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Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciado el día 24 de agosto de 1927, en Ciudad Victoria, Tamps., durante el mitin que se efectuó.
Ciudad Victoria, Tamaulipas, 24 de agosto de 1927.

Todas las luchas de la vida deben ser planteadas dentro de un principio de estrategia irrefutable.

Siempre debe precederse en las luchas, en el sentido enteramente opuesto en que pretendan que procedamos nuestros propios enemigos.

Cuando la sucesión presidencial empezó a plantearse como problema de palpitante interés para nuestra República, fué la reacción por boca de sus órganos de la capital, la que estableció la incapacidad para que el general Obregón volviera a la lucha política.

Fué la reacción la más empeñada en demostrar que Álvaro Obregón no debería volver a la política, dizque para que salvara sus altos prestigios, como si la reacción sinceramente se preocupara siquiera por cuidar uno sólo de los prestigios de la Revolución, que siempre ha desconocido, que siempre ha injuriado.

Hace unos cuantos días que el órgano más representativo de la reacción en México “Excélsior,” decía en su primera plana que el pueblo de México es una masa amorfa que mueven los políticos personalistas para ponerla al servicio de sus ambiciones bastardas.

Si el pueblo de México fuera una masa amorfa, fácilmente utilizable para satisfacer ambiciones bastardas, esa masa amorfa estaría respaldando a Arnulfo R. Gómez, porque ahí están junto con la reacción las ambiciones bastardas.

Siguió llamando la atención del país el problema de la sucesión presidencial, y el pueblo, cuando se dió cuenta de que ninguno de los dos hombres que se estaban ofreciendo a la consideración pública merecía su confianza, pasando por encima de las insinuaciones malévolas de la reacción se dirigió hasta el rancho del Nainari, en donde yo me encontraba dedicado a mis trabajos de campo, para imponerme la obligación de volver a la lucha política y ponerme al frente del Partido Revolucionario para desbaratar las maniobras de esos dos hombres que estaban al servicio de la reacción.

Que sigan los enemigos del pueblo mexicano, que sigan los enemigos de nuestra grandiosa Revolución llamando masa amorfa a este pueblo, que si fue masa amorfa en tiempos de Porfirio Díaz, ahora es una masa compuesta de ciudadanos conscientes que se levantan como un solo hombre cuando sus derechos están en peligro.

Que siga la reacción dormida en sus laureles, que siga creyendo que son unos cuantos ambiciosos los que agitan esa masa amorfa inconsciente para seguir disputando a esa misma reacción los privilegios que la Revolución le arrancara y que pretende conquistar de nuevo.

Que siga "Excélsior” injuriando al pueblo de México, llamándolo masa amorfa para desquitar las propinas que los hombres de capital arrojan sobre la mesa de redacción de ese diario.

Que siga ese órgano de la reacción, que tantos servicios nos presta porque nos orienta en nuestras luchas cívicas, haciéndonos ver cuáles son las armas que está agitando la reacción para desorientar la conciencia colectiva, y así saber nosotros cuáles son las maniobras de la reacción, para colocarnos en el campo opuesto y defender airosamente, valerosamente, los intereses del pueblo todo de la República.

La reacción tiene algunas cosas útiles.

La reacción es un enemigo común que nos sirve para permanecer unidos y poder defender, con mayores facilidades, los derechos y los intereses de las masas proletarias.

Que siga la reacción alimentando periódicos con su propio dinero, para que nosotros sigamos sacando ventajas hábilmente de esos órganos de la reacción, orientándonos para el cumplimiento de nuestros deberes cívicos, y no caer en las redes que tratan de ponerse con las teorías que publican en esos órganos pagados con el oro que arrancara al pueblo cuando poseía los privilegios que le diera la dictadura de Porfirio Díaz.

Los hijos de Tamaulipas, como los de los demás Estados de la República, no son una masa amorfa como dice “Excélsior,” son una masa compacta de ciudadanos conscientes que se van rodeando de los hombres representativos en los municipios, en los Gobiernos de los Estados y en el Gobierno Federal, para respaldarlos con su acción moral y material y ayudarlos a defender los intereses colectivos.

Yo felicito a los hijos de Tamaulipas, porque han entrado en un período interesante de la vida nacional, han entrado francamente dentro de esa transformación del espíritu y de la conciencia colectiva que ha producido la Revolución en los hombres que son capaces de comprenderla.

Que han salido de la condición de masa amorfa, como los llama en sus páginas "Excélsior,” como los llamara la dictadura de Porfirio Díaz, para convertirse en ciudadanos independientes y libres, capaces de defender sus derechos con el voto o con el rifle.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 231 a 237.