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Siglo XX > 1920-1929 > 1928

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciado el día 17 de marzo de 1928, en la ciudad de Fresnillo, Zac.
Fresnillo, Zacatecas, 17 de marzo de 1928.

Si hemos de atenernos a lo que dicen los pensadores, y aceptar con ellos que la música es la expresión más fiel del alma de los pueblos, vendremos a la conclusión de que al Estado de Zacatecas lo conocíamos desde nuestra infancia, cuando nos lo revelaba en sus notas vigorosas y marciales el himno de esta entidad federativa, “La Zacatecana,” que escribiera su autor, interpretando el alma de su pueblo en un canto que lo hizo inmortal: “La Zacatecana,” la que nos enseñó a conocer las características del pueblo de Zacatecas, de ese espíritu vigoroso, todo marcialidad.

Es por eso que para nosotros no constituye una sorpresa cuando después los hechos históricos han venido a demostrarnos cuáles son las características del pueblo de Zacatecas, intelectuales, morales y cívicas de los hijos de este Estado.

¿Por qué estamos nosotros en la ciudad de Fresnillo?

Estamos en ella para corresponder a los hijos de Zacatecas una deuda de gratitud por la actitud resuelta, asumida por ellos, y muy especialmente por los hijos de Fresnillo.

Se iniciaban los trabajos preliminares de la compaña electoral en que habrían de resolverse los destinos de la Revolución, cuando el actual primer mandatario de la República terminara su período.

En aquella época muchos espíritus oscilaban entre las bravatas de algunos malos jefes militares y las ofertas de otros jefes sin escrúpulo, cuando muchas letras de molde se escribían, pagadas con el oro de la reacción para desorientar a las masas populares creadoras de la Revolución; cuando muchos intereses se agitaban en el interior y en el exterior de la patria para improvisar figuras de jefes, para proteger sus intereses.

Se celebraba entonces una Convención en la ciudad de Fresnillo, donde estaban representados casi en su totalidad los campesinos y los obreros de este importante Estado de Zacatecas.

Fué entonces cuando con una espontaneidad que obliga mi reconocimiento, y que me llena de orgullo, los campesinos y los obreros aquí reunidos declararon que su candidato lo era el general Obregón, que estaba aún retirado en su rancho de Cajeme, dedicado por completo a sus faenas de campo.

Fue en esta Convención donde se dio una de las primeras clarinadas que juntamente con las que surgieron de otras regiones de nuestro territorio, empezaron a llevarme la evidencia de que todavía no tenía yo derecho al reposo y al bienestar que empezaba a disfrutar en el lejano Estado de Sonora, o mientras no volviera a proteger, interpretando los anhelos de nuestras masas populares, los sagrados intereses que ellos habían conquistado con la revolución, y que manos aviesas pretendían arrebatarnos.

Esta es la explicación de nuestra actual presencia en la ciudad de Fresnillo, Venimos a pagar deuda de gratitud, venimos a expresar nuestro reconocimiento sincero por la simpatía y la confianza que los hijos de esta importante región de nuestro territorio nos mostraron desde aquella época, en que muchos pensaban que era una temeridad ser obregonista y otros pensaban que no era una conveniencia, porque se exponían a perder muchas de las prebendas que pretendían obtener si llevaban al más alto poder público a uno de los manequíes que habían estado elaborando conscientemente para explotarlos después; y nos llena de regocijo ver cómo en esta región del país se agrupan los campesinos, los obreros, los hombres de trabajo, todo lo que ha dado en llamarse las fuerzas vivas, para prestar su cooperación a las creaciones de un gobierno nacional que despojado de todo prejuicio sectario, despojado de todo prejuicio de bandería política, sepa interpretar desde el Palacio Nacional, cuáles son los anhelos, las aspiraciones y las necesidades de cada uno de los pueblos de la República, y sepa impartir en la medida de su capacidad y en la medida de las posibilidades, de las riquezas y los recursos naturales, todo el bienestar a que tienen derecho los hombres de buena fe que trabajan conscientemente en el desarrollo de la gran patria que anhelamos formar todos aquellos que fuimos a la revolución, animados de una gran idealidad.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 341 a 346.