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Siglo XX > 1930-1939 > 1931

Comunicación de Rodrigo M. Quevedo a Plutarco Elías Calles relativa a la situación política que prevalece en Chihuahua.
Toluca, Méx., diciembre 21 de 1931.

Señor general de división Plutarco Elías Calles

Secretario de Guerra y Marina

México, D. F.

Muy estimado jefe:

Me impuse detenidamente del contenido de su carta de fecha 16 de los corrientes, en que se ha servido transcribirme las apreciaciones de nuestro común amigo, el señor coronel P. A. Roberto Fierro, relativas a la situación política que prevalece en Chihuahua.

Yo deseo, a mi vez, expresar a usted mi personal opinión sobre el particular, empezando por manifestarle que desde el momento en que los actuales miembros integrantes del H. Congreso local fueron un factor primordial y decisivo para eliminar al ex gobernador, señor ingeniero Andrés Ortiz, ninguno de ellos puede estar ahora de acuerdo para continuar su política, máxime cuando el orticismo, propiamente, no existe en el estado.

El origen de la división que se suscitó entre el comité de estado [del Partido Nacional Revolucionario] y el Partido Revolucionario Chihuahuense, no fue otro que el disgusto o distanciamiento personal de los señores senadores y diputados federales con el propio señor ingeniero Ortiz, y si bien es cierto y así lo reconozco, que a dicho partido han logrado colarse entre sus filas algunos malos elementos, que son pocos en verdad y a los cuales habrá que segregarse como una necesidad para depurar ese organismo, también lo es que el mencionado partido siempre ha tenido estrecha afinidad con el Nacional Revolucionario, observando una conducta bien definida e insospechable.

Respecto a las últimas elecciones municipales, y en casos como el de H. del Parral, El Oro y Cusihuiriáchic, en que figuraron de candidatos un elemento que fue “renovador” [escobarista] (éste ha sido posteriormente legalmente incapacitado por diversas acusaciones presentadas en su contra), otro de malos antecedentes y el tercero que no estaba identificado con los agraristas, respectivamente, los señores diputados resolvieron en una forma que tal vez no haya sido la conveniente; pero en el resto de los municipios del estado creo que no han obrado mal, ya que se sujetaron a respetar invariablemente las mayorías, y esas mayorías, como usted sabe mi general, no son clericales, porque en general el pueblo es revolucionario.

Ya en reciente ocasión que hablé con usted, me permití hacerle saber que yo me he estado dirigiendo al Congreso del estado, recomendándole en primer lugar que camine en todo de acuerdo con el señor gobernador; y en segundo, distintos conflictos provenientes de las elecciones municipales, como los que acabo de citar, atendiendo en la mayor parte mis indicaciones, y no en todas, debido a que mi hermano Lorenzo no controla a sus compañeros de Cámara, donde el criterio legalista de algunos gana adeptos en la mayoría, para dictaminar en el sentido de reconocer el triunfo a quienes hayan obtenido democráticamente mayor número de sufragios.

Volviendo al Revolucionario Chihuahuense, debo informar a usted que es el partido más antiguo; que está formado por elementos revolucionarios y nunca ha dejado de ser adicto al PNR, siendo el que representa en el estado la mejor cohesión y disciplina contra cualquier otro partido.

Dos nuevos casos concretos en que yo he intervenido, y que igualmente me permito referirle para ilustrar mejor la verdadera situación política de Chihuahua, fue primero cuando yo estuve allá, en que me di cuenta de que jugaban por el municipio de la capital los señores Tapia y Ornelas.

De Tapia recibí un sinnúmero de informes en que lo hacían aparecer como una hechura “orozquista”, aunque de ideas revolucionarias; y a Ornelas, a quien conozco demasiado y que por lo mismo estoy en aptitud de asegurar que siempre ha sido enemigo de la Revolución.

En esta disyuntiva, antes de regresar a México, recomendé a los señores diputados y cambié ampliamente impresiones con ellos, sobre la conveniencia de imponer a despecho de consideraciones personales el criterio revolucionario, reconociéndole al fin el triunfo al mencionado Tapia.

Lo mismo ocurrió en Ciudad Camargo, donde las planillas municipales estaban encabezadas por los señores González Espino y Ramiro Valles.

El primero obtuvo la credencial y se le acusa de clerical, pero obra la circunstancia de que una parte de los agraristas de esa región está con él.

Aquí le sugerí al Congreso la idea de que dictaminara en favor de Valles, atendiendo a sus reconocidos antecedentes liberales que lo acreditan, pero el propio Congreso, al contestarme, manifestábame que no era posible en vista de la abrumadora mayoría de votos que respaldaban a su contrincante.

Estos hechos se los menciono para que usted aquilate con mejor conocimiento lo que le dice el señor coronel Fierro, y que en mi modesto sentir no entraña un problema grave ni siquiera importante, fundándome para ello en la creencia que sigo sosteniendo de que el pueblo de Chihuahua es liberal y es revolucionario.

Por último y como una prueba evidente de mi anterior afirmación, ahí está la iniciativa de ley que acaba de presentarse por el señor diputado Arzate y que ha merecido la aprobación unánime del Congreso, para restringir el número de clérigos en aquella entidad federativa y de acuerdo con el precepto constitucional relativo.

Las últimas noticias que me han llegado, tanto de los señores diputados como de otras personas, indícanme la buena inteligencia que existe entre ellos y el común acuerdo con que procederán para nulificar algunas elecciones municipales en las que el señor gobernador Fierro manifestó su inconformidad.

Con el respeto y grande afecto de siempre, me repito su leal amigo, seguro servidor y subordinado.

R. M. Quevedo

Fuente:

Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal 1919-1945. Dos tomos. Introducción, selección y notas de Carlos Macías. Coeditores de la presente edición: H. Cámara de Diputados LXI Legislatura, Fondo de Cultura Económica, Instituto Sonorense de Cultura, Miguel Ángel Porrúa (librero-editor) y Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. México. Primera edición, 1991. Segunda edición -no venal-, agosto del 2010. Tomo II. 547 pp. Páginas 282-284.