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Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, el día 30 de agosto de 1927, en el mitin que se efectuó en Matamoros, Tamps.
Matamoros, Tamaulipas, 30 de agosto de 1927.

Así como en Matamoros y los pueblos comarcanos se aprestaron todos los hombres libres a venir a mostrar cuál es su filiación en los próximos comicios, así en el resto de la República todos los hombres que se precian de independientes han hecho lo mismo que en Tamaulipas: aprestarse para ejercitar sus derechos que no son sino la manifestación franca de su propia soberanía.

La conquista más grande que la Revolución realizara con el sacrificio de nuestros hermanos, consiste, precisamente, en que el pueblo logró recobrar ese supremo derecho que se llama soberanía.

La soberanía nacional radica en todos los ciudadanos de la República.

Cada uno representa una pequeña parte de esa soberanía, y la mayoría de voluntades la representa en su totalidad.

Por eso cuando conquistó el pueblo esa autoridad, se libertó para siempre de tiranías oprobiosas, porque ya no vendrán grupos reducidos a imponer su criterio contra leyes destinadas a proteger los intereses de unos cuantos, porque serán rechazados por la soberanía popular en las Cámaras legisladoras.

Es el pueblo de México, después de un largo período de guerras intestinas y de grandes tragedias en que derramara lo mejor de su sangre el que ha realizado la más alta conquista que pueden esperar los hombres: la Libertad, su Independencia y su Soberanía.

Es por eso, que ahora todo el pueblo de la República cuando le presentan dos individuos que no le inspiran confianza y tratan de hacerle creer, cohechándola uno que otro de nuestros malos ciudadanos, que son los candidatos que le convienen, nuestro pueblo los rechaza, rechaza su farsa ridícula, y como dirían en una plaza de toros, los vuelve al corral.

Ahí está de nuevo en el coso, en la ciudad de México, tratando de pactar uniones fantásticas creyendo que los pactos a base de cuchicheos pueden conquistarles el cariño y la voluntad del pueblo de la República.

No es a base de cuchicheos, entre cabarets y cantinas, como se plantean los problemas nacionales.

Es con las clases populares, con el alma popular sondeando los problemas de cada una de las regiones del país, para que cuando llegue al Poder el candidato sepa qué problemas tiene cada una de las regiones del país y a qué problemas nacionales debe prestarle mayor atención.

Ya pasó el tiempo en que pudiera imponérsele al pueblo de México, un mandatario sin su voluntad.

Ahora ese pueblo impondrá su voluntad y ya la ha impuesto de antemano.

Es por eso que en Matamoros se nos recibe como en todas partes a donde vamos llegando, obedeciendo el mandato del pueblo que nos obligó a ponernos a su servicio.

Por eso, en todas partes de la República se organizan estas explosiones cívicas, para demostrar al mundo, que México ya no es el rebaño que pudo ser explotado por unos cuantos pastores de mala fe; que es el pueblo consciente de sus libertades y de sus derechos el que elige a satisfacción a sus representantes públicos para exigirles después responsabilidades en el cumplimiento de su deber.

Decía, y tengo que repetirlo ahora, que cada una de estas manifestaciones significa para nosotros una nueva responsabilidad ante el pueblo que deposita en nosotros su confianza.

Es una nueva responsabilidad que tendremos mientras no cumplamos con hechos a la confianza que en nosotros se deposita.

Es así como nosotros interpretamos la democracia, y es así cómo creemos servir a nuestros conciudadanos, los que tenemos sobre nuestras espaldas la inmensa responsabilidad de haber arrastrado a millares de hermanos a la lucha, muchos de los cuales quedaron en el campo de batalla.

Muy satisfechos nos deja esta manifestación por su entusiasmo, por estar compuesta por hombres que saben ejercitar sus derechos, y no por hombres, como dijeran nuestros enemigos, que no tienen conciencia de sus obligaciones para con la Patria.

Seguimos nuestra jira, y ojalá que llegado el día, sepa yo corresponder en el terreno de los hechos a la confianza que ustedes depositan en estos momentos en mi candidatura.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 257 a 262.