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Siglo XX > 1930-1939 > 1931

Comunicación de Ezequiel Padilla a Plutarco Elías Calles sobre la dictadura de Mussolini en Italia.
Roma, Italia, noviembre 7 de 1931.

Señor general don Plutarco Elías Calles

Secretario de Guerra y Marina

México, D. F.

Muy respetable señor general:

Le ruego a usted se sirva excusarme las siguientes líneas.

La emoción con que recibimos lejos de la patria, las elevadas actitudes que ilustran la historia de nuestro país, me las ha dictado.

Estoy asistiendo en este gran pueblo italiano a una etapa de extraordinario resurgimiento nacional, de increíble disciplina, de portentosa reconstrucción, más admirable si se considera la hora de crisis universal y la pobreza de recursos materiales de Italia.

Hay, sin duda, genio en Mussolini, sincera ambición de grandeza para su patria; pero el fondo de todo este cuadro en el porvenir es la más densa oscuridad.

La dictadura va imprimiendo día a día, la degradación cívica, la bajeza del sentimiento público, que entrega los pueblos al accidente de carácter y del capricho de los gobiernos personales.

Nada hay en Mussolini -formidable dominador del pueblo y constructor material- que revele su intención de preparar el espíritu público a reasumir sus libertades, su capacidad de gobierno autónomo, su vida institucional, sin la cual ningún progreso material es perdurable.

El contraste que esta situación representa frente al programa político que usted ha planteado para México -reiterándolo enérgicamente en los momentos en que hablaban de claudicaciones los incrédulos-, presta a su actitud de singular entereza, más potente relieve.

El gobierno de la ley está erizado de dificultades.

Quizás sea necesaria la reforma constitucional a la clásica práctica del sufragio individualista, para consignar el sufragio a base de corporaciones organizadas: gobierno funcional.

Con este sistema -votación de sindicatos profesionales- de organización obligatoria en todo el país; uniones de obreros y campesinos -también obligatorias-, la marcha sería más segura, podría practicarse el sufragio sinceramente y no se correría el peligro de aventurar el gobierno a los retrocesos de la reacción.

Dentro de este electorado, la afirmación de usted de que la Revolución ha penetrado en las conciencias es impecable.

Y creo que así podría afrontarse con el denuedo que usted acostumbra en sus luchas, con el valor que usted ha desplegado en las causas obrera, agraria y religiosa, la última etapa nítidamente planteada por usted: salvar a México del caudillaje: labor inmensa, en la cual el solo hecho de que usted no haya retrocedido ante las enormes dificultades, es ya un gran mérito.

No resisto a la sugestión de evocar desde esta ciudad cargada de enseñanzas, uno de los episodios más impresionantes de la antigüedad, los últimos días de la República Romana:

César creyó que el único recurso de salvar la herencia de Roma era el despotismo.

Los republicanos creyeron que era una cobardía repudiar el legado de instituciones y libertades, de sus antepasados.

César venció; él no imaginó las terribles consecuencias del gobierno personal: la relajación ciudadana, la degradación de la vida, la pérdida de todos los valores morales que mantienen la dignidad humana.

Así fue como Roma pagó aquel momento de la historia con la decadencia y la ruina, y el mundo, con 18 siglos de sombras.

El programa institucional de usted, sostenido con renunciaciones, con sinceridad irrecusable, propugna por salvar a México de tinieblas y degradaciones que no necesitan señalarse.

La guerra civil, la disputa del poder por la espada de soldados ambiciosos, la tiranía de nuevos caudillos, no pueden preparar para nuestro país más que la ruina definitiva.

Los hombres que crean en la posibilidad de un México grande y respetable, seguirán señor general, su bandera, identificados con ella, aún por encima de las más hondas disidencias, y reconocerán como victoria o como derrota, las alternativas de su sueño de estadista.

En cuanto a mí, me siento como siempre orgulloso de estar en las filas del hombre que tiene un programa tan alto y una voluntad tan fuerte.

Soy de usted señor general su muy adicto y respetuoso amigo.

E. Padilla

Fuente:

Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal 1919-1945. Dos tomos. Introducción, selección y notas de Carlos Macías. Coeditores de la presente edición: H. Cámara de Diputados LXI Legislatura, Fondo de Cultura Económica, Instituto Sonorense de Cultura, Miguel Ángel Porrúa (librero-editor) y Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. México. Primera edición, 1991. Segunda edición -no venal-, agosto del 2010. Tomo II. 547 pp. Páginas 152-153.