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Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso del General Álvaro Obregón, que pronunció el día 21 de agosto de 1927, en el Hotel Royal, de Tampico, Tamps.
Tampico, Tamps., 21 de agosto de 1927.

Cuando se reclutaban en los campos de Tampico los esquiroles y las “guardias blancas“ para recibir al candidato sin vicios, la prensa de la reacción nos decía que era Tampico el baluarte de la candidatura de Arnulfo R. Gómez, y queríamos venir hasta Tampico para desengañamos si el pueblo de Tampico estaba con la Revolución o estaba con los esquiroles de la Revolución; y cuando llegamos a este puerto de abolengo liberal, de abolengo glorioso, encontramos a los hijos de la Huasteca Veracruzana unidos en un solo esfuerzo para defender sus derechos y sus libertades; y venimos hasta aquí para que sepa la Nación entera que Tampico no ha renunciado a los derechos que conquistara con su sangre y que será este pueblo liberal el que lleve al Poder Supremo de la Nación a un hombre que no claudique, a un hombre que no vaya a vender su conciencia.

Y por eso al llegar nosotros a este puerto, esta manifestación clamorosa y entusiasta da un mentís a los asalariados de Arnulfo R. Gómez y de Francisco Serrano.

El pueblo de Tampico, compuesto en su gran mayoría por una masa de trabajadores que no tiene más patrimonio que el sagrado sudor de su frente para subvenir a las necesidades de su vida, ¿cómo puede dejarse engañar por sus propios enemigos?

El pueblo de Tampico, como todos los demás de la República, está unido como un solo hombre para proteger sus intereses y para seguir defendiendo el decoro de la Patria Mexicana.

México, que por muchos años vino haciendo el papel de una nodriza amamantando en sus pechos a los advenedizos y matando de hambre a sus propios hijos; de ahora en adelante, dejará de hacer el triste papel de nodriza para hacer el muy airoso de una verdadera madre para sus hijos.

Que vengan los réprobos a querer interrumpir estas manifestaciones populares; que vengan a desquitar los salarios de sus amos; que vengan a estas manifestaciones de la soberanía popular a interrumpir su majestad, a interrumpir estas fiestas cívicas para poder ir después a cobrar sus decenas de rodillas ante las empresas extranjeras.

Ya llegó el día en que el pueblo ha recobrado sus derechos y los ha comprado al precio de su propia sangre.

Pudo México haber hecho el papel de esclavo por centurias; pudo haber soportado las cadenas de la tiranía; pero cuando las ha roto, cuando ha recobrado su libertad, cuando ha recobrado su independencia, primero perderá su vida que permitir que lo aherrojen de nuevo.

Pueblo de México, pueblo trabajador; estamos asistiendo a un magnífico espectáculo cuando vemos cómo se agrupan los ciudadanos independientes en torno de su vieja bandera para proteger sus intereses morales y sus intereses materiales.

Que vengan inútilmente los esquiroles y las guardias blancas disfrazadas de ciudadanos a ver si interrumpen estas manifestaciones populares de un pueblo viril y activo que se ha conquistado sus libertades con su sangre.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 219 a 223.