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Siglo XX > 1920-1929 > 1924

Discurso pronunciado por el General Álvaro Obregón, Presidente de la República, en el banquete que le ofreció la Confederación Regional Obrera Mexicana, el día 2 de diciembre de 1924.
2 de diciembre de 1924.

Nadie es capaz de superar su propio deber.

Ningún hombre quede ejecutar un solo acto que rebase los límites de lo posible, y todos aquellos actos comprendidos en esos límites, deben ser ejecutados por los hombres en bien de sus semejantes, cada vez que el destino les brinde la oportunidad de hacerlo.

Dentro de esta concepción moral, hemos normado nuestra actuación los hombres a quienes nos ha tocado en suerte llamarnos directores en el movimiento revolucionario.

Y el misterioso secreto de nuestros hechos lo encuentran los que han observado que nuestros actos han sido siempre respaldados por el pueblo, consciente de sus deberes, dispuesto siempre a los mayores sacrificios, para consolidar definitivamente sus grandes destinos.

Y los directores de este movimiento, fieles a los dictados de nuestra propia conciencia, no hemos realizado otra obra que interpretar fielmente los nobles anhelos de nuestro pueblo, y marchar resueltamente al frente de ese pueblo, a dondequiera que el destino ha reclamado nuestra presencia.

Y si unos dentro de la familia oficial, y otros fuera de ella, alentamos los mismos ideales y afrontamos las mismas responsabilidades ante nuestra propia conciencia y ante la historia del mundo, cualesquiera que sean los azares que tengamos que sortear en el futuro, formaremos la misma familia, y la misma cruz servirá para señalar el sepulcro de todos los que tengan que caer en la contienda.

Volved a vuestros hogares, y decid a los vuestros que habéis hecho lo que Santo Tomás:

“Venir a ver con vuestros propios ojos, para creer;” que en las luchas por el bienestar y las libertades, el pueblo mexicano ocupa un lugar avanzado; que no pensamos dar un solo paso hacia atrás, que ninguna fuerza nos obligará a dar media vuelta.

Y si el destino de la humanidad quiere que México, que este puesto avanzado sucumba en la tragedia, nos cabrá el orgullo de haber conquistado un epitafio ante el cual se descubrirán las generaciones venideras.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Segunda Parte. Discursos de 1924 a 1928. 505 pp. Páginas 27 a 31.