Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

      1990-1999

      1980-1989

      1970-1979

      1960-1969

      1950-1959

      1940-1949

      1930-1939

      1920-1929

          1929

          1928

          1927

          1926

          1925

          1924

          1923

          1922

          1921

          1920

      1910-1919

      1900-1909

  Siglo XIX

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciado en Monte-Morelos, N. L., el día 26 de agosto de 1927, con motivo del recibimiento de que fue objeto en dicho lugar.
Monte-Morelos, N. L., 26 de agosto de 1927.

Al volver a la lucha política, si nos hubiéramos concretado a la lucha electoral, no habríamos tenido necesidad de realizar esta jira, en que ahora venimos, porque los enemigos que han tratado de enfrentarse al Partido Revolucionario no tienen el prestigio bastante para disputar en esta lucha política el triunfo electoral.

Pero no es la finalidad nuestra llegar solamente hasta el Poder, sino cumplir la elevada misión que el pueblo trata de imponernos de nuevo, cuando nos ha llamado para que vengamos a poner a su servicio las energías que nos restan y que pueden con la cooperación del pueblo ser útiles a la causa nacional.

Hemos emprendido esta jira política, porque nos sirve para tomar contacto con las clases populares y las clases sociales de las diversas entidades que integran nuestra República, para exponerles nuestro propósito y recoger sus inspiraciones, para pedir la ayuda de todos, ya no para vencer a nuestros enemigos políticos, que nacieron derrotados; ya no para vencer a los núcleos personalistas que engendraron esas dos candidaturas que el pueblo ha rechazado.

La cooperación de nuestros conciudadanos la necesitamos para afrontar los problemas que el pueblo de México tiene que seguir discutiendo sobre su cartera por un período de no sabemos cuántos años.

La gran Revolución que se prolongó por varios lustros en nuestro país, traía como finalidad producir la transformación completa en nuestra estructura moral, cultural y política.

Los hombres de la Revolución, asumimos una gran responsabilidad ante las masas populares que arrastramos a la lucha, ofreciéndole la realización de esa noble idealidad y estamos vinculados con el pueblo en esa obra histórica, y cuando la lucha política se iniciaba, vimos surgir dos autocandidatos que antes de entrar al tinglado político empezaban por retractarse del programa social que venía desarrollando la administración en que ellos tuvieron el honor de colaborar cuando ellos hacían una renunciación de ese programa, tratando de aligerar los escollos que en estos momentos presenta la ruta que el pueblo de México resueltamente va siguiendo hacía la conquista de su liberación definitiva; porque ellos solamente anhelaban llegar al poder sin preocuparles la trascendencia de esos problemas nacionales.

Fue entonces cuando la alarma empezó a cundir en toda la República, especialmente entre las clases populares que veían que los dos candidatos comenzaban por retractarse del programa revolucionario que está sirviendo de modelo a la administración actual, y que sirvió de modelo a la administración que tuve el honor de presidir.

La alarma tomó proporciones, y el pueblo buscó el remedio y creyó encontrarlo demandando mi retorno a la vida política, dirigiéndose hasta mi retiro de Sonora, desde todas las ciudades, pueblos y villas de la República, clamando que un nuevo peligro amenazaba a nuestras instituciones, a las conquistas de la Revolución, y que era necesario que aceptando la responsabilidad que aún me correspondía, viniera a ponerme al frente del gran Partido Revolucionario, para vencer a los que intentaban en un vértigo de ambiciones apoderarse del Partido Nacional, sin asumir ninguna responsabilidad.

Por eso venimos a la lucha política, no para vencer a candidatos que están vencidos, sino para resolver los problemas que aún no terminan, y para eso pedimos el concurso de nuestros conciudadanos.

Después el General Obregón agregó:

“Hemos encontrado felizmente que toda la República está orientada hacia la misma finalidad.

Hemos encontrado manifestaciones tan espontáneas y tan entusiastas, que demuestran que el pueblo sigue depositando en nosotros su confianza, y espero cumplamos con fidelidad las promesas que hiciéramos cuando lo llevamos a la lucha y las que hacemos ahora.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 239 a 244.