Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

          1929

          1928

          1927

          1926

          1925

          1924

          1923

          1922

          1921

          1920

      1910-1919

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, el día 25 de septiembre de 1927, en la ciudad de Pachuca, Hgo., con motivo de la manifestación organizada en su honor, por sus partidarios y simpatizadores.
Pachuca, Hidalgo, 25 de septiembre de 1927.

Muy poco habría de decir a los hijos de Pachuca, cuando sus ojos han recogido la mejor impresión de la actual campaña política y las impresiones que recogen las pupilas son mucho más elocuentes que las recogidas por nuestros oídos.

Pachuca ha podido presenciar en el transcurso de ocho días solamente, cómo se presentan las masas populares, los mineros y los campesinos, los trabajadores de taller y los hombres de conciencia libre a protestar su adhesión y su simpatía al candidato que ha vivido identificado con el pueblo desde que se iniciara la tragedia revolucionaria.

El pueblo de Pachuca presenció también, hace apenas una semana, cómo desfilaba por las calles de la ciudad una farándula política de fracasados de todos los matices en un número tan reducido, que no alcanzaría siquiera para formar una lotería zoológica.

El pueblo de Pachuca que presenció aquel fracaso político, debe haber leído con asombro cómo los periódicos representativos del elemento conservador multiplicaban el número de aquellos hombres que formaron la manifestación del domingo anterior, para mentirle a la Nación, diciéndole que muchos miles de ciudadanos habían recibido al candidato Gómez.

Pero son los mismos periódicos que nos regalan cada rato con la novedad de que el pueblo es una masa amorfa, que nos hablan del pueblo diciéndonos que es una mentira criminal que vengamos a decirle que ha conquistado su soberanía con su propia sangre; son los mismos periódicos que nos dicen que no debe haber gobiernos de las mayorías, porque las mayorías son analfabetas e ignoran sus derechos cívicos.

Esos son los ecos de la reacción que pretenden desorientar la opinión pública, pero por ventura para nuestra causa, son demasiado conocidos sus sofismas y sus mentiras, y bastaría con los elogios de esos órganos de la reacción para que el pueblo dudara de cualquier candidato.

Nosotros no debemos detenernos en la lucha por las palabras aviesas que nos lancen los diarios metropolitanos desde sus columnas.

A nosotros nos corresponde una misión más elevada que la de contestar injurias y calumnias.

Nosotros juramos en nuestro fuero interno de ciudadanos, sumar nuestro sacrificio al sacrificio del pueblo y vivir en comunión con el alma popular para ayudarlo a proteger y a defender sus intereses.

Es por eso que continuamos la lucha, desafiando la ira de la prensa reaccionaria, que ha visto con profundo dolor cómo han fracasado ya sus candidatos, y quiere ahora torcer la conciencia nacional, diciendo que el pueblo nunca ha conquistado su soberanía, y que no deben existir en nuestro país los gobiernos democráticos emanados de su voluntad.

Por ventura para la causa del pueblo, la victoria ha querido sonreírnos también en esta vez; por eso es que los candidatos de la reacción no se atreven siquiera a salir a los pueblos y a las pequeñas ciudades ni a las rancherías, donde los hombres del campo, unidos en un solo esfuerzo y hacia una sola finalidad, apoyan la causa popular y la defienden con todo el entusiasmo que demanda.

Sería torpe de nuestra parte, tomar en serio las bravatas de nuestros enemigos, porque ellos no cuentan con elementos necesarios para agitar en una nueva tragedia a la República.

Nosotros los venceremos sin necesidad de quemar un solo cartucho, porque ellos vinieron vencidos ya a la lucha democrática.

Nosotros debemos organizarnos en agrupaciones políticas, como está organizado el Estado de Hidalgo y casi toda la República, para que llegado el día de la elección vayamos a las casillas electorales para sepultar en ellas a los nombres ridículos y tristemente célebres de los generales Serrano y Gómez.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 283 a 288.