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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, en el Puerto de Progreso, Yuc., Teatro Variedades, el día 5 de mayo de 1928.
Puerto de Progreso, Yucatán, 5 de mayo de 1928.

Cuando nos preparábamos a dejar las playas de Yucatán, después de haber recibido una serie de agasajos y demostraciones cariñosas del pueblo y del Partido Socialista del Sureste, que constituye una gran mayoría del pueblo de Yucatán, venimos a Progreso y nos encontramos aquí con una nueva manifestación de simpatía y de confianza de las organizaciones obreras de este puerto.

Cuando vemos con cuánto entusiasmo se apiñan las multitudes de Progreso para venir a saludarnos y a protestarnos su adhesión, sentimos un nuevo estímulo en la prosecución de nuestra lucha.

Cuando el Presidente de la Confederación Obrera de Progreso, adherida a la C. R. O. M., y su Secretario General, vienen a esta tribuna a pronunciar palabras llenas de sinceridad y de entusiasmo, haciéndonos patente el cariño y confianza de los trabajadores, para apoyarme en esta campaña, como candidato a la Presidencia de la República, sentimos que la victoria se acerca ya más a nosotros.

La reacción, que es vencida en esta lucha, no tendrá en adelante más consuelo que recitar el Nocturno de Manuel Acuña.

No tendrá siquiera el derecho de disputarnos esta victoria, porque no habrá fuerzas bastantes a disposición de la reacción, para contrarrestar la acción del pueblo.

Faltan unas cuantas semanas para que las elecciones en que el pueblo designará a su más alto representante de los Poderes Federales, se verifiquen.

Y cada día que pasa y se acerca aquel en que se realizará el gran acto cívico, sumamos mayores fuerzas, mayores entusiasmos, y podemos vanagloriarnos previamente de la victoria que obtendremos.

Desgraciadamente para nosotros, no podemos tener la satisfacción de que la reacción nos oponga un candidato con el cual enfrentarnos, porque, no puede poner en pie su candidato, ni siquiera como el célebre soldado de chocolate, para vernos con enemigo al frente, para disputarle la victoria.

Sin embargo de lo anterior, hay que convenir que la reacción no está vencida.

La reacción contra la Revolución, representa el mal contra el bien, y por este reajuste de valores morales y materiales no puede resignarse a perder las ventajas materiales que tenía antes de la Revolución.

La reacción que representa el mal, no se contrae a ejercitar su acción dentro del límite de nuestras fronteras, y se alía a los grandes intereses materiales de más allá de nuestra patria, que se sienten afectados en esta lucha que sostiene México, para buscar un reajuste.

En este esfuerzo que los hombres de la Revolución tenemos que llevar a cabo para asegurar las conquistas obtenidas, es necesario que pongamos nuestros mejores pensamientos y nuestras mejores acciones.

Nunca debemos pensar que ha triunfado definitivamente el esfuerzo revolucionario, pues nuestra lucha contra la reacción existirá mientras existan hombres sobre la tierra.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 423 a 427.