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Siglo XX > 1930-1939 > 1932

Comunicación de Enrique Osornio Camarena a Plutarco Elías Calles para desearle su mejopre de salud su esposa.
Aguascalientes, Ags., julio 5 de 1932.

Señor general de división Don Plutarco Elías Calles

Consulado de México

Boston, Mass., E. U. A.

Muy respetable jefe:

He visto por la prensa de que ya la señora su esposa afortunadamente se encuentra fuera de todo peligro, y esta halagüeña noticia ha llenado de regocijo a todos los mexicanos, que han sentido los males de su señora como si se tratara de miembros de su propia familia y ahora reina un regocijo general por saber que ya no existe peligro alguno.

Yo, a mi vez, me permito felicitarlo muy sinceramente, deseándole muy pronto restablecimiento a los males de su distinguida esposa. (Ver Nota 1)

Yo bien sé que en las condiciones en que usted se encuentra no es prudente molestarlo con cuestiones políticas; pero también entiendo que fuera de usted no hay personalidad en el país a quien pueda uno dirigirse para cuestiones trascendentales, como las que, desgraciadamente, tenemos en este estado.

Como se lo anuncié a usted en México, de que era perfectamente falso que los Quevedo (Ver Nota 2) controlaban la situación política del estado, hoy puedo demostrarlo hasta la evidencia, pues en escasos 15 días que tiene de vida y de actividad nuestro Partido Socialista y Antirreeleccionista, me ha dado pleno control, como se servirá verlo en la fotografía que tengo el gusto de acompañarle y que fue tomada con motivo de una manifestación de nuestros simpatizadores.

Con motivo de la campaña política del grupo oficial que encabezan los hermanos Quevedo, (Ver Nota 3) se ha llegado a todos los extremos: le deben a todos los empleados seis quincenas de sus sueldos y a los profesores algo más, y a los pocos obreros que trabajan en distintas atenciones públicas les pagan sueldos ridículos, cuando llegan a pagarles.

Con motivo de las últimas elecciones, llegó al rojo vivo la excitación de los elementos ferrocarrileros de nuestro partido, que forman la inmensa mayoría, y están furiosos por los atropellos cometidos en su contra y con los demás ciudadanos, pues no se les dejó votar en ninguna casilla y éstas amanecieron llenas de elementos oficiales y las ánforas llenas de votos falsos y, para que usted se dé cuenta, tuvieron que hacer uso los citadinos Quevedo hasta de empleados federales para ayudarlos en su elección, estando ya consignado, al presente, a la justicia federal, por las terribles violaciones al voto público.

Yo estoy perfectamente documentado de todos los chanchullos cometidos en las pasadas elecciones y espero que interponga su muy valiosa influencia para que el voto del verdadero pueblo de este estado no sea burlado impunemente por esos falsos revolucionarios de nuevo cuño, ya que esta entidad es una de las pocas que lanzó a la palestra candidatos independientes que cuentan con la voluntad popular y precisamente por estar harto el pueblo de las injusticias de un gobierno que se perpetúa a fuerza del chanchullo.

Vuelvo a hacer referencia a la manifestación pasada, por ser de suma importancia que usted se dé cuenta de su magnitud, pues en los anales políticos del estado no se recuerda nada igual, pues fueron algo más de 15 mil habitantes los que dieron su contingente a dicha manifestación y en la que figuraron elementos ferrocarrileros, otros obreros organizados de distintas agrupaciones, campesinos y de todas las clases sociales.

Por lo que usted podrá observar en la fotografía, los Quevedo están muy lejos de controlar una situación y, lejos de ello, cada día que pasa se merman sus elementos por tanto desacierto administrativo y tanta injusticia.

Me veo en la obligación de poner todo esto en su conocimiento por ser usted el jefe máximo de la Revolución y el único que puede resolver la delicada situación de este estado y dar fin al continuismo y a la política de carro completo que esgrimen los hermanos Quevedo, por obra del chanchullo y la criminal connivencia del gobierno del estado, hechura exclusiva de ellos.

Para que se entere del todo, bueno es que tenga conocimiento de que los gremios ferrocarrileros adheridos a nuestro partido y los demás componentes de él, acaban de decretar un boicot contra toda clase de espectáculos de los que explotan los mismos señores Quevedo, con elementos del estado y de los municipios, como cines, teatros, etc., etc.

En estas condiciones, dar un triunfo a la familia Quevedo, implicaría hacer un escarnio de la ley y de los más altos principios de la Revolución.

Alentado por la benevolencia que siempre se ha dignado concederme, espero que tomará en cuenta cuanto en forma leal y sincera le digo y, seguro de su recto criterio, el estado y el pueblo de Aguascalientes tendrán la satisfacción de que los malos elementos, los aprovechados de la Revolución, como los citados hermanos Quevedo que por tanto tiempo han estado adueñados del poder, tendrán al fin el castigo que se merecen.

Suplicando me dispense en mis molestias, dadas las condiciones en que usted se encuentra, y deseándole de nuevo su pronto retorno a la patria y el completo restablecimiento de los males de su señora esposa, como siempre, cuenta con su adicto subordinado y fiel amigo y seguro servidor.

Doctor y coronel Enrique Osornio C.

Notas:

1. Afectada por un mal cerebral, la señora Leonor Llorente de Elías Calles, había sido llevada a un hospital especializado de Boston.

La esposa del general Calles falleció en los Estados Unidos el 25 de noviembre del mismo año.

2. Los hermanos Rafael y Pedro Quevedo.

3. Por grupo oficial que encabezan los hermanos Quevedo”, Osornio entendía a las siguientes personas: Rafael Quevedo (gobernador del estado), Pedro Quevedo (diputado por el segundo distrito de la entidad) y los miembros de la delegación estatal del Partido Nacional Revolucionario.

Enfrentados a ellos, los simpatizantes de Osornio estaban agrupados en el Partido Socialista y Antireeleccionista; este último, paradójicamente, también se hallaba en las filas del PNR.

Fuente:

Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal 1919-1945. Dos tomos. Introducción, selección y notas de Carlos Macías. Coeditores de la presente edición: H. Cámara de Diputados LXI Legislatura, Fondo de Cultura Económica, Instituto Sonorense de Cultura, Miguel Ángel Porrúa (librero-editor) y Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. México. Primera edición, 1991. Segunda edición -no venal-, agosto del 2010. Tomo II. 547 pp. Páginas 202-204.