos bonos están siendo en Alemania lo que fueron en Francia los famosos "asignados".

A la hora presente ya no hay reservas en el Banco del Reich, de manera que la compra de materias primas para la vida del pueblo y para la alimentación de las fábricas armamentistas, no se sabe cómo se hará.

Las importaciones han bajado extraordinariamente, lo mismo que las exportaciones. Los comerciantes no hacen operaciones, porque la mayoría están movilizados y porque los que aún pudieran traficar no lo hacen, pues con el dinero no se puede comprar gran cosa, pudiendo decirse que, en realidad, el comercio está paralizado.

La situación de los trabajadores es cada día peor; sus salarios han ido bajando desde hace tiempo y en cambio sus horas de labor han aumentado hasta exigírseles diez y doce horas diarias.

Las fuentes principales de su abastecimiento eran sus actuales enemigos y ambas Américas, sobre todo los Estados Unidos. En adelante esas puertas están cerradas para Alemania. Le quedarán Rusia y los países que ha sojuzgado recientemente. El suministro comercial de la U. R. S. S. al III Reich quizá no se haga en grandes cantidades ni de todos los artículos que Alemania necesita.

Además, dos circunstancias deben tenerse en cuenta respecto a la ayuda material del Gobierno de Moscú al de Berlín: primera, la duda de si el Pacto de no agresión entraña también una alianza sincera; segunda, si Stalin ha querido permanecer al margen del conflicto para intervenir en Europa realizando la Revolución social en contra también del nazismo. Si es así, como es probable, dados los designios ocultos del comunismo, entonces el crédito abierto en Moscú a Hitler no constituirá un apoyo de tal manera vigoroso que compense a Alemania de la falta de sus mercados de la ante-guerra.

Por otra parte, los países sometidos al Reich podrán entregar algunas materias primas, siempre por la fuerza, a su conquistador, pero no todas y en poca cantidad. Esto sin contar con que las mismas naciones oprimidas necesitarán para su propia vida lo indispensable.

***

Los efectos de esta deplorable situación se dejan ya sentir en Alemania.

Dos compatriotas nuestros, funcionarios del Gobierno, acaban de llegar desde Hamburgo y Berlín a esta ciudad. Complementando las informaciones de entrambos podría resumirlas como sigue:

Todos los artículos de primera necesidad están racionados; para abastecerse de ellos es preciso presentar en los almacenes respectivos tarjetas de distribución que, naturalmente, permiten una cantidad pequeña de gramos de cada cosa, pudiendo decirse que ninguna puede adquirirse en cantidad normal. De mantequilla pueden obtenerse 90 gramos a la semana; de leche, 200 gramos por día. Los huevos y la carne se han agotado o no se venden a los particulares. Pescado fresco no hay, pudiendo sólo adquirirse en latas y con tarjetas. El pan blanco no existe. Sólo se vende pan negro y también racionado.

Para recoger sus alimentos los habitantes de Berlín tienen que hacer colas, a veces muy largas, esperando que les toque su turno para comprar sus mercancías; y cuando alguna persona, hombre o mujer hace manifestaciones de protesta, es inmediatamente conducida a la cárcel por los policías privados que pululan por doquier. Porque en toda la extensión del III Reich nadie debe expresar descontento de ninguna especie y por ningún motivo; todo el mundo tiene la obligación de obedecer y callar.

En los restaurantes el servicio es pésimo. Después de media hora de espera los camareros presentan el menú del día, que contiene una lista de cosas para escoger; pero cuando el cliente comienza a elegir el mozo va diciendo, de cada cosa, que se ha acabado. Nuestros compatriotas, después de cerciorarse de que era lo mismo en todos los restaurantes, ya no pedían el menú, sino que preguntaban desde luego qué platillos había y en esta forma tomaban lo que se les daba, que era generalmente una sola cosa en todas partes, con pequeñas variantes.

Prácticamente las medias se han acabado en Alemania. La esposa de uno de nuestros compatriotas trató de comprar en Hamburgo y Berlín unas medias; después de entrar a muchas tiendas se convenció de que era cierto lo que le habían dicho en una y ratificado en otras: que la existencia se había agotado. Cada habitante del Reich tiene derecho a dos camisas al año, nada más, y así por el estilo.

Lo que quiere decir que la situación económica del III Reich al comenzar esta guerra es comparable a la que tuviera Alemania en la pasada conflagración después de tres años de hostilidades. ¿No es éste el indicio de un porvenir trágico?

Evidentemente, pues no hay que olvidar que en 1918 se rindieron los ejércitos del kaiser, no por haber sido vencidos militarmente, sino por inanición.

Por supuesto que es la población civil la que sufre principalmente las consecuencias de esta crisis bélica, pues para alimentar lo mejor posible a los soldados es preciso reducir la ración a los demás. Pero como es lógico, si el abastecimiento futuro se dificulta, también los militares sufrirán poco a poco las consecuencias de tal penuria, y entonces puede repetirse el hecho que ocasionó el principio del fin en la guerra anterior, es decir, el descontento, la insubordinación y quizá las rebeliones aisladas o colectivas.

***

En todo caso Hitler no podría, en tales condiciones, resistir una guerra larga. Para salvarse necesitaría triunfar en una lucha corta. ¿Pero será esto posible? Difícilmente, porque decididas las grandes potencias democráticas a jugarse el todo por el todo, y contando Francia con el mejor ejército terrestre del mundo y la Gran Bretaña con la mejor armada existente, y teniendo los aliados las puertas abiertas de la mayor parte de los países de América y algunos de Europa, y disponiendo, además, de una reserva formidable de oro, divisas extranjeras y créditos que les permitirán resistir largo tiempo, son ellos los que tendrán mayores probabilidades de éxito.

Para que las democracias fueran aplastadas en una contienda corta sería preciso que después de su fácil triunfo sobre Polonia, el ejército alemán de tierra y del aire se precipitara como una avalancha sobre Francia e Inglaterra, arrasando París, Londres...; pero esto no sería creíble, como he dicho a usted en carta anterior, sino con la ayuda de Rusia y de Italia, y sólo en el caso de que los Estados Unidos y los países latinoamericanos, cada uno dentro de sus posibilidades, no vinieran en auxilio de las democracias y de la libertad.

 

Fuente:

Isidro Fabela. CARTAS AL PRESIDENTE CÁRDENAS. Offset Altamira. México, 1947. pp.232-238.