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Siglo XX > 1930-1939 > 1933

Informe del secretario de Relaciones Exteriores, J. M. Puig Casauranc, sobre la diplomacia mexicana en 1933.
México, D. F., mayo 23 de 1933.

Señor general don Plutarco Elías Calles

Ensenada, B. C.

Muy querido general y fino amigo:

Aunque naturalmente el señor [Alberto J.] Pani habrá informado o informará a usted en detalle de sus pláticas, le estoy enviando como anexo un memorándum que recibí hoy de nuestro embajador [Fernando] González Roa, quien me dice que es una relación exacta de la primera conferencia que tuvo el señor Pani con el presidente [Franklin D.] Roosevelt. (Ver Nota 1)

El embajador González Roa, que me dice que asistió a todas las pláticas del señor Pani tanto con el Presidente como con el secretario de Estado y los expertos del gobierno de los Estados Unidos, me envía también la relación detallada de lo que el señor presidente Roosevelt les trató durante el curso de la comida que precedió a la entrevista cuya relación acompaño.

No le envío a usted tal informe, para no detener más esta carta y porque los tópicos durante la comida fueron sólo de política general en el continente, sobre Liga de Naciones, sobre el conflicto del Chaco, etc. etc., más las atenciones especiales y frases particularmente afectuosas al señor Pani y a nuestro embajador.

Si como me ofrece González Roa, me envía su versión, detallada también, de las pláticas con los expertos y de la entrevista final de despedida con el señor presidente Roosevelt, tendré el gusto de enviar a usted copia de esa versión.

Planes Pérez Duarte. (Ver Nota 2)

He indicado al ingeniero [Constantino Pérez Duarte] que considero preferible que lo que desee informarle con relación a su poco fructífero viaje a Washington y en conexión con cualquier otro aspecto de sus planes, lo haga directamente a usted y no por conducto mío, para evitar toda suspicacia.

Aunque no podía haber creído lógicamente que esas suspicacias pudieran producirse dado lo diáfano de mi acción en el caso y los términos tan especialmente cuidadosos de mi carta que le llevó el ingeniero Pérez Duarte, de todos modos las suspicacias nacieron y parece que costó buen trabajo al ingeniero disiparlas en Nueva York y en Washington.

Sabrá usted seguramente ya, que por motivos de tempestades, etc., se retardó la llegada de este experto y tal vez sólo haya podido aprovecharse el último día de las pláticas para presentar su proyecto como se le ofreció que sería presentado.

De todos modos, dice Pérez Duarte que logró despertar interés en el señor Pani, quien juzgó que en Londres sí será muy aprovechable la idea.

Yo la he externado brevemente ante el embajador [Josephus] Daniels y dos representantes de alto grado de la Confederación Internacional del Trabajo de Ginebra, que han estado tres días en México y que pesarán en las conferencias de Londres por la representación directa de los millones de obreros que respaldan a la oficina de Ginebra e indirectamente de los millones de trabajadores desocupados.

Aun con las deficiencias de explicación y comprensión naturales de mi parte en ambos casos, provocó la idea el más satisfactorio y agradable asombro, calificándola de extraordinaria hasta tocar linderos de genialidad, digna, en todo caso, de profundo estudio y particularmente trascendente porque sería el primer intento de aplicación universal de una teoría socialista: la de la aplicación de la “plusvalía” o “incremento no ganado” a finalidades de orden estricto de beneficio social, que en este caso afectaría al mundo entero.

Sólo le digo lo anterior para confirmar en usted la impresión casi intuitiva de aceptación que me dice Pérez Duarte tuvo usted al conocer su idea.

Si el proyecto llegara a madurar más, y pulido y compuesto u original, después del paso por los técnicos de la Secretaría de Hacienda, llegara a merecer el honor de ser presentado en Londres como proyecto México, yo estoy seguro de que podría en algunas pláticas con el embajador Daniels, si no fue posible hacerlo en las pláticas de Washington, convencerlo y atraerlo a nuestro campo y tal vez hacer de él un entusiasta defensor de dicho proyecto ante la Casa Blanca; de tal modo fue franco el movimiento inicial de respuesta a la imperfecta exposición que de él le hice, manifestándole lo hacía en el terreno más estrictamente confidencial y sin saber siquiera si la idea era en realidad buena ni si sería aceptada por quienes tengan el deber y el derecho de juzgarla.

Los dos representantes de la Confederación del Trabajo en Ginebra me pidieron que si llega a madurarse algo a ese respecto, se los comunique directamente a aquella ciudad y ellos lo estudiarían; si el juicio resultado de un estudio detenido coincidía con su impresión inmediata de respuesta, respaldarían los planes platistas de México ante la Conferencia de Londres, particularmente si alguno de esos planes llegaba a presentar una solución posible al pavoroso problema de las deudas de la post guerra, que me dijeron ellos constituía el peligro mayor para los trabajadores del mundo, por su repercusión en impuestos, para posible pago de deudas, armamento, etc., así como casi seguridad de contribución de sangre si no hallándose solución a ese problema de las deudas, tuviese que traducirse éste fatalmente en guerras.

Cooperación de esta Secretaría para las Conferencias.

Se habrá usted dado cuenta, mi general, de que la cooperación más leal y útil que esta Secretaría pudo haber tenido para las conferencias tanto de Londres como las de [la Sociedad de Naciones en] Ginebra y la próxima [VII Conferencia Panamericana] de Montevideo, que tenía que ser preparación de un ambiente favorable y de prestigio para México, se ha logrado por fortuna en un ciento por ciento.

Su penetración de juicio y enorme experiencia en asuntos de gobierno e internacionales, le habrá dado la clave, aun antes de que se la explique por esta carta, del pensamiento que privó en la respuesta del señor presidente [Abelardo L.] Rodríguez al señor presidente Roosevelt.

Se quiso en ese documento consolidar en forma definitivamente favorable para México, nuestra situación internacional y robustecer la fuerza moral del país en las siguientes direcciones.

a) Con los Estados Unidos, por lo inmediato de la respuesta de modo que se viera cómo no necesitaba México orientarse esperando ver cómo contestaban los demás países.

Adhiriéndose absolutamente México a los cuatro puntos concretos de acción propuestos por Roosevelt en la discusión de armamentos, acción nuestra que se tradujo en las instrucciones inmediatas a [Francisco] Castillo Nájera [representante en la Sociedad de las Naciones] sobre el particular.

b) Con respecto a la Liga, porque estando en puerta para el día 20 la designación de México para la presidencia del Consejo de la Liga de Naciones, había que robustecer nuestra situación en ella, borrando los efectos molestos del anuncio anterior de retiro y todo esto de modo que todavía pudiera México, si así lo desea en el año y medio que falta, seguir utilizando la posibilidad de su retiro anunciado.

Los resultados se lograron plenamente.

Se conformó y agradeció la Liga la relativa rectificación manifestada por el propósito de permanecer nuestro país en ella si las condiciones económicas mejoran; se consiguió sin el menor incidente la designación de México para presidir el Consejo en los tres meses próximos que serán probablemente los más importantes de la historia de la Sociedad de las Naciones porque durante ellos se aclarará el ambiente europeo, los conflictos de Sudamérica, el grave asunto del Oriente y porque en ese tiempo se verificarán de modo simultáneo las conferencias de Londres.

Además, el mensaje del presidente Roosevelt y el discurso ante la Conferencia del Desarme de Norman Davis, embajador extraordinario de los Estados Unidos en toda Europa, como es en realidad, significaron de hecho la entrada de los Estados Unidos en la Liga, la aceptación de las responsabilidades de no neutralidad que les resulten de la definición de agresor que en cualquier caso dicte la Liga y la aceptación por los Estados Unidos de un pacto consultivo, lo que repito, significa la adhesión en segundo grado pero prácticamente de tanta fuerza como la de ser miembro de la Liga.

En estas condiciones, permitir México que persistiera la creencia de que se retiraba de la Liga en el momento en que los Estados Unidos entraban prácticamente a ella, habría sido una verdadera torpeza.

El peligro, repito, se evitó plenamente.

c) Con relación a Sudamérica.

Se quiso aprovechar la oportunidad de un momento de especial elevación y desinterés universal para liquidar nuestros asuntos de ruptura de relaciones que de modo indirecto y aunque nos asistiera toda razón y justicia, se habían traducido, como ya había explicado a usted en Cuernavaca, en debilitamiento real de la influencia de México en todo Sudamérica.

El pacto del ABC [Argentina, Brasil y Chile] con Perú y las relaciones de Venezuela con Brasil, Ecuador y Bolivia, hacían de hecho que la frialdad con Lima y Caracas (Ver Nota 3) resultara frialdad con los demás países a quienes interesaba más, como es natural, el aspecto próximo inmediato material de sus buenas relaciones con esos países, que la relación a distancia y de orden sentimental y moral con México.

En estas condiciones cualquier plan favorable a la República que contara de origen con la frialdad y oposición de Perú y Venezuela, influía en el ABC y en otros países de Sudamérica, restando por lo menos entusiasmo a la cooperación que pudieran dar a los planes del nuestro, esto sin contar con que el carácter de tercer país productor de plata que tiene el Perú, le dan en el caso concreto, beligerancia definitiva.

Con lo logrado, restablecimiento de relaciones con Perú y en dos o tres días de seguro con Venezuela, nuestra delegación en Londres, ya con el acuerdo específico que se haya obtenido en Washington y que aún ignoro, y con la relación tan especialmente cordial que existía con los Estados Unidos desde la venida de Daniels, nuestra delegación tendrá el campo absolutamente expedito.

Por esto decía a usted que creo que nuestro principal deber en la materia, el de la Secretaría de Relaciones, que era el de preparar un ambiente totalmente favorable para esa conferencia y para las de Ginebra, se ha logrado plenamente.

d) Vistas a la Conferencia Panamericana.

De todo lo anterior se desprende el papel ahora sí de importancia real y de influencia moral decisiva que podrá tener México en la Conferencia de Montevideo, a la que llegará ya no sólo sin hostilidades originales y constantes de gobiernos, sino en el periodo de “luna de miel” que sucede a todos los arreglos internacionales y enaltecido por el gesto de concordia y de exposición franca de sus deseos de reanudación de relaciones con Perú y Venezuela, sin haber tenido que recurrir a los subterfugios y escondites de pláticas secretas mientras se llegaba a un arreglo.

Apenas han transcurrido 24 horas del arreglo con el Perú y ya tenemos la primera manifestación clara de agrado del ABC.

Además de felicitaciones de sus gobiernos, hay el aviso hoy de nombramiento de embajador de Chile que sabe usted que con pretextos de economías, etc., había tenido aquel país vacío por mucho tiempo.

Como naturalmente nos interesa a nosotros mucho más Chile que Cuba, sobre todo como está [Gerardo] Machado en estos momentos, he llamado a Cienfuegos para ofrecerle el cambio de su embajada por la de Chile o Brasil.

De este modo, cubiertas todas esas plazas importantes, se preparará el ambiente para la Conferencia de Montevideo que tiene para nosotros el especial interés de haber logrado ya México, ayer en Washington, por instrucciones dadas a González Roa, que se cambiara en realidad el programa de la conferencia, acordándose que se diera preferencia a aquellos asuntos de orden económico y de resolución de los conflictos guerreros en este continente.

Limpio así, o más limpio siquiera, de bizantinismos el programa, ya no podrá ser sino cuestión de falta de habilidad o de mala suerte el que México no hiciera en la VII Conferencia el papel más brillante de su historia.

Sólo de modo incidental quiero decirle que en la forma en que se planteó el asunto de reanudación de relaciones con Perú y Venezuela se evitó el peligro interior que en cualquier otro caso sí habría ocurrido seguramente, de manifestaciones y protestas de estudiantes, etc., etc., que habrían tenido oportunidad de toda clase de escandalitos, porque no pueden ellos entender que circunstancias de orden más general e importante para México obligaban al sacrificio de cosas relativamente pequeñas.

Hasta ahora, por fortuna, sólo la más favorable de las reacciones para la actitud del gobierno se ha producido.

Asunto Chocano.

Me permito enviarle copia de una carta que me dirige José Santos Chocano de Santiago de Chile, rogándole me dé su opinión acerca de si debería dársele la ayuda que solicita.

Indudablemente, con todos sus defectos, es el príncipe de la poesía en América y tuvo con nuestro país ligas en momentos inolvidables.

Pero no quisiera hablar de esto con el señor Presidente, sin conocer su opinión al respecto.

Lo saluda con el afecto de siempre, su seguro servidor y amigo.

Doctor J. M. Puig Casauranc

Secretario de Relaciones Exteriores

Notas:

1. Pani, secretario de Hacienda, celebró pláticas en Washington con el fin de preparar el terreno para la Conferencia Económica y Monetaria Mundial -que tendría lugar en Londres en julio de ese año-, cuyo propósito sería rehabilitar y estabilizar el precio mundial de la plata.

Nuestro país era por entonces el primer productor de ese metal con un volumen anual de 100 millones de onzas.

2. El ingeniero Constantino Pérez Duarte (1886-1956), especialista en minería, fue uno de los más importantes redactores de las leyes mineras posteriores a la Revolución.

En 1931, representó a México en las Conferencias Económicas de Londres.

3. Los regímenes autoritarios de Juan Vicente Gómez y Óscar R. Benavides habían entorpecido las buenas relaciones del gobierno de México con Venezuela y Perú, respectivamente.

Fuente:

Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal 1919-1945. Dos tomos. Introducción, selección y notas de Carlos Macías. Coeditores de la presente edición: H. Cámara de Diputados LXI Legislatura, Fondo de Cultura Económica, Instituto Sonorense de Cultura, Miguel Ángel Porrúa (librero-editor) y Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. México. Primera edición, 1991. Segunda edición -no venal-, agosto del 2010. Tomo II. 547 pp. Páginas 106 a 110.