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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, en la Ciudad de México, D. F., el día 31 de enero de 1928.
Ciudad de México, Distrito Federal, 31 de enero de 1928.

Van mis palabras para agradecer al Bloque Revolucionario Obregonista de la Cámara de Diputados este nuevo agasajo tan franco, tan sencillo, y por eso mismo tan significativo.

La labor del Bloque seguramente que ha sido intensa y fecunda, tanto en el seno del Parlamento como dentro de las actividades propias del movimiento político que vamos desarrollando.

Es encomiable, seguramente, el espíritu de armonía y de esfuerzo que ha venido ligando en una sola unidad a todos los componentes del Bloque, para cuya finalidad ha colaborado con acierto y suma delicadeza el diputado Ricardo Topete, que es uno de los jóvenes más representativos del movimiento revolucionario.

Era Topete, un chamaco en 1923, cuando estalló la rebelión encabezada por De la Huerta y Enrique Estrada, habiendo quedado copado en uno de los Estados de la Península.

Y entonces se distinguió entre los jefes militares que permanecieron leales al Gobierno de la República, que tenía el honor de representar el que habla.

No es extraño que a la labor desarrollada por Topete se deba la armonía y la unión que hoy reina entre los componentes del Bloque, y que, por lo tanto, su esfuerzo sea digno de aplauso.

Ahora, el Bloque, ha tenido el acierto de designar como jefe a otro joven de mentalidad y vigorosa voluntad, de carácter definido, y tiene derecho a esperar una obra fecunda cuando el diputado Solórzano presida los actos de esta mayoría que forma parte integrante de uno de los Poderes de la Unión.

Al Bloque Revolucionario Obregonista de la Cámara de Diputados se le hizo el cargo fundamental de haber hecho una declaración prematura en favor del que habla.

Entre los vocablos que carecen de significación y que han inventado los hombres para engañarse los unos a los otros, podemos señalar la palabra “oportunidad.”

Oportunidad, es una palabra muy relativa.

Prematuro, no es sino lo falto de oportunidad; es otra de las palabras convencionales que los hombres han creado para engañarse los unos a los otros.

Una acción puede ser juzgada prematura o no, según el criterio de los interesados.

Nada que nos contraría es oportuno, nada que nos haga puede ser prematuro.

Llamaron prematuro al movimiento que me señalaba como su candidato los “maloreados” de la Revolución, cuya brújula vacilaba entre otras personalidades de triste memoria.

Encontraron oportuna mi candidatura todos los que simpatizaban con ella; y no la hallaron prematura los campesinos que se fijaron en ella, haciendo un gran honor a este viejo soldado de la Revolución.

En todas las luchas de la vida, hay que estudiar los factores que entran en acción, y hay reglas generales que debemos aplicar en todas las controversias si queremos tener derecho a la victoria con los deseos.

Todo acto que se verifica de acuerdo con los deseos del enemigo, es una demostración que favorece la causa contraria.

Es por eso que una de las bases estratégicas en toda lucha, debe consistir en sondear las tendencias y las intenciones del enemigo, para no caer en el error básico de ponerse al servicio de los contrincantes, favoreciendo sin pensarlo sus tendencias.

Uno de los períodos de mayor tranquilidad que he disfrutado en mi vida, fué cuando me encontraba en el rancho de Nainari, cuando empezaban las primeras demostraciones de carácter político.

Pude darme cuenta entonces de cuánto se alarmaban la reacción, los altos representativos del Partido Conservador y del Clero, ante la posibilidad de que el que habla retornara a las actividades políticas, y comprendí que no era justo, consecuente con mi propósito de controlar los deseos del enemigo, abstenerme de volver a la lucha política, halagando sus propósitos y contrariando las francas demostraciones de simpatía de todos los hombres de la Revolución, de tendencias avanzadas, que me exigían encabezar el movimiento político de 1927.

Fué entonces, cuando empezó a condenarse la actuación del Bloque Revolucionario Obregonista, condenándola como prematura; pero ahora el mismo Bloque tendría igual derecho para considerar extemporánea la actitud de aquellos grupos que juzgaron prematura su actuación.

Nuestra Revolución, en su desarrollo sucesivo, necesita de grandes energías, perseverancia e inteligencia, y procuraremos buscar en nuestras filas estos tres factores fundamentales para crear el tripié que deberá servir de base a nuestra victoria definitiva.

¿En dónde?

En la juventud que se levanta, que es consciente de las responsabilidades que pesarán sobre ella si no sabe responder a lo que de ella pide la patria.

Es éste el esfuerzo que reclamamos de esa juventud los que tuvimos el honor de figurar como factores dirigentes en la pasada lucha: que venga a cooperar con los viejos soldados de la Revolución, porque la labor que resta por hacer no puede ser obra de una sola voluntad, ni de un grupo reducido de hombres, sino del esfuerzo común de varias generaciones.

Por lo tanto, debemos esperar que la generación que se levanta, que todos los jóvenes se apresten airosamente a defender con toda buena fe y entusiasmo los sagrados intereses de la Revolución y de la Patria.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 309 a 315.