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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, en Veracruz, en el Teatro Carrillo Puerto, el día 24 de abril de 1928.
Veracruz, 24 de abril de 1928.

Voy a permitirme relatarles un hecho histórico que aunque tiene poca significación es, sin embargo, sintomático y revela por qué la reacción nunca ha podido conocernos, y por qué no ha podido vencernos.

Había ocurrido, en 1912, el desastre de Rellano, cuando las fuerzas leales que sostenían al Gobierno del apóstol Madero, sucumbieron en el desierto, derrotadas por el orozquismo, que representaba en aquella época a la reacción.

Entonces un grupo de ciudadanos ofrecimos nuestro concurso al apóstol Madero, para sostener su Gobierno, y tomamos las armas para constituir el batallón que saliera de mi pueblo, que se llamó más tarde, Cuarto Batallón Irregular de Sonora, y del que tuve el honor de ser jefe nato.

Aquel grupo de hombres lo constituíamos agricultores en su gran mayoría; todos teníamos medios suficientes para nuestra vida, y ninguno se lanzó a la revolución para satisfacer apetitos materiales.

Del pueblo aquel, salimos a la capital del Estado y estuvimos acampados algunas semanas, haciendo prácticas con el arma, y en movimientos militares, porque ninguno de nosotros entendía el complicado arte de la guerra.

El hecho de que el que habla hubiera sido conocido en el Estado de Sonora, entre los hombres de negocios, porque había ya logrado formar un regular patrimonio, con los esfuerzos de su trabajo, y el hecho de que los componentes de aquel batallón, en su gran mayoría oficiales y soldados, fueran hombres conocidos, prestigiados, hombres de trabajo, hacían esperar que aquel grupo de soldados que sólo se lanzaban al peligro obedeciendo los dictados de su conciencia, realizar alguna obra noble en aras de la Revolución que encabezaba el apóstol Madero.

Acompañados estábamos en la capital de Sonora, cuando un día se me presentó una comisión que encabezaba el Presidente de un Banco.

La comisión la integraban algunos miembros de la Cámara de Comercio y otros hombres de negocios, es decir, la representación de los intereses materiales del Estado de Sonora.

Hizo uso de la palabra el banquero, y me dijo:

“Señor Obregón:

Venimos a informarle que acabamos de hablar con el señor Gobernador Maytorena, y hemos conseguido que usted se quede con su batallón de guarnición en la capital de nuestro Estado, porque para nosotros, los hombres de dinero y los hombres de negocios, usted y su batallón constituyen la mejor garantía de nuestros intereses y de nuestras familias.

Usted, señor Obregón, no tiene necesidad de ir a sortear los peligros de una campaña azarosa hasta el Estado de Chihuahua, donde las fuerzas de línea han sido ya vencidas por las fuerzas de Orozco.

“Usted, señor Obregón, es hombre que tiene recursos bastantes para vivir con comodidad, y no debe sortear esas vicisitudes, donde no sabemos qué suerte cabrá.”

Cuando terminó su exposición aquel banquero, saqué de mi bolsillo una tarjeta postal donde traía el retrato de mis dos pequeños hijos, y le dije: “Hágame usted el favor de ver esa fotografía.

El que ha abandonado a sus hijos, el que ha abandonado negocios propios, ¿puede resignarse a convertirse en un inspector de policía, para cuidar de los negocios y de los hijos ajenos?

No, señores; nosotros no venimos a proteger intereses materiales, porque si tal quisiéramos, allá están los de nosotros, que acabamos de abandonar.”

Fué ésta la primera emboscada que la reacción ponía al que había tratado de neutralizar su acción para que no viniera a los campos de Chihuahua a defender los sagrados intereses de la Revolución.

Por eso la reacción no ha podido comprendernos, como no pueden comprenderse jamás dos personas que hablan distinto idioma.

La Revolución es la voz del espíritu, la reacción es la voz del estómago.

Los revolucionarios pensamos con el cerebro, los reaccionarios con el lápiz.

Ningún acto que no aumente el caudal de sus fortunas materiales es bueno para la reacción.

No importa cuántos beneficios reporte a los demás.

Nosotros no conocemos la dictadura del lápiz, ellos subordinan cualquier estatuto de la conciencia a las ecuaciones matemáticas.

Cuando el que habla salió del Palacio Nacional, después de haber cumplido su período como Presidente de la República, se fué a los campos de Sonora a volver a cultivar la tierra, y con toda la energía de que es capaz un hombre de acción, fueron emprendidos en aquella región negocios de regular cuantía.

La reacción, que conoce todos los secretos de los números, porque tiene ojos en todas las cajas de fierro, supo con mucha oportunidad cuántos compromisos había contraído el general Obregón, comprometiendo su crédito en toda su capacidad, para poder emprender aquellos negocios, en el rancho del Nainari, y la reacción sonreía, porque se decía:

La Revolución ha perdido uno de sus hombres, el general Obregón; él tiene grandes compromisos y grandes negocios y, naturalmente, no será tan tonto de abandonar aquella situación halagadora, para venir a sortear los peligros de la política, para venir a excitar de nuevo nuestras iras.”

Y cuál sería la sorpresa del elemento reaccionario cuando supo que descartábamos todos esos valores materiales al exigirnos el pueblo venir a obedecer sus dictados.

Y allí están los campos de Nainari, fecundos, llenos de frutos, y allí están los grandes compromisos, vencidos unos, y otros por vencerse, pero ahí está todo mi espíritu, y aquí está toda mi acción para ponerlos al servicio de la voluntad del pueblo.

Que siga ignorando la reacción las potencias con que nosotros combatimos, que siga ignorando que las fuerzas morales no pueden ser vencidas nunca por las fuerzas materiales, que podrán vencer a la materia misma; pero que no vencerán jamás al espíritu, así vemos cómo el espíritu del apóstol Madero nos ha servido más, después que fué vencido en su materia, que cuando alentaba la parte física del mártir de la Revolución, y ha seguido flotando entre nosotros, estimulándonos en la lucha y recordándolos siempre su ejemplo.

¿Qué de extraño tiene que Veracruz, que siempre nos recibiera con los brazos abiertos, cuando veníamos a pedirle sangre para ir a defender la causa de la Revolución, se prepare regocijada ahora, para recibirnos cuando hacemos una jira triunfal?

El Estado de Veracruz, por una ironía del destino, ha sido siempre una madre para todos los extranjeros y una nodriza para sus propios hijos.

El Estado más rico de la República, donde el azar quiso acumular todos los recursos que la naturaleza ha puesto a disposición del hombre para su beneficio, no ha podido realizar las conquistas a que tiene derecho, será que no ha sabido o no le han permitido hacer la selección de sus hombres, o que se ha equivocado cuando los ha elegido para poner en sus manos sus destinos.

Es necesario que el Estado de Veracruz, ahora que se produzca la transmisión de los Poderes, busque gente identificada con sus problemas, busque hombres salidos de sus propias entrañas, conscientes de sus responsabilidades, y les haga el honor de designarlos sus representantes para que en los poderes locales y en los poderes federales, el Estado de Veracruz tenga una representación genuina, y los hombres que allí vayan, tengan plena conciencia de que para representar al pueblo no es necesario solamente contar con la estimación y el apoyo de los próceres de la política, sino que será necesario cumplir fielmente el elevado cometido que el pueblo les ha impuesto. (Aplausos.)

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 391 a 399.