Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

          1929

          1928

          1927

          1926

          1925

          1924

          1923

          1922

          1921

          1920

      1910-1919

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1920-1929 > 1927

El General Álvaro Obregón habla el día 6 de septiembre de 1927, a su llegada a Matehuala, S. L. P.
Matehuala, S. L. P., 6 de septiembre de 1927.

Vemos estas explosiones de júbilo con que celebramos la verdadera victoria de la Revolución.

Fue tan pródigo el pueblo de México en derramar sangre generosa para conquistar sus libertades y sus derechos, que ha querido el destino otorgarle la más completa de sus victorias; a la victoria armada, sigue ahora la victoria cívica.

Por ventura para nosotros, el enemigo común de libertades y derechos del pueblo, no solamente ha quedado vencido, sino que ha quedado incapacitado para la lucha, porque su propio despecho le ha negado el privilegio de observar los fenómenos que en México se están produciendo.

Su despecho le ha cegado y está incapacitado para intentar cualquier movimiento contra las libertades.

La reacción nos pregunta a cada paso que dónde está la revolución, y es porque no quiere mirar los fenómenos que se vienen desarrollando como consecuencia de la Revolución.

La Revolución nos ha dado el privilegio incomparable de poder constituir con la inmensa masa del pueblo mexicano, una entidad moral y otra material, que se llaman Gobierno y Pueblo; pero que constituyen en los actuales momentos una sola unidad por la comunión perfecta de ideas que existen entre gobernantes y gobernados.

La suprema aspiración de los pueblos, seguramente es la de formar una sola entidad con las fuerzas vivas de la gran mayoría de los ciudadanos que anhelan con todo entusiasmo y con toda razón el mejoramiento colectivo y engrandecimiento de la patria.

Ya desapareció para el pueblo de México aquel problema que tuviera que resolver con sangre cuando un grupo de privilegiados lo había aherrojado para explotarlo como un inmenso rebaño de trabajadores al que explotaba sin piedad ni conciencia.

Esa tendencia que se llama reacción, y que tuvo que destruir el pueblo de la República con sangre, está absolutamente vencida.

Ahora sus residuos han querido dizque organizar un partido político, y lo más que han logrado, es formar una ensalada política con los elementos y el despecho de las administraciones caídas, a quienes el pueblo les retiró su confianza, porque fueron infieles en el terreno de la práctica a las promesas que le hicieron cuando lo arrastraron a la tragedia.

De esas administraciones caídas, están recogiendo los residuos en plena descomposición política, y han formado un mosaico ridículo en el que se nos antoja que corren el peligro de amanecer hablando distintos idiomas, según las distintas variantes que en ese grupo se han dado cita; pero ellos ignoran la fuerza que ha adquirido el Partido Revolucionario, y creen que pueden imponer un gobierno de la reacción, celebrando pactos secretos entre políticos fracasados.

Ellos ignoran que el supremo privilegio que nosotros ofrecemos está en el pacto, solamente, con el alma popular, porque no somos sino una representación del pueblo mismo para ponernos al servicio de sus intereses.

Y ese grupo de hombres que serían funestos si dispusieran de alguna fuerza y que ahora apenas llegan a ridículos, nos trae la nueva de que para ser fuertes, sólo se necesita que firmen un pacto los “serranistas” y los “gomistas,” para vulnerar los derechos del pueblo y devolverle a México la tiranía que destruyera con su sangre.

Pero felizmente para nosotros, el sueño de esos pobres ilusos no puede realizarse, porque las fuerzas del pueblo todo de la República, están perfectamente vinculadas en una sola aspiración, y son esas fuerzas, señores, las que han de orientar y determinar cuál es el derrotero que debe seguir la política de México, para que México llegue a realizar las grandes conquistas a que está llamado.

Yo felicito a los hijos de Matehuala, a los hijos de Doctor Arroyo y a todos los que han venido a esta manifestación, de los lugares circunvecinos, porque ellos se llevarán en su espíritu la convicción de su propia fuerza y se elevarán a la tranquilidad que tanto necesitan en sus hogares, convencidos de que la reacción no podrá volver a llevarnos al terreno de la violencia, y que sin derramar una sola gota de sangre en esta ocasión, la venceremos a la hora del sufragio, porque la votación del pueblo todo del país, está perfectamente determinada en favor del ciudadano que han designado su representante.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 273 a 278.