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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón en la Ciudad de México, el día 15 de julio de 1928.
Ciudad de México, 15 de julio de 1928.

Cuando hablaba el licenciado Sáenz, hace un momento, al referirse a las clases trabajadoras, alguien grito: “y la clase media también.”

Es necesario que todos lo sepan: que para nosotros la clase media no es sino una parte integrante de las clases trabajadoras, porque a su esfuerzo personal debe el ingreso cotidiano con que atiende a las necesidades de su hogar.

Para nosotros es trabajador el que realiza un esfuerzo constante para resolver los problemas económicos de su hogar, para resolver los problemas educativos de sus hijos y para cooperar al engrandecimiento de la Patria; por eso cuando nos hemos preocupado en formular una ley que resuelva con sentido práctico los problemas para las clases trabajadoras, hemos declarado que para nosotros sólo existen dos clases en la sociedad: los que trabajan y los que pagan; y son trabajadores los que realizan un esfuerzo con el músculo o con el cerebro para resolver los problemas domésticos, cada día que pasa.

Es por eso, que nosotros, cuando hemos sido llamados por la voluntad nacional, para enfrentarnos a los problemas que constantemente opone la reacción para el desenvolvimiento del programa social que sirviera de base a la Revolución, hemos venido buscando el apoyo de todas las clases que pertenecen a la familia trabajadora, porque a todos les corresponde velar por la defensa de esos intereses; y es por eso que hemos encontrado ese apoyo, y por eso también la victoria ha sido nuestra.

Ahora no está a discusión mi candidatura sobre si debe o no ser señalada y aprobada por el país, para que pueda el que habla suceder a nuestro actual Primer Magistrado.

Ello quedó consumado el primero del presente mes, en que el pueblo entero me hizo el alto honor de depositar en mí su fe, de depositar en mí su confianza.

Ahora sólo tenemos por delante el inmenso volumen de responsabilidades que hemos asumido, y no habremos cumplido como buenos ni correspondido al honor que el pueblo nos ha hecho, si no nos dedicamos esos seis años, a trabajar perseverantemente, a trabajar honestamente, para hacer tangibles, dentro de un sentido práctico, y todas las promesas que hiciera al pueblo la Revolución.

Y si durante la lucha política demandábamos los votos de nuestros conciudadanos, ahora que ya los tenemos obtenidos, demandamos el apoyo de ellos para constituir un Gobierno fuerte, moral, materialmente hablando, y poder así resolver con menos esfuerzo todos los problemas que la Revolución tiene por delante, y consolidar todas las conquistas que hasta el presente ha realizado.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 451 a 455.