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Siglo XX > 1920-1929 > 1925

Memorándum sobre la enmienda Pani al Convenio De la Huerta-Lamont.
México, D. F., agosto 18 de 1925.

Señor Thomas Lamont

Presidente del Comité Internacional de Banqueros

En las pláticas que tuve el placer de celebrar en enero último con el Comité Internacional de Banqueros, sostuve la única tesis verdaderamente salvadora de los intereses recíprocos que se pretendió amparar con el convenio firmado en Nueva York el 16 de junio de 1922, es decir, el interés material de los tenedores de bonos de la deuda exterior mexicana, y el moral, del crédito del gobierno de México en el extranjero. (Ver Nota 1)

Esa tesis consistía, en términos generales, en reanudar el servicio de dicha deuda en condiciones de absoluta seguridad para ambos intereses, y la fórmula propuesta, para realizarla, en mi memorándum del 24 de enero del año en curso:-fórmula que después fue aprobada por el señor Presidente de la República- constaba de estos dos términos:

a) La concertación previa de un empréstito capaz de satisfacer las necesidades ineludibles de llenar el déficit de los presupuestos, de pagar los vencimientos atrasados del convenio de Nueva York, y de fundar el Banco de Emisión; necesidades que fueron entonces estimadas en 60 millones de dólares, y

b) La reconsideración de dicho convenio, con los fines, por una parte, de limitar las obligaciones que impone a las posibilidades financieras reales de este gobierno y, por otra parte, de aumentar en provecho de los tenedores de bonos, las garantías que prescribe.

El resultado de las pláticas referidas fue la negativa del comité a la solicitud del empréstito; la aceptación, en principio, de aplazar el pago de los vencimientos del año de 1924 y escalonarlo dentro de un lapso de varios años a partir del primero de enero de 1928; y la promesa de influir sobre los comités extranjeros para que convinieran en descargar la deuda pública mexicana de las obligaciones de los Ferrocarriles Nacionales no garantizadas antes de la vigencia del convenio.

El resultado de las negociaciones posteriores y de los esfuerzos personales de usted cerca de los comités extranjeros está consignado en el memorándum del 12 de junio que fue enviado por ese comité al señor Jones para ser discutido conmigo.

Hasta ahora contesto dicho memorándum porque esperaba la seguridad de realización de algunos propósitos de la política presidencial que son fundamentales para un arreglo satisfactorio de la reanudación del servicio de la deuda exterior.

Estos propósitos son: el del establecimiento del Banco de Emisión, que abrirá sus puertas al público el día primero de septiembre próximo y el del reajuste de los ferrocarriles que capacite a éstos para hacer los gastos de explotación y conservación del sistema y los pagos de las obligaciones derivadas del Convenio de Nueva York, reajuste que espera terminar el señor Presidente de la República, a más tardar, dentro de dos o tres meses.

Voy, pues, a referirme en las líneas que siguen, a cada uno de los 10 párrafos que contiene el memorándum de ese comité:

Primero y segundo. Quedo enterado de que el comité acepta condicionalmente la separación de las deudas ferrocarrileras de la deuda nacional, subsistiendo la garantía del gobierno solamente sobre las que estaban garantizadas antes de la vigencia del Convenio de Nueva York.

Tercero. El gobierno objeta, por falta de equidad o imposibilidad de cumplirse, y propone que sean modificadas, tal como se expresa a continuación, las tres condiciones que el comité impone para la devolución de los ferrocarriles a la empresa propietaria, a saber:

a) Sabido es que el gobierno de México recibió -conforme al Plan de Reorganización y Unión del 6 de abril de 1908- en compensación de la garantía que otorgaba a los bonos de hipoteca general de 4%, entre otros valores, acciones comunes que sumadas a las acciones de igual carácter y a las de primera y segunda preferencia, que adquirió por diversas operaciones de canje y compra, hacen un total superior al 50% del capital social y confieren a su poseedor un poder absoluto en las votaciones.

No procede, pues, que el gobierno renuncie a este derecho mientras posea la mayoría de las acciones.

Lo que sí podrá hacer es procurar que las personas designadas para representarlo en la Junta Directiva merezcan la confianza de ese comité.

b) Como probablemente es cuantioso el capital que requiera el trabajo normal de los ferrocarriles, es de presumirse la imposibilidad en que el gobierno se encontrará para suministrarlo en el momento de la devolución.

Se propone, en cambio, que subsista el impuesto del 10% sobre las entradas brutas por fletes y pasajes, el tiempo que sea necesario para saldar la deuda flotante actual de los ferrocarriles y para restituir a éstos las mismas condiciones físicas en que se hallaban antes de la incautación; y

c) El gobierno conviene en que se nombre una comisión de tres expertos que determine el costo de reparación de los daños sufridos por los ferrocarriles, pero rechaza -por irracional e injusta, puesto que debe ser aceptada como final la opinión de la mayoría- la forma de constituir la comisión que sugiere el comité, esto es, con dos representantes suyos y uno del gobierno.

Se propone, en cambio, la aplicación simple y llana del principio del arbitraje, tal como se ha practicado siempre en todo el mundo, es decir, con igual número de representantes de cada parte y un árbitro nombrado de común acuerdo o mediante reglas que al efecto se adopten.

Cuarto. La totalidad de los sobrantes de dinero sobre las erogaciones necesarias de la administración pública durante el presente ejercicio fiscal, apenas bastarán para saldar el déficit de los presupuestos y para crear el Banco de Emisión.

Ante la imposibilidad, pues, de pagar pronto los vencimientos de este año, el gobierno propone, a elección del comité, estas dos soluciones:

a) Prolongar dos años la vigencia del Convenio de Nueva York y reanudar los pagos de los vencimientos sucesivos de 1924 a 1927 a partir de enero de 1926 y terminando en diciembre de 1929; o bien,

b) Posponer el pago de los vencimientos de 1924 y 1925, fraccionándolos en 10 anualidades a partir de enero de 1928 y reanudar el año entrante el servicio de la deuda exterior con los pagos correspondientes a los vencimientos de 1926.

Quinto. El gobierno conviene con el comité en que durante la vigencia del Convenio de Nueva York los tenedores de bonos de los ferrocarriles reciban solamente los pagos prescritos por dicho convenio.

En otros términos: lo que el gobierno ha propuesto en este respecto es, sencillamente, separar del Convenio de Nueva York la parte relacionada con los ferrocarriles, para que la empresa propietaria de éstos se haga cargo de las obligaciones relativas, subsistiendo solamente las garantías gubernamentales anteriores a la existencia del convenio y comprometiéndose en cambio, el gobierno, a devolver en breve plazo los ferrocarriles en condiciones tales que sus productos basten, cuando menos, para los gastos regulares de explotación y conservación y para el pago de sus propias obligaciones.

Sexto. El comité desea que después de hecha la devolución de los ferrocarriles subsistan todas las garantías asumidas por el gobierno según el Convenio de Nueva York, si no se comprueba en un lapso de tres años consecutivos, como mínimo, la capacidad de dichos ferrocarriles para subvenir a sus propias necesidades y al pago de las obligaciones asumidas por el gobierno con anterioridad al convenio.

En este punto, el dilema racional es como sigue:

a) El gobierno carga con todas las molestias y corre todos los peligros de la ardua labor de reorganización que le permita devolver los ferrocarriles en las condiciones enunciadas en la parte final del párrafo quinto, y entonces es justo que cesen las garantías adicionales impuestas por el Convenio de Nueva York, porque la subsistencia de ellas equivaldría a que el gobierno garantizara la eficiencia de una administración extraña; o bien,

b) La empresa propietaria recibe los ferrocarriles en el estado que ahora guardan y carga con las molestias y corre los peligros de la mencionada labor de reorganización, y entonces es justo que el gobierno mantenga las garantías adicionales que impuso el Convenio de Nueva York, pero sólo durante el tiempo que sea estrictamente necesario para realizar tal reorganización.

Séptimo y octavo. Estos párrafos están observados, respectivamente, en el tercero y el quinto de este memorándum.

Noveno. El gobierno queda enterado de que el comité acepta la proposición de posponer el pago de los vencimientos de 1924 hasta después de enero de 1928, y de que no ha encontrado factible la concertación de un empréstito.

Gracias, afortunadamente, a las economías y a la reorganización administrativa realizadas por el gobierno, es posible ya la reanudación inmediata del servicio de la deuda exterior sin necesidad del empréstito de 60 millones de dólares mencionado en mi memorándum del 24 de enero último y con solo hacer extensivo a los vencimientos del presente año el principio adoptado por el comité para los vencimientos de 1924.

Décimo. El gobierno acepta las sugestiones del comité respecto del carácter que asumirán los futuros depósitos en el Banco Nacional de México de los fondos destinados al servicio de la deuda exterior.

Para constituir, por último, las bases de equidad sobre las cuales se pudiera sustentar firmemente la reanudación del servicio de la deuda exterior, habría que complementar las observaciones hechas al memorándum del comité con la proposición contenida en este otro párrafo:

Undécimo. Incorporar definitivamente a la deuda pública mexicana las obligaciones de la Caja de Préstamos garantizadas por el gobierno, canjeando los bonos hipotecarios respectivos por nuevos bonos de dicha deuda que al efecto se emitieran y quedando, por tanto, libres de la hipoteca todas las propiedades de la institución referida.

En cuanto a las garantías estipuladas en el Convenio de Nueva York, el gobierno está dispuesto a suplir su deficiencia con la garantía adicional del producto de otra renta cualquiera, pero en vez de comprometer para el caso los derechos consulares que el comité señala -ya que están llamados a desaparecer en la nueva reorganización fiscal por constituir un defectuoso impuesto indirecto que grava con igual cuota a todos los artículos de importación-, el gobierno propone los impuestos sobre la producción de petróleo, cuyo rendimiento es casi triple del de los derechos consulares.

Puede patentizarse, en suma, la equidad de las reformas que para el Convenio de Nueva York se deducen de todas las observaciones que preceden, con la siguiente comparación condensada entre las demandas y las concesiones del gobierno, a saber:

El gobierno solicita:

a) Separar del convenio de 16 de junio de 1922 la parte relacionada con los ferrocarriles para que la empresa propietaria de éstos se haga cargo de las obligaciones relativas, subsistiendo las garantías del gobierno anteriores a la vigencia de dicho convenio;

b) Incorporar definitivamente a la deuda pública mexicana las obligaciones de la Caja de Préstamos garantizadas por el gobierno, canjeando los bonos hipotecarios respectivos por nuevos bonos de la deuda pública que al efecto sean emitidos; y

c) Aplazar el pago de los vencimientos de 1924 y 1925 por alguno de los dos medios propuestos en el párrafo cuarto de este memorándum.

El gobierno, en cambio, ofrece:

a) Devolver, antes de finalizar el presente año, los ferrocarriles reorganizados en forma tal que sus productos basten para los gastos normales de explotación y de conservación y para el pago de todas las obligaciones derivadas de la parte separada del Convenio de Nueva York;

b) Procurar que la mayoría del Consejo Directivo de los ferrocarriles se forme con personas gratas al comité;

c) Confiar la valorización de los daños sufridos por los ferrocarriles, a una comisión técnica compuesta de tres expertos: uno nombrado por el gobierno, otro por ese comité, y el tercero de común acuerdo entre el gobierno y el comité;

d) Conservar el impuesto del 10% sobre las entradas brutas de los ferrocarriles el tiempo que sea necesario para que, sumado su producto a las utilidades líquidas de los mismos, se pueda saldar su deuda flotante actual y reparar los daños sufridos de acuerdo con la valorización hecha por la comisión acabada de mencionar;

e) Reforzar las garantías previstas en el Convenio de Nueva York con los impuestos sobre la producción de petróleo, cuyo rendimiento es casi el triple del de los derechos consulares propuestos por el comité; y

f) Constituir en el Banco Nacional de México y a la orden de ese comité, el fondo destinado al servicio de la deuda exterior, con las recaudaciones totales de los derechos de exportación del petróleo y la parte del producto de los impuestos sobre la producción del petróleo que sea necesaria para la completa satisfacción de las obligaciones de dicha deuda.

Se ve, pues, que bastará una amistosa cooperación entre el gobierno de México y el Comité Internacional de Banqueros para modificar equitativamente el convenio de 16 de junio de 1922, con los fines de posibilitar la pronta reanudación del servicio de la deuda exterior y de asegurar el exacto cumplimiento futuro de todas sus obligaciones.

Reitero a usted las expresiones de mi más atenta consideración.

Ingeniero Alberto J. Pani

Secretario de Hacienda y Crédito Público

Nota:

1. El convenio de Nueva York celebrado en 1922 había sido firmado por el secretario de Hacienda de México, Adolfo de la Huerta, y el propio Lamont.

En ese documento, el gobierno mexicano reconocía, entre otras cosas, una deuda poco mayor a los 500 millones de dólares, de la cual la mitad había sido contraída por los Ferrocarriles Nacionales.

Asimismo, el gobierno de México, aceptaba deber 200 millones de dólares más, por concepto de intereses atrasados, y se comprometía a cubrirlos en un periodo máximo de 40 años a partir de 1928.

Precisamente de aquella fecha datan las primeras discrepancias entre De la Huerta y Pani, este último ya por entonces un influyente consejero del presidente Obregón.

Pani -quien suscribe la presente carta como secretario de Hacienda- había sostenido en 1922 una tenaz controversia con De la Huerta por considerar aquel convenio de Nueva York desfavorable para los intereses de la nación.

Fuente:

Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal 1919-1945. Dos tomos. Introducción, selección y notas de Carlos Macías. Coeditores de la presente edición: H. Cámara de Diputados LXI Legislatura, Fondo de Cultura Económica, Instituto Sonorense de Cultura, Miguel Ángel Porrúa (librero-editor) y Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. México. Primera edición, 1991. Segunda edición -no venal-, agosto del 2010. Tomo II. 547 pp. Páginas 69 a 74.