1939
Cartas al Presidente Cárdenas. Carta 20. El imperialismo prusiano y el pangermanismo de Adolfo Hitler.
Ginebra, 17 de septiembre de 1939.


 

 

CARTA NUM. 20

Ginebra, 17 de septiembre de 1939.

El imperialismo prusiano y el pangermanismo de Adolfo Hitler.

La situación actual de Alemania y la provocación de la guerra por parte de Hitler no es el resultado exclusivo de las conquistas del Führer en Europa, sino la consecuencia de una enfermedad reinante en ese país: el imperialismo germánico. Ese mal no es nuevo; proviene del pan-germanismo, que tenía ya sus teorizantes en el siglo XVIII y fué acentuado a fines del XIX. A su vez el pangermanismo se inició en la política militarista del Estado prusiano. Fueron los prusianos los que poco a poco, pero de un modo metodizado y persistente, hicieron del pueblo alemán una nación militarista.

"El prusianismo -ha dicho el profesor Sarolea, de Edimburgo- no es la continuación, sino la interrupción de la historia de Alemania; el prusianismo es un episodio trágico, un intermedio."

Sí, un intermedio que después de causar el cataclismo actual precipitará al pueblo germánico en la miseria y el caos, arrastrando quizá a ese caos al resto de Europa.

El nefasto imperialismo nazi no es la continuación de la historia de la admirable patria de Goethe, de Beethoven, de Heine, porque la gran mayoría de ese pueblo culto y laborioso no simpatizaban en el fondo de su conciencia con la casta militar, pero no se oponía a ella por sobra de disciplina y falta de carácter.

Por eso el gran dramaturgo Bjornson ha dicho con justeza, que el destino ha querido que Alemania tuviera, por una parte, hombres de rica cultura pero sin voluntad; y, por la otra, hombres fuertes de voluntad y sin cultura.

Desgraciadamente, los tipos de volición más vigorosa pero menos cultivados fueron los que dominaron ese país desde Bismarck hasta ahora. Porque Bismarck es el gran culpable del idealismo de la fuerza sustituyéndose al derecho.

Las ilusiones del clásico germano que sólo pensaba en cultivarse refinando su espíritu hasta los más altos planos de la ciencia y el arte, ese prototipo muy generalizado antes del Canciller de Hierro, fué siendo batido lentamente por la política activa del Estado Mayor alemán, que consideraba que el porvenir de su país estaba en dominar a Europa en la guerra inevitable, necesaria, deseada.

Para preparar la Alemania actual, los hombres del pasado fueron inculcando en la escuela, en los libros y en la prensa, a cada ciudadano, ideas falsas e injustas, modelando así el alma de un nuevo espécimen humano que nació ya con errores de criterio, consistentes en creer en la conquista bélica como el ideal y el porvenir de la nación.

"El vicio de la nueva Alemania es su idolatría por la guerra -dice Foerster-, su fe absoluta en los pretendidos beneficios de la violencia, la costumbre de presentar como irrisorio el Derecho de gentes y la cobardía humanitaria (1)."

El autor de esta gran verdad es un distinguido intelectual berlinés, profesor de Filosofía de la Universidad de Munich, que afirma que "su patria puede rehabilitarse y tener en el mundo un lugar honorable y útil si consiente en su purificación moral, que consistirá en reconocer por verdadero lo que es verdadero".

Porque como dijera el consejero de Embajada alemán, E. Cardstein: "Jamás aún en la Historia del mundo, pueblo alguno ha escuchado tantas mentiras como el pueblo alemán engañado por sus dirigentes." Y de allí su criterio equivocado, su tendencia dominadora, su espíritu belicoso, su ruina moral. Porque es evidente que el hombre que llega a pensar en que sólo puede ser feliz dominando al extranjero por la fuerza de las armas ha caído en un trascendental error que forzosamente le conducirá a la infelicidad. Es la dominación del carácter sobre el sentimiento y la inteligencia, lo cual, dentro de la civilización moderna, no significa otra cosa que una regresión.

La psicología de esos hombres no es en verdad como la del común de los mortales que dan al sentimiento un considerable lugar en su vida de relación. Por eso concluye Foerster con esta profecía terrible: "Los sentimientos de humanidad no son puras consejas: ellos son más bien como un órgano vital. El pueblo que posee este órgano será preservado por él de considerar a los otros pueblos como inexistentes o como debiendo servirle solamente de presa. De la atrofia de este órgano el mundo prusiano perecerá algún día."

Para pintar la idiosincrasia de esa rara personalidad existente sólo en Alemania, transcribo la interesante pintura hecha por una hija del que fuera ministro de Prusia en Londres, María von Bunsen (2): "Esta nueva Alemania no está desprovista de ideal, pero su ideal es egoísta y limitado. Tiene poca simpatía por la devoción desinteresada y por la aplicación paciente, a menudo tan mal pagada, de los sabios alemanes, por la ciencia. Se consideran extranjeros a todo lo que es noble, verdadero y bello, mientras no vean una utilidad directa o indirecta para ellos mismos. Dignidad humana, amor al prójimo, justicia, benevolencia, piedad, fe en un progreso moral, todo esto es para ellos pernicioso o ridícula fraseología. En su manera de presentarse, de expresar su opinión, son siempre arrogantes. Jamás han tenido la discreta reserva que denota una antigua y superior cultura. Se les reconoce por su exterior mismo...; sus gestos tienen una expresión dura y en toda su persona se ve que carecen de gusto, de bondad delicada."

Para que se vea que estas líneas no son aisladas citaré a usted lo que en 1831 decía el célebre pensador Edgar Quinet: "El hecho que se ha cumplido hoy en Alemania es la caída del espiritualismo. Esta Jerusalén celeste se precipita en el abismo. Ninguna mano puede retenerla."

"Hasta la hora presente el despotismo prusiano ha sido violento, inicuo y no se ha preocupado de ser falso. Se ha servido de armas abiertas: la audacia, la temeridad, el desafío."

"Si el despotismo prusiano toma un día la máscara de la libertad y de la democracia podéis decir para siempre adiós a lo que habéis conocido de la vida alemana: probidad de la inteligencia, penetración, grandeza de espíritu, genio, gloria. Todo desaparecerá, todo se ahogará en la confusión del bien y del mal, de lo verdadero y de lo falso (3)."

Para darse cuenta exacta de que no son aislados estos pareceres, transcribo a continuación las declaraciones de importantes personajes alemanes directores de la política militarista de su país:

En mayo de 1896, R. Martín, alto funcionario del Ministerio de Negocios Extranjeros de Alemania, publicó en el "Anuario Prusiano" (Preussusche Jahrbücher) un artículo en que decía: "La situación general hace prever la guerra generadora de todo lo que es grande."

En el mismo año, un artículo del "Grenzboten" definió así las líneas directrices de la política germánica: "Nosotros proclamamos que si el bien de nuestra patria exige la conquista, la esclavitud, el aniquilamiento de los pueblos extranjeros, ningún escrúpulo cristiano ni humanitario nos deberá detener".

El 25 de enero de 1913, el "Jungdeutschlandpost" declaraba: "La guerra es la manifestación más noble y más santa de la actividad humana. Para nosotros también la hora solemne y dichosa de la batalla sonará un día... Sí, será una hora de alegría que tenemos el derecho de invocar secretamente. Nosotros no deseamos la guerra como fanfarrones por el placer de blandir nuestros sables, sino que el gusto y la necesidad de la guerra deben subsistir en el fondo de un corazón alemán. Desprecio a los castrados que nos repiten gimiendo que la guerra es horrible. No, la guerra es bella. Su noble grandeza eleva el corazón del hombre por encima de las vulgaridades de la existencia cotidiana."

El "Berliner Post", el 28 de enero de 1912, escribía: "¿Cuáles son los hombres que dominan la Historia de la humanidad? ¿Cuáles son aquellos hacia quienes va el más profundo amor de los alemanes? ¿Serán Goethe, Schiller, Wagner, Karl Marx? No, son Federico Barbarrosa, Federico el Grande, Blücher, Moltke, Bismarck, los hombres de sangre. A estos hombres que no tienen miedo de sacrificar a millares de existencias va la adoración reconocida, la ternura más profunda de nuestro pueblo... ¿Qué espera nuestro pueblo para sacar las lecciones del pasado? Cada uno lo sabe, toda la nación lo siente: sólo la ofensiva puede salvarnos."

El pan-germanismo, del que Adolfo Hitler se ha constituído en paladín, tiene, como dije antes, viejas raíces en el espíritu prusiano de antaño. Arndt escribía:

"Todos los países donde se habla la lengua alemana son alemanes; pongámonos a la obra para unirlos. Esto nos dará el poder con que nosotros soñamos."

Y Federico Naumann, por su parte, afirmó:

"La Historia enseña que el progreso general de la cultura no es posible sino por la supresión de la libertad nacional de los pequeños pueblos. La Historia ha decidido que hay naciones conductoras y naciones conducidas, y que es difícil querer ser más liberal que la Historia misma."

El famoso general von Bernhardi, en su libro "Alemania y la próxima guerra", daba este consejo a los políticos del kaiser: "Buscad querella a Inglaterra y a Francia en sus colonias para poner en movimiento la guerra inevitable."

Y de Class, presidente de la Alianza Pangermanista, expresaba lo siguiente: "Francia, esta nación en agonía, la podemos vencer de manera que no se levante jamás; eso es lo que debemos hacer. Y si la suerte nos es favorable, haremos de Inglaterra un Estado insular inofensivo (4)."

Con estas citas que se podrían multiplicar copiosamente, se puede llegar al convencimiento pleno de que la guerra actual ha sido el producto de una vieja preparación militarista que fué transformando poco a poco el espíritu alemán, sensible a la cultura, a la belleza, a la misericordia y a la bondad, en una alma hecha para las empresas de la dominación por medio de la fuerza, con desprecio del sentimiento y del Derecho.

Digo esto haciendo la reserva de que nos referimos a la casta pan-germanista, descendiente del imperialismo prusiano, y no al buen pueblo alemán, víctima de sus propios gobernantes, que será el sacrificado en la actual contienda, en la que, aunque triunfe su país, caerán para siempre millones de seres útiles y realmente inocentes.

 

(1)   Friedrich Wilhelm FOERSTER: "L'Europe et la question allemande ".

(2)   Marie von BUNSEN: "Georg von Busen, ein Charakterbild sum dem Lager der Besiegten".

(3)   "Revue des deux Mondes", 1936.

(4)   FOERSTER. ob. cit.

 

Fuente:

Isidro Fabela. CARTAS AL PRESIDENTE CÁRDENAS. Offset Altamira. México, 1947. pp.224-231.