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Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso que pronunció el General Álvaro Obregón durante el mitin y velada organizados en el Teatro Juárez en la Ciudad General Terán, N. L., el 27 de agosto de 1927.
Ciudad General Terán, N. L., 27 de agosto de 1927.

Los pueblos no pueden confiar sus derechos a los azares de la suerte, como no pueden confiar sus destinos a los azares del petróleo, que hoy puede producir millones y millones de barriles, y mañana agua salada.

El destino de los pueblos necesita una base más firme, necesita una base que les garantice su bienestar, y sobre todo, que les garantice el futuro, el futuro de la Patria, de la Patria grande que venimos soñando.

Es por eso que las mejores energías de mi vida, mi mejor edad y mis mejores actividades las he dedicado siempre al desarrollo de la agricultura, y solamente cuando el país ha necesitado mis servicios, he abandonado mi trabajo, para venir a servir a la causa común, algunas veces con el fusil, y otras en la política.

El arte más raro de los gobernantes, la cualidad más singular es la previsión; preparar a su país para relevarlo de los problemas que todos los pueblos del mundo tienen en la época actual, en esta época de la más alta trascendencia para la vida humana en que quiso el destino brindarnos el privilegio de vivir, en esta época de intensidad llena de problemas complejos, debido en la mayor parte de los casos a la falta de previsión en los hombres de Estado.

El problema que tiene ahora absorbidos a los principales estadistas del mundo, es el problema social.

El problema social todos lo conocemos.

Es la noble y justa aspiración de las clases proletarias, de las ciudades y de los campos, de un mejoramiento más equitativo, a una elevación mayor en el terreno moral, en el terreno intelectual y en el terreno económico.

Y ese problema que tiene atraídas las miradas de los hombres de Estado del Universo, muchos no podrán resolverlo, porque no tienen el valor de estudiarlo a fondo, de estudiarlo por su base, sino que están tratando de estudiar sus síntomas, tratando algunos de ahogar con sangre los justos anhelos del proletariado del mundo.

Otros estadistas fomentan el fanatismo en los dominios de sus respectivas jurisdicciones, porque saben que el fanatismo es el mejor anestésico para atrofiar los espíritus de los que sufren, ofreciéndoles para la otra vida el bienestar que no tienen el valor de proporcionarles en ésta.

Es el fanatismo, señores, el medio que han usado muchos hombres de Estado para atrofiar la conciencia colectiva que les permite negarles libertades y bienestar; es el anestésico que usa el capital, y ya recordamos cómo en la hacienda existía el sacerdote rural encargado de decir a los peones:

“Trabaja sin descanso, trabaja tenazmente, trabaja y sufre el hambre, el frío y el sol, que al fin de la proporción de tus penas terrenales, disfrutarás de la gloria de la vida eterna.”

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 245 a 249.