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Siglo XX > 1920-1929 > 1927

Discurso del General Álvaro Obregón, pronunciada el día 1 de septiembre de 1927, en el casino de Nuevo Laredo, Tamps., durante el mitin que se efectuó.
Nuevo Laredo, Tamaulipas, 1 de septiembre de 1927.

No todas las buenas semillas que se siembran producen iguales frutos.

Hay circunstancias que concurren en el desarrollo, en el proceso de la vida y que determinan muchas variantes entre las semillas que se depositan y los granos que se recolectan.

No siempre se paga con la traición y la ingratitud el esfuerzo de un jefe por llevar a sus compañeros a la victoria.

Fue la ambición la que cegó a muchos altos jefes, y para satisfacerla, tuvieron que negar a su maestro, desconociéndolo, sin concederle las más rudimentarias virtudes que el jefe requiere para arrancar el triunfo a la tragedia.

Pero por fortuna son muchos los que están diseminados por el territorio y que guardan un recuerdo generoso de aquellos días de dolor, que como Cavazos, conservarán ese recuerdo mientras vivan.

El recuerdo de aquella tragedia nos hace pensar cómo pudo el destino determinar la victoria en favor nuestro, cuando los elementos con que luchábamos eran siempre inferiores a los del enemigo, y llegamos a la conclusión, de que aunque éstos eran superiores en el terreno material, resultaron inferiores en el terreno moral, pues nosotros perseguíamos un solo anhelo: el de salvar a la patria, y no el de satisfacer los apetitos de los jefes.

Las luchas políticas que sucedieron a la tragedia, nos dieron el mismo ejemplo: tuvimos que ganar luchas desventajosas en el terreno material; pero siempre colocados en un plano superior en el terreno moral.

Es la cohesión, la afinidad de ideas, lo que da fuerza a los grupos que luchan colectivamente.

En el caso presente, tenemos un ejemplo que no han querido aprender, por fortuna nuestros enemigos: una gran mayoría del pueblo combate con la identificación de las mismas ideas, y lucha para satisfacer una misma ideología; por el otro lado, una ensalada política formada con todos los residuos del pasado, queriendo oponerse como un valladar al anhelo de una nación que con la misma idealidad marchan hacia la conquista de los grandes destinos.

El triunfo será nuestro.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 263 a 266.