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Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciado en Monterrey, N. L., el día 28 de agosto de 1927, durante el mitin que se efectuó.
Monterrey, N. L., el día 28 de agosto de 1927.

A elocuencia de los hechos supera a la elocuencia de las palabras.

Los discursos que pudieran pronunciarse ante esta manifestación, no podrían repetir fielmente la elocuencia y trascendencia del hecho mismo.

La reacción nos pregunta a cada rato:

¿Qué es la Revolución?

¿Dónde está la Revolución?

Y nosotros podríamos contestarle que esta Revolución es esa inmensa fuerza espiritual cuya misteriosa existencia no alcanzan a comprender los seres inferiores que niegan a su espíritu la dirección de sus actos, reconociendo únicamente como autoridad suprema la influencia de su estómago al que todo lo subordinan.

Es revolución, la acción de un pueblo cuando se arma para conquistar por la violencia y la tragedia los derechos que le niegan los tiranos.

Es revolución, este movimiento espiritual que después de la tragedia viene conmoviendo con conciencia colectiva, orientando las masas populares por los senderos en que pueden encontrar el bienestar al que tienen derecho.

Es revolución, esa fuerza misteriosa que nos une en esta manifestación de regocijo, cuando se trata de ejercitar nuestros derechos cívicos, derechos conquistados por la revolución armada.

Es natural, que los residuos del elemento reaccionario, sin dirección y organización, dispersos y despechados como se encuentran en nuestro territorio, ignoren el alcance del vocablo, ignoren la amplia acepción que en la conciencia nuestra tiene la palabra Revolución.

Es revolucionario, en el concepto de nosotros, el hombre que pugna porque predominen en nuestra Nación los valores morales y espirituales.

Revolucionario, es el que quiere que se consoliden los derechos de los muchos aun con perjuicios de los privilegios de los pocos.

Es revolución, el anhelo de las clases populares por ilustrarse e ilustrar a sus hijos.

Esa revolución del espíritu, que ignoran los que no tienen contacto con el espíritu colectivo ni reconocen en el suyo propio el derecho de regir sus actos.

Nosotros debemos felicitarnos de que la reacción ignore lo que significa la palabra revolución, porque esto nos permitirá una mayor organización y un mayor desarrollo en el programa emanado de la Revolución que se alienta vigorosamente en el espíritu de cada uno de los ciudadanos que no están al servicio de los intereses materiales de las castas privilegiadas.

¿Qué es reacción?

¿Dónde está la reacción?

También preguntan ellos mismos.

Ellos ignoran que la reacción, es el esfuerzo de las clases privilegiadas desarrollado en favor de sus intereses materiales, sin preocuparles siquiera las consecuencias que la defensa de estos intereses materiales puede reportar a las clases proletarias de su propia patria.

Es reacción, el atrofiamiento de todo sentido moral y espiritual que tiende a la liberación de los pueblos.

Es reacción, la labor solapada y contumaz de los malos clérigos, que pretenden hacer de México un rebaño al servicio de los intereses de Roma.

Es reacción, la injuria constante de la prensa subvencionada por los residuos del elemento conservador, y en muchos de los Estados de la República, para proteger los intereses de los grupos que la tienen pagada.

Es reacción, por último, la retractación de algunos revolucionarios para ponerse al servicio de los enemigos de la causa común, de los enemigos que ellos batieron durante el período de la revolución trágica.

Es reacción, la retractación que han hecho Arnulfo R. Gómez y Francisco Serrano, del programa vigorosamente social que sirve de base a la administración en que ellos colaboraron, para presentarse como candidatos, renunciando previamente a las responsabilidades que trae como consecuencia a todo funcionario público el cumplimiento de su deber, defendiendo esos valores morales y espirituales en contra de los intereses materiales de los privilegiados.

Es reacción, el oro de los grandes trusts de Wall Street, tratando de dominar al mundo con la doctrina del dólar.

Todo eso a juicio de nosotros, es reacción, y porque interpretamos fielmente lo que es reacción y lo que es revolución, vienen las masas populares, anhelosas de proteger los intereses morales y las fuerzas espirituales que tienen que regir el futuro del mundo, a protestarnos su adhesión y a decirnos:

Sigan siendo fieles soldados de la Revolución, de fieles soldados de la Revolución de ayer, en la revolución espiritual.

Sigan sin perder la visión de sus grandes responsabilidades históricas, y el pueblo os respaldará con su acción.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 251 a 256.