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Siglo XX > 1930-1939 > 1937

Cartas al Presidente Cárdenas. Carta 7. La obra de la Sociedad de las Naciones.
Ginebra, 8 de diciembre de 1937.

 

 

CARTA NUM. 7

Ginebra, 8 de diciembre de 1937.

La obra de la Sociedad de las Naciones.

Para los enemigos de la Sociedad de las Naciones es muy fácil, señor Presidente, reprobarla por sus graves fallas políticas todavía palpitantes; pero analizando un poco las cosas, ¿es justo arrojar la culpa de lo que pasa a la institución "Sociedad de las Naciones"? No, evidentemente. La Liga, esto es, la persona moral, su constitución, sus organismos, no son los responsables de sus dislates, sino los Estados miembros que no saben o no pueden cumplir con sus obligaciones. Y entonces, lo que hay que hacer es, no sentenciar a muerte a la Institución que en sí misma es buena o reformable, sino condenar a los responsables de sus fracasos, exhibiendo ante el mundo sus contradicciones contra el Derecho y la Etica internacional. Lo que hay que hacer es permanecer dentro de ella para tratar de fortalecerla, procurando siempre que todos los Estados miembros cumplan sus compromisos; y si no los cumplen perseverar en la misma actitud, pero de ninguna manera abandonar un campo donde se está luchando por mantener vivo un noble ideal en marcha, que tarde o temprano deberá triunfar.

Si después de Kant y Saint Pierre y Bolívar, la reunión de una Sociedad de Naciones se consideró como un bello ensueño por los pacifistas, ya que en un "cuerpo anfictiónico" de esa especie se dirimirían los conflictos internacionales y se organizaría la paz universal bajo bases sólidas de equidad y justicia, ¿por qué ahora que el generoso anhelo de estos idealistas se realizó en un pacto constitutivo, aunque no todavía en la ejecución de todos los postulados de ese pacto, vamos a derrumbar lo hecho para que después de la próxima guerra o las generaciones que nos sucedan, tornen a recomenzar lo que nosotros equivocadamente destruímos o abandonamos? ¿No sería más sensato mantener vivo el ideal que está cuajando y modificar si es preciso su estatuto y sus procedimientos?

Además, señor Presidente, ¿no saben los detractores de la Sociedad de las Naciones que sus múltiples organismos, no sólo se ocupan de fines políticos, sino de muchos más que cada día aumentan sus actividades en beneficio de la humanidad?

Seguramente lo ignoran y por eso arremeten, ciegos, contra el eminente Instituto que continúa impertérrito su paciente labor técnica y social que paulatinamente está sirviendo para modificar, en lo posible, en un sentido paralelo, las legislaciones de todo el mundo.

Cuando nuestros compatriotas se dieran cuenta cabal, o al menos aproximada, de lo que realiza constantemente la importantísima Oficina Internacional del Trabajo, cuando sepan que en ese laboratorio experimental se estudian con celo, inteligencia y sapiencia las condiciones de vida de los trabajadores de muchas naciones, para aconsejar la manera de conseguir su mejoramiento, redimiéndolos de la injusticia, la miseria y las privaciones engendradoras de descontentos y rebeldías justificadas que romperían la armonía universal. Cuando sepan que lo mismo los gobiernos que las organizaciones obreras y patronales del mundo entero acuden al O.I.T. en consulta y consejos respecto a sus problemas y necesidades; entonces comprenderán que no todo es política, y política zurda en Ginebra, sino que también se hace aquí labor social constructiva que está dando los mejores frutos.

Es lástima señor Presidente que en todas partes se conozca muy bien la obra mala y muy mal la obra buena de la Liga de las Naciones. Porque así es y de ahí derivan los torcidos juicios que de ella se tienen.

Estoy cierto de que la inmensa mayoría no sólo de nuestras masas obreras y campesinas, sino de nuestros intelectuales, no están enterados de que la Sociedad de las Naciones, aparte de los organismos autónomos adyacentes a ella: Oficina Internacional del Trabajo y la Corte Permanente de Justicia Internacional, cuenta con las importantes organizaciones auxiliares, siguientes: Instituto de Cooperación Intelectual, el Instituto Internacional del Cinematógrafo Educativo, el Instituto para la Unificación del Derecho Privado, las Comisiones de Cuestiones Sociales, (Protección de la Infancia, Prostitución, etc.), de Tránsito, Financiera, de Mandatos, de Minorías, la Agrícola, del Terrorismo Económico; el Comité del Opio y Drogas Nocivas, el de Reformas del Pacto, etc., la Sección de Higiene, de Información Mundial, el Centro para los Estudios de la Lepra, la Unión Internacional de Socorros, etc., etc.

Y como es lógico, si el público desconoce la obra técnica de la Sociedad de las Naciones en beneficio de sus Estados miembros, no está en posibilidad de estimar su trabajo edificante y útil para las generaciones venideras. Y así resulta que los sonados disparates, las resoluciones funestas de la "Asamblea" o del "Consejo" que han constituído las bancarrotas de la Liga, esos sí tienen amplia repercusión porque son hechos escandalosos propicios a la publicidad; pero en cambio la labor tesonera que la Secretaria de la Liga y sus múltiples organismos realizan en el silencio de sus gabinetes de estudio, eso no trasciende al gros publique por que la prensa no tiene interés en darla a conocer, porque los resultados de esa labor, sus recomendaciones, sus proyectos de convenciones, sus investigaciones, sus estadísticas, sus consejos, no tienen interés periodístico y permanecen así, ignoradas de las grandes masas nacionales.

Y sin embargo son esos trabajos poco brillantes pero concienzudos y prácticos los que están creando lenta pero seguramente una vinculación más y más estrecha entre los Estados, al intensificar la colaboración entre sus hombres de ciencia, entre sus intelectuales; al combatir el vicio y las enfermedades, al elevar el standard de vida de los obreros; al encontrar las mejores soluciones posibles a la estabilidad económica mundial; al acercar en suma a los pueblos en todas las actividades de la vida internacional con el fin loable de llegar a una civilización común que sea el mejor cimiento de la paz, pues como dijera con justicia Harold Butler, "En último análisis la paz depende más bien de un estado de espíritu que de los textos jurídicos".

Pero hay más muy digno de ser subrayado: los éxitos políticos de la Liga, que han sido muchos y algunos considerables, no son conocidos sino del reducido número de personas que siguen de cerca la vida de la "Sociedad"; el resto del mundo no tiene noticia de ellas y por eso la desestima, pues en la cuenta corriente que lleva a la "Sociedad" sólo le carga partidas fuertes en su "Debe" y casi ninguna; o ninguna, sin el casi, en su "Haber", lo que arroja un saldo en contra inexacto e injusto.

Por la poquísima o mala publicidad que se les ha dado en nuestra América, son muy poco conocidos, por ejemplo, los siguientes casos en que la S.D.N. intervino con resultados satisfactorios:

I.- Reclamación de Alemania contra Bélgica sobre los distritos de Malmédy y Eupen. (Decisión del Consejo a favor de Bélgica. 1920-1921).

II.- Asunto de las Islas Aland. (Diferencia entre Suecia y Finlancia.) El Consejo resolvió reconocer la soberanía de Finlandia sobre las islas (junio de 1921). Posteriormente se firmó en Ginebra una Convención sobre neutralidad y no fortificación de las islas.

III.- Diferencia entre Lituania y Polonia: Después de repetidas disensiones en el Consejo y la Asamblea, aquél declaró que la paz existía entre los dos países (1920-1927).

IV.- Dificultades de fronteras entre Albania, Yugoeslavia y Grecia, arregladas satisfactoriamente con intervención del Consejo, de la Asamblea y de la Corte Permanente de Justicia (1921-1924).

V.- Liquidación de los bienes de la antigua monarquía Austro-Húngara en Yugoeslavia (1921).

VI.- Cuestión de la Alta Silesia. Diferencias de fronteras entre Alemania y Polonia, solucionadas en la Convención de mayo 15 de 1922.

VII.- Diferencias de fronteras entre Austria y Hungría (Bugerland), terminadas por sentencia arbitral del Consejo (1922).

VIII.- Diferencias de fronteras entre Hungría y Checoeslovaquia en la región de Salgo-Tarján, arregladas por decisión arbitral del Consejo (1923).

IX.- Diferencias entre Francia e Inglaterra sobre cuestiones de nacionalidad en Túnez y Marruecos, concluídas satisfactoriamente después de una consulta a la Corte Permanente de Justicia (1922).

X.- Diferencia de fronteras sobre Polonia y Checoeslovaquia (Jaworzina), resuelta satisfactoriamente de acuerdo con la línea sugerida por el Consejo (1924).

XI.- Cuestión de Memel. Lituania acepta el territorio de Memel que por recomendación del Consejo le transfieren Inglaterra, Francia, Italia y el Japón (1924).

XII.- Diferencia de fronteras entre Turquía y el Irán (Mosul). El Consejo traza la línea respectiva, que finalmente es aceptada por ambos países con ligeras modificaciones (1926).

XIII.- Incidente de fronteras greco-búlgaras (Demir Kapou). Después que el Consejo invitó a los dos países a retirar sus tropas atrás de sus fronteras respectivas, y que los Gobiernos helénico y búlgaro aceptan, se llega a un acuerdo basado en las recomendaciones del Consejo (1925).

XIV.- Diferencia entre el Reino Unido y el Irán, sobre la "Anglo Persian Oil Co.", arreglada en 1933; etc., etc.

***

Es justo notar que todos estos casos de dificultades más o menos importantes, arreglados con la intervención de la Liga, evitaron crisis que no se sabe hasta dónde hubiesen podido llegar fuera de los organismos de Ginebra. Pero como estos hechos históricos, como en general la obra técnica cotidiana de la S. D. N., no son conocidos por falta de la indispensable publicidad, el remedio sería que en cada país el órgano gubernamental de propaganda estableciera una campaña de prensa que se encargara especialmente de dar a conocer al pueblo la constitución, la organización, el funcionamiento, los programas, tendencias y realizaciones no sólo de las Asambleas y Consejos de la Liga, sino del Secretariado y de los organismos autónomos o dependientes de la "Sociedad" para que de esta manera, y poco a poco, se formaran en las conciencias nacionales de los Estados una idea más y más aproximada a la verdad de lo que es y lo que hace la S. D. N.

En México, señor Presidente, el Departamento Autónomo de Publicidad y Propaganda mucho podrá hacer en tal sentido, contando con la buena voluntad de la prensa de la República y las orientaciones indispensables de nuestra Secretaría de Relaciones.

***

Reiterándole, señor Presidente, mis reconocimientos profundos por sus felicitaciones, que son para mí del más alto valor, y felicitándolo a mi vez por los conceptos elevados y oportunísimos de su patriótica carta a que me refiero, quedo su amigo respetuoso, devoto correligionario y atento y seguro servidor.

 

Fuente:

Isidro Fabela. CARTAS AL PRESIDENTE CÁRDENAS. Offset Altamira. México, 1947. pp.83-90.