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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciado en el teatro-cine de Mérida, Yuc., el día 1 de mayo de 1928.
Mérida, Yucatán, 1 de mayo de 1928.

No pensaba hacer uso de la palabra en esta ocasión, y por eso supliqué a nuestro amigo el señor licenciado Antonio Díaz Soto y Gama que agradeciera en nuestro nombre esta nueva cortesía, y que dirigiera algunas palabras a nuestros amigos de Yucatán, aquí reunidos; pero he tenido que quebrantar mi propósito, y dirigirles algunas palabras, porque quiero presentar mis puntos de vista sobre las condiciones que prevalecen en Yucatán, y aclarar un punto que para esta Entidad es de alta trascendencia.

El señor licenciado Soto y Gama decía en su discurso, y con razón, que ha sido gratuito el cargo que se le ha hecho a Yucatán, de ser separatista.

Este cargo se lo debe Yucatán, en su saldo deudor, a la burguesía yucateca, que explotó sus recursos y a sus hombres por muchos años antes de la Revolución.

El elemento conservador de Yucatán, que había logrado absorber todos los recursos naturales de la Península, en unas cuantas manos, y había logrado establecer, en complicidad con la tiranía del Centro, una pequeña dictadura en la Península, no tenía más finalidad, por encima de los intereses de la Patria, y de los intereses del pueblo yucateco, que asegurar la conservación indefinida de todos sus privilegios, para írselos trasmitiendo de generación en generación.

Ellos sabían que Yucatán, explotado inicuamente, desarmado y sin contar con más vías de comunicación que las marítimas, podría permitir su explotación indefinida sólo que se le segregara del resto del territorio nacional, porque el contacto de México con la frontera Norte podía permitir alguna vez la liberación del pueblo mexicano; y fué así como nació esa criminal idea en un reducido grupo de hombres expoliadores.

Ellos sabían que el pueblo, por un movimiento instintivo, tendría que rebelarse contra los métodos de explotación establecidos, y que el Norte, por su contacto con los Estados Unidos de Norteamérica, podría adquirir los pertrechos necesarios para arrebatar a los tiranos, por la violencia, las libertades que por ese mismo medio habían arrebatado esos mismos tiranos al pueblo; y felizmente, los temores del Partido conservador de la República se realizaron. Vino el movimiento emancipador que iniciara el apóstol Madero, y el pueblo todo de la República reconquistó sus libertades y sus derechos.

Ahora el pueblo de Yucatán, con una visión más clara de sus responsabilidades y de sus prerrogativas, sabe perfectamente que la garantía de su grandeza futura radica en trabajar armoniosamente con toda las demás entidades de la República, y es por eso que Yucatán nunca se había sentido más identificado con el sentir unánime de toda la patria, que cuando el pueblo ha llegado a la categoría de pueblo, y sus hijos han alcanzado el honroso título de ciudadanos.

Ahora voy a hablar un poco de mis puntos de vista sobre las condiciones que prevalecen en Yucatán.

Manrique nos hablaba, con esa sinceridad que constituye uno de los altos perfiles de su personalidad moral e intelectual, de que los pueblos no deben conformarse nunca.

Yo comparto esa tesis: el hombre que se siente satisfecho con la posición que guarda, es un hombre de pocas aspiraciones, incapacitado para su constante evolución y mejoramiento.

Lo mismo ocurre con los pueblos, que no son sino inmensas organizaciones de hombres.

Pero que Yucatán ha realizado, en el corto período de gobierno reconstructivo que ha transcurrido hasta la fecha, las mejores conquistas que dentro de la posibilidad y de la lógica, es dable a un pueblo alcanzar, sí tenemos que confesarlo, porque nos lo exige nuestra propia honradez ciudadana; y tenemos que felicitar al Partido Socialista del Sureste, por la magnífica organización y orientación que le han dado sus representativos desde el inolvidable Carrillo Puerto, hasta el doctor Álvaro Torre Díaz y el profesor Bartolomé García.

Es verdad que la realización de un anhelo nos da el derecho de estimular nuestro espíritu con nuevas orientaciones y nuevas esperanzas; y, es natural, que el Partido Socialista del Sureste y sus directores, estén pensando lo mismo, y sientan, como nosotros, el interés de esa constante evolución, y es seguro que a ello encaminan los mejores esfuerzos de su mentalidad y de su músculo; por eso, cuando venimos hasta Yucatán, yo he hablado tan poco.

En la inauguración de la Casa del Pueblo tuve que hablar lo que mi emoción me exigía, y sentía que no podía corresponder a la deuda de cariño y de gratitud que todos debemos al inolvidable Carrillo Puerto, si no tenía para él algunas frases de cariño en aquella solemne ocasión; y he hablado poco en Yucatán, porque sé que aquí no necesitamos hacer ninguna propaganda política ni social, porque de antemano está hecha.

Los hijos de Yucatán, en el terreno cívico y social, son catedráticos, y ojalá que de otros lugares de la República pudieran tomar lecciones en la organización del Partido Socialista del Sureste.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 409 a 415.