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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, el día 11 de marzo de 1928, en la ciudad de Querétaro, con motivo de la grandiosa manifestación que se efectuó en su honor.
Querétaro, 11 de marzo de 1928.

No traemos al pueblo de Querétaro ninguna novedad, porque este pueblo, como el de toda la República, ha seguido paso a paso, y con el interés que se merece, el desarrollo de los últimos acontecimientos militares y políticos.

Por eso vengo a hablarle de los propósitos que me animan; no vengo a excitar pasiones, porque el partido de las violencias ha pasado felizmente para la patria.

Así lo dije al iniciar mi jira y se ha comprobado que tuve razón.

La última defección de algunos militares no fué una revolución, sino una asonada que murió en la cuna, lo que demuestra que los enemigos de la Revolución no cuentan con elementos bastantes para obtener el logro de sus designios.

Ello es consolador, pues nos revela que ya no será necesario que el fusil demande por la violencia lo que no se obtiene por la justicia.

Es tiempo ya de que los que nos llamamos directores de la Revolución, hablemos al pueblo de la labor de reconstrucción, ya que nosotros lo llevamos a la tragedia.

El problema reconstructivo, en el cual el pueblo tiene que ayudarnos, está ya planteado y puede decirse, colocadas las piedras angulares sobre los escombros de los viejos sistemas que destruyó la Revolución.

Para dar cima a este problema se hace necesaria la cooperación del pueblo, la cooperación de todos los hijos de México.

Gobernantes y gobernados deben estar unidos entre sí por un mismo anhelo, y para desarrollar un esfuerzo común, a fin de que ese mismo pueblo tenga conciencia de sus responsabilidades en la reconstrucción nacional.

Por eso debe escoger con cuidado a los hombres que vayan a ocupar los poderes públicos.

Los gobernantes deben realizar los anhelos colectivos, y si no lo hacen, debe exigírseles responsabilidades por sus actos.

La reacción está ya vencida; sus últimos elementos se baten dispersos en pequeñas gavillas que pronto serán sometidas y en el ramo militar queda sólo la tarea de la depuración constante de los elementos malos que siempre hay en todos los ejércitos, y no es justo que la influencia desfavorable que los malos actos de estas excepciones aisladas engendran, se refleje sobre el prestigio de sus demás compañeros de armas y de esta institución, que tiene reservada una noble misión dentro de las funciones del Estado.

Ya antes hemos hablado de los otros problemas, y sobre lo relacionado con el mejoramiento colectivo y los propósitos de levantar el nivel moral y cultural de nuestro pueblo, hay que decir que esta labor la viene haciendo el Gobierno de la República desde hace cerca de siete u ocho años, y deberá seguirse legislando de acuerdo con los intereses colectivos, procurando siempre que las leyes sean aplicadas por funcionarios honestos.

Esto bastará para llevar el reposo a todos los hogares y a todas las conciencias.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 317 a 321.