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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciado el día 22 de marzo de 1928, en Cañitas, Zac., con motivo del banquete que le fue ofrecido en dicho lugar.
Cañitas, Zacatecas, 22 de marzo de 1928.

Para los que toman de la vida solamente la parte material y frívola, esta clase de reuniones tiene poca significación, pero aquellos que liemos vivido intensamente, tenemos la convicción de que estos actos tienen justificación, y estamos seguros de que sabremos corresponder al honor y a la confianza que se ha depositado en nosotros.

En estas reuniones, más que a satisfacer deseos materiales y el apetito, que puede traernos como consecuencia el sopor de la digestión pesada, debemos fijarnos en los puntos que convergen a rectificar errores.

Cargamos con gran responsabilidad, de la cual habrá de depender nuestra acción.

Es error creer que algunos han hecho más por la Revolución que otros, pues todos hemos hecho el esfuerzo máximo dentro de nuestras facultades.

La tarea principal de nosotros consiste en desescombrar el camino, esa ruta llena de sacrificios que se necesita recorrer para llegar al punto que se llama progreso; que se llama bienestar colectivo.

Las calumnias de nuestros enemigos se desvanecerán cuando venga la realidad a demostrar que la Revolución no es algo que nos lleve al caos, sino algo que nos llevará a la reconstrucción del país, al mejoramiento colectivo.

Para la reconstrucción, necesitamos el desarrollo de la industria, y el desarrollo por todos los medios para hacer producir más a la tierra.

Si no somos capaces de aportarlos, que vengan extranjeros honrados a enseñarlos.

Abramos los brazos al capital, pero al capital que se llama ciencia y conciencia, que sabe que México no es campo de explotación ni conquista, pero no aceptemos el capital que signifique carga y explotación para la patria y para el pueblo, porque sacrificaríamos nuestra soberanía y pondríamos en peligro la integridad nacional.

Hacemos un llamamiento al capital interior y al exterior, para que vengan a ayudarnos en el desarrollo de nuestras riquezas materiales, y podemos asegurar, que dadas las condiciones geográficas de México, y la nobleza y capacidad de los trabajadores mexicanos, el país será un campo de grandes utilidades para el capital invertido.

La calumnia de que la Revolución persigue la religión católica, es falsa de toda falsedad, y ha sido lanzada por nuestros enemigos, con el fin de hacer creer que si la Revolución triunfa Dios está en peligro.

Si la Revolución hubiera incurrido en el error imperdonable de proclamarse interventora de la conciencia nacional, no habría tenido el derecho de obtener las victorias que ha logrado alcanzar con su esfuerzo.

Si la Revolución ha llegado hasta donde los hechos lo demuestran, es precisamente porque trata de alcanzar la libertad de conciencia.

Para nosotros es tan respetable el masón como el católico, como el evangelista y como cuantos pertenecen a otras diversas sectas, pues sin este elevado nivel moral no tendríamos patria, porque éste no existe sin religión ni moral.

La Revolución es reconstructora y castigará sin descanso al tipo clásico del haragán que no sabe ni siquiera cuál papel está llamado a desempeñar dentro de la colectividad.

A ese tipo de hombre falto de acción y al capital que pretende hacer obra de explotación, será a los que persiga la Revolución y no a las fuerzas generadoras de actividades.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 357 a 361.