1939
Cartas al Presidente Cárdenas. Carta 13. Riquezas de Checoeslovaquia que gana Hitler. Potencia militar de la U.R.S.S.
Ginebra, 18 de marzo de 1939.


 

 

CARTA NUM. 13

Ginebra, 18 de marzo de 1939.

Riquezas de Checoeslovaquia que gana Hitler. Potencia militar de la U. R. S. S.

La situación europea se agrava día a día. Intempestivamente puede desencadenarse la tragedia tan temida, que significará el aniquilamiento de la civilización occidental.

Tales circunstancias me inducen a informar a usted, urgentemente, de los últimos acontecimientos europeos, de las consecuencias que, a mi juicio, pueden ocurrir y de la eventual actitud que México pudiera asumir en el conflicto ante la Sociedad de las Naciones.

Como usted lo sabe ya seguramente, por las nutridas informaciones que han esparcido al mundo las agencias cablegráficas de información, el día 13 del actual, el Gobierno eslovaco proclamó su separación e independencia del Estado checoeslovaco. El día 14 Hitler llamó a Hacha, Presidente de la República checa, ya amputada, a Berlín, para obligarlo a aceptar la subyugación de su país al Führer, quien se constituyó en "protector" de la Bohemia y Moravia, las dos únicas provincias a que se redujo el sacrificado país checo. Al propio tiempo, el regente Horthy, de Hungría, presentó a la Rutenia un ultimátum conminándola a que le entregase todo el territorio comprendido en la llamada Rusia subcarpática; ultimátum que no habiendo sido aceptado por el Gobierno ucraniano, provocó un conflicto armado, sin declaración de guerra, conflicto que continuará su curso, constituyendo una seria amenaza directa para la paz de Rumania, Polonia, Yugoeslavia y Rusia, e, indirecta, para el resto de Europa.

Estos hechos históricos son la más formidable acusación contra la equívoca política internacional seguida por Francia y la Gran Bretaña, frente a frente del brutal imperialismo fachista.

La paz a todo trance comprada en Munich al precio injusto y torpe del primer sacrificio de Checoeslovaquia, preparó fatalmente el camino de las subsiguientes y fáciles conquistas alemanas.

Es verdaderamente increíble, señor Presidente, que los estadistas que fueron a Munich no hayan tenido la visión política elemental para comprender que entregando la región sudetina al III Reich, estaban entregando la suerte de la patria de Mazarick en las manos de la tiranía de Berlín. No podemos comprender cómo Chamberlain se pudo obcecar en la absurda convicción de que cediendo a las imposiciones alemanas, satisfaría las ambiciones de Hitler, asegurando la paz. Y no podemos comprender tampoco cómo el Gobierno francés se avino a faltar a sagrados compromisos internacionales, dejando sola a su aliada Checoeslovaquia, que pudo haber sido, en la guerra inevitable de mañana, su mejor adalid en la Europa Central.

Aquellos estadistas trataron de justificar su errónea conducta asegurándose a sí mismos que ni Inglaterra ni Francia estaban preparadas para la guerra. Lo cierto es -según afirma gente responsable- que el ministro de Relaciones, Bonnet, dió al Gobierno inglés un informe contrario a la verdad: dijo que el Estado Mayor francés había declarado no estar en condiciones de resistir al ejército alemán, siendo así que el generalísimo Gamelin declaró lo contrario. Lo cual quiere decir que si la Gran Bretaña y Francia no se hubieran sometido a los caprichos del Führer, una de estas dos cosas hubiera sucedido: o que Hitler, al ver que no se aceptaba su chantaje de la guerra hubiera aceptado el statu quo de entonces en la región sudetina, en cuyo caso Checoeslovaquia habría seguido siendo independiente y conservado su fuerza intacta como potencia militar de segundo orden; o bien que Francia, haciendo honor a su tratado de alianza con Checoeslovaquia, y la Gran Bretaña fiel a sus compromisos políticos con el Gobierno francés, habrían ido a la guerra en mucho mejores condiciones que ahora.

Entonces, en efecto, las potencias democráticas habrían contado desde luego con el magnífico ejército checoeslovaco, el mejor de la Europa Central; con las muy buenas defensas estratégicas naturales y artificiales de la región sudetina (la linea Maginot checoeslovaca); con las poderosas fábricas de armas Skoda, que ahora son alemanas; con 1,500 aeroplanos de caza y bombardeo que han pasado al Reich, y con la ayuda de todo un pueblo que se encontraba en las mejores condiciones morales, políticas y guerreras para defender su integridad territorial. Además, a la causa de las democracias se hubieran agregado, quizá, Rumania, Yugoeslavia, Polonia y tal vez Hungría, países que sumados a Rusia y a la efectiva ayuda material de los Estados Unidos, habrían muy probablemente asegurado la derrota del fachismo.

Ahora la situación es muy diferente: con la subyugación de los sudetinos, de los checos, de los eslovacos, de los húngaros y de los ucranianos, que fácilmente serán dominados por el Führer, Alemania habrá aumentado su población hasta cerca de 100 millones de hombres; no tiene ya frente qué defender en Checoeslovaquia, ni en Austria, ni en Hungría; tiene a su disposición flamantes elementos de guerra que han venido a aumentar su ya formidable ejército, y está en condiciones de amagar y quizá de someter a su insaciable despotismo a Rumania, a cuyas puertas se encuentra ya prácticamente, para abastecerse, por las buenas o las malas, del elemento primordial para la guerra, el petróleo, que sólo Rumania pudiera darle en caso de bloqueo.

El balance de las principales riquezas adquiridas por Alemania en Checoeslovaquia es considerable: 500 millones de coronas oro; las fábricas Skoda de material de guerra, las más grandes después de las de Krupp, con 42,000 obreros; la fábrica de calzado Bata, la mayor de Europa, 20 a 30 millones de pares anuales; la más grande cervecería del mundo, la Pilsen; la fábrica de aeroplanos Avia, con una producción hasta de 500 aparatos por año, una industria química compuesta aproximadamente de 700 empresas, con 62,000 obreros; veintiún fábricas de cerillos; sesenta de papel; cincuenta de pasta de celulosa; 960 destilerías de alcohol; la fábrica de textiles Kosmanoky; la de automóviles Luarin-Klement; las fundiciones Wittcowitz, con 35,000 obreros, con una producción anual de 750,000 toneladas de acero, 600,000 de productos laminados y 2,000 toneladas de fundición por día, etc., etc.

Además, una importantísima producción agrícola que rendirá anualmente al Estado alemán: diez millones de quintales de trigo; trece de centeno; doce de cebada; trece de avena; tres de maíz; sesenta y cuatro de patatas; sesenta y dos de azúcar de remolacha; ciento veintidós de diferentes forrajes; cuatro y medio millones de cabezas de ganado vacuno; un millón de ganado lanar; más de un millón de cabrío, dos millones de porcinos; cerca de un millón de caballos; dieciséis millones de gallinas; dos de gansos; y luego, oro, plata, grafito, cobre, caolín, pirita, sal gema. A esto deben agregarse cinco millones de hectáreas de bosques, con el 75 por ciento de pinares.

Mirando el mapa político de la Europa presente y analizando las estadísticas de la Gran Alemania de hoy y de la anterior a Munich, se comprende palmariamente que Francia e Inglaterra habrían hecho la guerra, en septiembre último, en mucho mejores condiciones que ahora.

Pero los hechos anteriores están ya consumados, y la situación que por sus errores políticos y diplomáticos se han creado las democracias europeas es irremediable. Ahora, lo que tienen que hacer después de aquilatar la trascendencia de la trampa en que cayeron en Munich, es reaccionar pronto y enérgicamente para salvar su vida de Estados independientes, sus vastos imperios colaniales y la ideología democrática, de la que son portaestandartes en el universo.

Por fortuna, usted conocerá ya las reacciones que provocara el último atentado cometido por Hitler: En el Gobierno, en la prensa y en el pueblo de Inglaterra y de Francia la indignación ha sido extrema y ha suscitado inmediatamente medidas saludables: el rearme británico se intensificará, lo que es ya mucho decir, el Parlamento francés ha concedido a Daladier plenos poderes que lo autorizan para proveer a la defensa militar y económica del país en forma acelerada, habiéndose creado ya dos ministerios más, el de Armamentos y el de Propaganda. La Gran Bretaña ha propuesto a Rusia una alianza militar en la muy posible guerra próxima, alianza que, de efectuarse, constituiría un poderoso bloque de grandes potencias contra Alemania. Desgraciadamente, la U. R. S. S., en vez de aceptar tal alianza, ha propuesto una Conferencia internacional entre las potencias interesadas, contra Alemania, la que a su vez la Gran Bretaña considera prematura. Francia gestiona con Rumania probablemente una alianza militar y con Polonia vivifica su antiguo tratado de defensa y ofensa que en estas últimas fechas estaba siendo minado por la política de Berlín, que parecía estar conquistando al Cor. Beck.

Felizmente, la actitud inconsulta de Hitler ha provocado en los Estados Unidos la más profunda indignación, por lo que no dudo de que en caso de guerra las grandes potencias occidentales cuenten con la vasta ayuda material de la Unión Americana y quizá más tarde con su intervención bélica.

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Yo sigo creyendo, señor Presidente, ahora más que nunca, que la guerra, por desgracia, es inevitable. Usted recordará que ésta ha sido siempre mi opinión. No veo cómo pudiera evitarse; pero en fin, qué dichoso me sentiría en equivocarme de medio a medio. En realidad estamos ya en un estado de pre-guerra; no de otro modo puede considerarse el retiro de los embajadores francés e inglés de Berlín, ni las protestas que el Quai d'Orsay y Downing Street enviaron al Gobierno alemán con motivo del inicuo crimen internacional checoeslovaco.

¿Cuándo y cómo se iniciará la pavorosa conflagración? Imposible preverlo, porque el agresivo Hitler ha lesionado tantos intereses y herido tantos espíritus que las reacciones defensivas y aun las ofensivas pudieran estallar en los Cárpatos invadidos por los húngaros; en Rumania, cuyo petróleo necesita Alemania para hacer una guerra de resistencia; en Polonia, encerrada entre las implacables tenazas teutonas, con las cuales el terrible cirujano que las maneja intentaría recuperar Pozen y Danzig; en Eslovaquia, engañada y sometida prácticamente a Berlín; en la brava Servia, también en peligro; en Gibutí o Túnez, expuestas a un golpe de mano fascista, o en España, donde la incógnita de Franco, en sus relaciones con Italia y Alemania, no se ha despejado...

Se dice que Hitler ha enviado un ultimátum al Gobierno de Bucarest conminándolo a que sincronice su vida económica de acuerdo con las necesidades vitales germánicas. Si esto es cierto, la "aktionen" alemana (como llama Hitler a sus conquistas), iniciándose en Rumania, continuaría quizá en Polonia y Yugoeslavia. ¿Tolerarán todo esto Rusia y las grandes potencias occidentales? Si lo permiten, la paz actual se prolongaría pero en perjuicio de Francia y la Gran Bretaña, de Rusia y Polonia y de la propia Rumania. ¿Por qué? Porque entonces la fuerza del Reich se aumentará con el trigo y los hidrocarburos rumanos, a tal punto que quedaría en condiciones de afrontar, con muchas probabilidades de éxito, la segunda Gran Guerra contra el resto de Europa.

Nosotros no dudamos de tan funesto resultado si el Gobierno del rey Carol cae en las garras financieras de Alemania, porque después de su sumisión económica al Reich, la militar vendría después con la misma facilidad que vino en Checoeslovaquia después de Munich.

Ahora bien, sojuzgada Rumania, Polonia también quedaría a merced de los alemanes si Rusia y las grandes potencias democráticas no acuden en su auxilio.

¿Qué estará pasando en estos propios instantes entre las Cancillerías de Moscú, Varsovia, Bucarest, Londres y París? No lo sabemos, aunque nuestro cálculo de probabilidades políticas nos induce a creer que las diplomacias francesa y británica estarán haciendo esfuerzos máximos para convencer a los estadistas dirigentes de aquellos países de que deben unirse en compacta alianza para defenderse y detener al avasallador imperialismo nazi.

Lo que es un hecho es que los diplomáticos ingleses, tan reacios a tratar con la U. R. S. S., ahora tocan a sus puertas intentando su ayuda militar, que sería formidable.

He aquí los porcentajes de aumento del ejército rojo actual comparado con el de 1934:

En la actualidad, el ejército soviético tiene diez veces más divisiones de infantería y cuadros que en 1934; 152 por ciento más en efectivos de tropas, autos blindados y carros de asalto. La artillería media ha aumentado en 26 por ciento, la artillería pesada en 85 por ciento, la contra aviones en 169 por ciento. La aviación de caza cuenta con 142 por ciento más en unidades; la potencia de los motores de aeroplanos en caballos de fuerza es actualmente de 7.900,000, o sea, según marcan las estadísticas rusas, un crecimiento de 213 por ciento. Por último, si en 1934 la flota aérea de la U. R. S. S. podía levantar 2,000 toneladas de bombas de aviones, ahora puede arrojar 208 por ciento más, o sean 4,160.

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Lo malo es que quizá tales intentos fueran tardíos, no tanto por lo que respecta a Rusia, sino por lo que se refiere a Polonia y Rumania, las cuales verdaderamente se encuentran entre la espada y la pared.

En efecto, los polacos y rumanos se hallan en estos momentos en una disyuntiva terrible: o se alían a Stalin para defenderse del imperialismo teutón, o se suman a Hitler para defenderse del comunismo que tanto temen.

Si optan por Alemania, Francia e Inglaterra quizá no tuvieran la franca ayuda de Rusia, cuyo aislamiento podría ser su mejor solución, y entonces la guerra sería tal vez fatal para las democracias. Si en cambio las actividades diplomáticas de estos días logran afianzar una alianza francobritánica-polaco-rumana, sus probabilidades de éxito final estarían tal vez aseguradas, sobre todo si contaran además con Hungría, Yugoeslavia y Bulgaria, porque con Turquía ya cuentan.

Por todo lo anterior, señor Presidente, creemos que el mundo está pendiente en estos momentos del juego trascendental de la diplomacia de Londres y París, que está tratando de hacer ahora, tardíamente, lo que debió haber hecho mucho antes de septiembre de 1938.

 

Fuente:

Isidro Fabela. CARTAS AL PRESIDENTE CÁRDENAS. Offset Altamira. México, 1947. pp.144-153.