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Cartas al Presidente Cárdenas. Carta 17. Invasión de Polonia.
Ginebra, 9 de septiembre de 1939.

 

 

CARTA NUM. 17

Ginebra, 9 de septiembre de 1939.

Invasión de Polonia.

Después de que los ejércitos del Reich, sin declaración de guerra y con toda premeditación, invadieron Polonia y avanzaron en el interior del país, desde la Prusia oriental, hacia el sur, y desde su frontera oriental, casi en todos sus límites con Polonia, hacia el poniente, habiéndose apoderado desde luego de la ciudad libre de Danzig y en pocos días más del "Corredor", teniendo actualmente en su poder las siguientes ciudades importantes: Bydgoszcz, Posen, Lodz, la ciudad santa de Czestochowa, la antigua de Cracovia, Radon, etc., hasta llegar a las puertas de Varsovia, que en estos momentos resiste heroicamente un formidable ataque de fuerzas terrestres motorizadas y aéreas.

El Gobierno, después de haberse instalado algunos días en Lublin se traslada, según parece, a un lugar cercano a la frontera de Rumania.

De manera que como ciudades importantes, aparte de la capital, el Gobierno polaco controla todavía: Lublin, que está siendo ya asediada, Przemysl, Lemberg (Lwow y Bres-Lytovsk), dominando aun una extensión territorial que corresponde, aproximadamente, a las dos terceras partes de la República.

Es decir, que los designios alemanes se están cumpliendo al pie de la letra, excepto en cuanto al tiempo. El Estado Mayor germánico declaró al iniciar su ofensiva que en ocho días dominaría Polonia. La exageración, según lo demuestran los hechos, es notoria, pero, de todas maneras, el avance del ejército agresor ha sido muy rápido por no haber encontrado seria resistencia hasta Varsovia, que, en el día de hoy, ha sido víctima de nutridos ataques aéreos efectuados por setenta y cinco aviones de bombardeo. La matanza de inocentes y la destrucción de la arcaica y bella ciudad eslava, han de ser terribles. Y lo que es más lamentable en este caso es que los aliados de Polonia, Francia y la Gran Bretaña, no pueden ayudar directamente a las tropas del mariscal Smigly-Ridz.

En tan duro trance los mismos polacos afirman que sólo con la ayuda de Dios y de Francia pueden triunfar; pero luego agregan que, por su malaventura, "Dios está muy alto y Francia muy lejos". Y así es: los ejércitos franceses y británicos no pueden auxiliar, al menos por ahora, a las víctimas de Hitler, sino de un modo indirecto, atacando, los ingleses, por mar, a la flota alemana, y los franceses, por tierra, la región del Sarre, con el fin de atacar la línea Sigfried, que es en estos momentos el objetivo del generalísimo Gamelin.

Los avances del ejército francés en esa región parecen ser considerables, no desde el punto de vista de la extensión del terreno conquistado, sino de las posiciones estratégicas tomadas.

En la lucha actual, por lo que se refiere a la frontera franco-alemana, no se trata como en la vez pasada de una guerra de movimiento, sino de posiciones; y en este sentido son importantes la ocupación del bosque de Warndt, al oeste de Forbach, y la entrada, por primera vez desde la guerra del 14, de los ejércitos franceses en territorio enemigo.

Las contra-ofensivas alemanas en el Sarre no han podido rectificar las conquistas francesas, que parecen día a día agrandarse.

Todo esto es la consecuencia del empuje nazi en la República polaca, que está resistiendo en estos momentos el ataque de un formidable ejército enemigo. Pero es lógico suponer que, una vez dominada Polonia militarmente, buen número de divisiones serán enviadas a la línea Sigfried para no dejar pasar a los franceses de ahí, pues si tal no sucediera, esto es, si los aliados lograran destruír o pasar las formidables fortificaciones opuestas a la línea Maginot, la situación militar, y consiguientemente la política, se agravarían para Hitler. Pero por supuesto, si los polacos continúan defendiéndose con bravura heroica en Varsovia, los planes del Estado Mayor alemán quizá se modifiquen, distrayendo divisiones de ese frente para fortalecer la defensa de la línea Sigfried.

Según los expertos militares, aunque la capital sucumba, la conquista de todo el país puede ser tarea ardua, por la inmensa extensión de bosques y pantanos que tendrían que ocuparse para realizar la completa dominación del Estado.

El factor tiempo puede también favorecer la defensa polaca, porque, llegado el invierno, el avance se hará más y más duro.

De todas maneras el éxito de los ejércitos de Hitler debe considerarse como notable, pues ha conseguido en unos cuantos días lo que a las tropas del kaiser les costó en la guerra del 14 cerca de un año de cruenta pelea contra los rusos en el mismo terreno.

***

Rumania, en medio de esta apretada situación polaca, declaró su neutralidad, una neutralidad benévola seguramente, que ayudará como pueda a sus vecinos, pues sabe de fijo que si Polonia es vencida ella sería la segunda víctima.

Es decir, que en el momento oportuno el Gobierno del rey Carol declarará la guerra a Alemania; pero ese instante no ha llegado todavía. Cuando los alemanes tengan conquistado casi todo el territorio frontero a Rumania habrá llegado el momento de defenderse de la segura invasión de Alemania, pues el Estado Mayor de Berlín ha de codiciar en gran manera las riquísimas regiones petroleras de aquel país.

Una vez Rumania dentro del grupo de naciones aliadas, Francia e Inglaterra podrían, eventualmente, ayudar a Polonia por el puerto de Constanza, en el Mar Negro, siempre que contaran con el paso libre por los estrechos de Gallipolis y el Bósforo, para lo cual sería necesario que Turquía ratificara el reciente Tratado que celebró con Francia. Esto es, si Turquía por temerosa conveniencia política, y queriéndose ir "a la cargada", como decimos en México, esperara el curso de los acontecimientos para decidirse por Alemania o por los aliados, su resolución significaría un problema muy serio para unos y otros, problema que se resolverá pronto forzosamente.

De todas maneras son todavía una incógnita, al menos para el público, si no para las Cancillerías, las actitudes de Rumania, Turquía, Bulgaria, Yugoeslavia y Grecia. Y claro, las de Italia y Rusia, que merecen un capítulo aparte.

 

Fuente:

Isidro Fabela. CARTAS AL PRESIDENTE CÁRDENAS. Offset Altamira. México, 1947. pp.205-209.