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Siglo XX > 1920-1929 > 1923

Discurso pronunciado por el general Álvaro Obregón, presidente de la República, con motivo de la recepción que en su honor se verificó en Veracruz, el día 2 de septiembre de 1923.
Veracruz, 2 de septiembre de 1923.

El discurso del señor Carvallo tiene dos aspectos, a los cuales voy a referirme: primero, a la satisfacción que siento al ser felicitado por el triunfo obtenido con la reanudación de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos de Norteamérica, me obligan a darle las más expresivas gracias.

Estimo estas felicitaciones como premio a los hombres que conmigo forman el Gobierno, y que han sabido llevar el peso enorme de las responsabilidades de tan difícil marcha de los asuntos públicos, pues ha habido hombres grandes que se han lanzado a la conquista de ideales, muchas veces sin conseguirlo, cosa que afortunadamente no ha acontecido al Gobierno mexicano.

Segundo aspecto: es de carácter político manifestar la expresión tan sincera, señor Carvallo, de que es otro motivo de gratitud para mí, pues nada más halagador que soportar responsabilidades en un puesto como el mío, cuando se tiene la convicción de que se cumple con el deber.

El deseo de que yo continuara en el poder, es muy difícil de realizarse primero por las condiciones anormales del Gobierno, desde que me hice cargo del poder.

Escollos muchos había que vencer, y era incontable el número de problemas que me marcaron un horizonte nada halagüeño.

Necesitábase un espíritu fuerte para ir venciendo tales escollos y ver realizados nuestros principios, paulatinamente.

Y esos esfuerzos que han sido un prodigio, por sus efectos materiales, mi organismo no podría resistirlos en un período largo de gobierno.

Yo soy hombre sincero, os ruego permitirme que así lo manifieste, sin creer que trato de jactarme, pues seguramente este éxito conquistado durante mi administración, parecía irrealizable; pero un anhelo muy grande me impulsaba a ejecutarlo, en bien de mi patria, por lo que he trabajado con toda sinceridad.

La buena fe de mi labor habrá sido poco acertada, pero llena de un entusiasmo recto y definitivo.

Aceptando que físicamente pudiera resistir por más tiempo en el Poder Ejecutivo, no debería hacerlo, porque el aspecto moral legal constituye una barrera que jamás podría salvar.

Aunque se existe un acicate de ambiciones políticas, que tanto daño nos hacen, y que trata de convencerme, reconozco que la realización de esas posibilidades es un pequeño pensamiento, comparado con el escollo de la barrera formidable que levanta la parte moral legal de nuestros principios.

En esta circunstancia, hago formal declaración de que, tan pronto termine mi período presidencial, me retiraré a la vida ordinaria del trabajo particular; pero con el firme anhelo de que en los últimos momentos que me toque gobernar, poder dedicarlos, como ahora, a hacer todo el bien posible para mi patria, que tanto lo necesita.

El último éxito de la reanudación de las relaciones internacionales con los Estados Unidos, es del pueblo mexicano, que sancionó mis actos con satisfacción.

La sinceridad de mis propósitos está en la conciencia nacional, y es ésta, seguramente, una de mis mayores satisfacciones.

La vanidad que en este caso he tenido, me aconsejó trabajar en el sentido que lo he hecho, para conseguir el futuro engrandecimiento de mi nación, y aquellos que me sucedan en el Gobierno, bailarán ahora el camino expedito para hacer todo el bien posible.

El Estado de Veracruz ha estado siempre identificado conmigo.

En este puerto encontramos en los trágicos días de infortunio, un apoyo decidido para marchar a la firme conquista de nuestras libertades.

Veracruz tiene un alto concepto de sus deberes cívicos, pues ha dado en todo el tiempo el contingente de su sangre, su sabiduría y trabajo para defender a la patria y engrandecerla.

Es por esto lamentable decir que su gobernante no ha trabajado con conciencia, que no ha cumplido con sus deberes, ya que ha permitido que se reproduzcan los gérmenes de discordia, pero que todo gobernante debe evitar a toda costa, si tiene conciencia de sus actos.

Seguramente ustedes no creerán que yo soy amigo del capital, de la misma manera que lo soy de los derechos populares, y sincero defensor de los oprimidos; pero creo también, sinceramente, que para alcanzar esos derechos, para llegar a ese anhelo, a esas ilusiones populares, no se necesita provocar tumultos y desórdenes, mucho menos protegerlos.

Yo prometo que defenderé este estado de moralidad, pues he creído que hasta hoy no he correspondido al pueblo veracruzano con la misma rectitud y con la misma nobleza que él me ha demostrado.

Cuando he llamado a veracruzanos, han correspondido solícitos a mi llamado, y en pago de eso, os digo que el estandarte de la moral sabré defenderlo en beneficio de este pueblo.

Yo no quiero mencionar nombres ni hacer cargos de lo que ocurre en el Estado de Veracruz.

Ustedes tienen un criterio bastante claro, para comprenderlo bien, y seguramente con ese criterio conocerán también los diques que el Ejecutivo de la Unión ha tenido para cumplir con su propia conciencia.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Primera parte. Discursos de 1915 a 1923. 410 pp. Páginas 387 a 393.