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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, en Nogales, Son., el día 24 de mayo de 1928.
Nogales, Sonora, 24 de mayo de 1928.

Van mis palabras para dar cuenta a los hijos de Nogales, que tan entusiastamente se han congregado aquí para recibirme, de los éxitos alcanzados en nuestra jira por los Estados del Sureste.

Ha sido la ciudad de Nogales la que ha escuchado los primeros discursos políticos del que habla, en 1920 y en 1928.

Fué aquí, en Nogales, donde organizamos el primer mitin para emprender la jira de este último movimiento, y recuerdo que hablando con un grupo de amigos y partidarios nuestros, ese mismo día, les decía: dentro de noventa días, cuando hayamos recorrido una gran parte del territorio nacional, los candidatos adversos todo podrán ser menos candidatos.

Ellos, para entonces, se habrán convencido de que la opinión pública no les favorece, y habrán perdido todas sus esperanzas de obtener un triunfo democrático...

Fatalmente mi profecía se cumplió, y tres meses más tarde, esos hombres habían dejado de ser candidatos, para convertirse en rebeldes, y no dentro de la aceptación honrosa de la palabra, que se aplica al ciudadano que se rebela contra una tiranía, sino de la muy diferente que se aplica al jefe de un remedo de asonada militar, que apenas pudo llegar a la categoría de simulacro.

Después, la opinión pública ha venido fortaleciéndose constantemente, designándome como sucesor del singular varón que actualmente rige los destinos de nuestra patria, y que se llama Plutarco Elías Calles, y el pueblo espera que el Gobierno que yo tenga el honor de presidir, fortalecido por la inmensa mayoría de la opinión pública, tendrá la fuerza moral y material bastante para hacer honor a la herencia que habrá de recibir de la presente administración, y poder continuar sorteando con energía y con fe todos los problemas de carácter interior y exterior, que tiene el país.

La reacción ha quedado vencida; unos cuantos residuos conspiran sin éxito, y sólo muestran su descontento las crisálidas presidenciales que enfermas de impaciencia sienten que el tiempo ha transcurrido fatalmente sin satisfacer ninguna de sus esperanzas, y ellos vendrán, consciente o inconscientemente, en su afán de oponerse a nuestro triunfo, a sumarse a la reacción, que se ha debatido impotente para ver si logra impedir que el que habla, al hacerse cargo del Poder, presida una administración que sea la prolongación de la que actualmente, y con tanto acierto, preside el señor general Calles.

Sin embargo, no lograrán enrolar en torno suyo a ningún grupo de ciudadanos bastante fuertes para interrumpir la tranquilidad de la Patria.

Nosotros seguiremos dentro de la pauta que nos hemos trazado, siempre enfilando nuestra proa hacia el objetivo común: el engrandecimiento del país.

Y al llegar al Poder, por la voluntad soberana del pueblo, en primero de diciembre de este año, toda mi buena voluntad y toda mi energía, estarán al servicio de nuestra causa, por el bienestar colectivo, y yo me atrevo a augurar, desde ahora, sin pretender adquirir la fisonomía de profeta, que nuestro pueblo habrá de ver realizados en buena parte sus grandes anhelos, inspirando y fortaleciendo constantemente a ese Gobierno que me cabrá la honra de presidir, y que no será sino una franca expresión de su propia soberanía.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 445 a 449.