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Siglo XX > 1920-1929 > 1922

Carta de Ricardo Flores Magón a Nicolás T. Bernal. La idea de ese grupo editor de dar publicidad a los incomparables trabajos de Práxedis, es brillantísima.
Penitenciaría Federal, Leavenworth, Kansas 23 de julio de 1922.

 

 

Nicolás T. Bernal
México, D.F.

Mi querido Nicolás:

La idea de ese grupo editor de dar publicidad a los incomparables trabajos de Práxedis, es brillantísima. Esos trabajos son muy poco conocidos aunque fueron publicados en una época en que Regeneración tenía un tiraje de más de veinte mil ejemplares semanarios, si no recuerdo mal.

Es una lástima, sin embargo, que no haya allí algún compañero que hubiera tenido la fortuna de conocer personalmente a nuestro nunca bien llorado Práxedis, que si lo nubiera, él podría informar al esclavo, por quien el héroe sufrió y murió, sobre la vida de este hombre excepcional, poeta, filósofo y revolucionario, que derramó luz tan intensa y tan pura en su efímera existencia.

Y cuando digo excepcional, no me refiero solamente a su labor literaria que por sí sola habla con exquisita elocuencia de la calidad maravillosa del cerebro de Práxedis, sino a su actuación como hombre de principios, como apóstol sincero del ideal anarquista, pues si alguno ha vivido dentro del ideal y obrado en conformidad con él, ése fue Práxedis, el hacendado-peón, el capitalista-obrero.

Hijo de una poderosa familia terrateniente del distrito de León, estado de Guanajuato, las delicadas carnes del niño Práxedis fueron envueltas en sedas y brocados al venir a la vida. En este caso, la tradición poética sobre el origen humildísimo de los redentores de pueblos fue rota. Práxedis no fue dado a luz en un pesebre. Él nació rico y en medio de la riqueza. Él vino a la vida para vivir la ociosa existencia del poderoso, pues inmensas eran las tierras que tenía que heredar e inmenso el número de esclavos que habían de sudar y sufrir para él.

Todo indicaba que el niño Práxedis tendría que crecer y vivir como un burgués; pero aquí entra lo extraordinario en el caso: el niño Práxedis nació a la vida dotado de una sensibilidad excepcional y de un cerebro excepcional también. Él pudo comprender que aquellos gañanes que desperdiciaban su vida encorvados sobre el agrio surco; indigentes de luz intelectual y de riqueza material, huérfanos de todo derecho y sobre cuyos hombros escuálidos pesan todas las cargas sociales, eran sus hermanos, eran hombres cuyo único delito para merecer el vivir la penosa existencia de la bestia de carga, fue el capricho de la fortuna que no quiso que nacieran, como él, entre sedas y brocados, y el corazón del niño lloró sangre... El niño creció, y mozo ya, estudió. El quería saber, él quería indagar.

En presencia del Universo y en la corriente de la vida su espíritu inquieto preguntaba por qué, para qué, de dónde, adónde. Y como las religiones no le dieran una respuesta que satisficiera a su razón, preguntó a la Ciencia, y ésta, amable siempre, descorrió las densas cortinas de la fe con que la superstición limita el horizonte del saber humano, y le hizo entrever los misterios del Cosmos y de la Vida... Entonces comprendió que no era la Fortuna la responsable de la iniquidad que se desenvolvía a su vista, sino la injusticia social. Y contra esa injusticia que hace del ser humano una bestia de carga, su conciencia se rebeló y se hizo revolucionario, y así fue como a la muerte de su padre y cuando le correspondía entrar en posesión de una formidable riqueza, él renunció su derecho a ella y se lanzó al mundo a ganarse el pan con el sudor de su rostro... ¿No es esto extraordinario?

Hombres de talento, hombres de genio, y un genio fue Práxedis, abundan; pero lo que no abunda es esa generosidad, esa consistencia en el ideal que hacen de Práxedis G. Guerrero una figura sublime en la historia revolucionaria del mundo, y a la cual amamos los que sobrevivimos, como amamos a ese otro gigante del carácter que se llamó Pedro Kropotkin.

Revolucionario de acción, tomó parte activa en los movimientos insurreccionales de septiembre de 1906, junio de 1908 y noviembre de 1910 contra el despotismo de Porfirio Díaz, y al frente de un puñado de valientes rindió su vida valiosísima, a la temprana edad de veintidós años, en Janos, estado de Chihuahua, la noche del 30 de diciembre de 1910, luchando por Tierra y Libertad. La palabra es pobre para referir la vida ejemplar de este revolucionario insigne cuyos fuertes relieves sólo el mármol o el bronce pudieran representar. Vida corta, pero fecundísima, fue la suya, y su muerte fue una pérdida real para la causa de la emancipación humana.

Si no hubiera muerto, quizás ya no habría cadenas; si no hubiera muerto, quizás el hombre habría dejado de explotar y de oprimir al hombre; ¿quién puede saberlo? Porque su obra de emancipación comprendía al oprimido de todo el mundo, convencido como estaba de que el mal no era exclusivamente mexicano sino mundial, y de que la humanidad sufre en la vasta extensión del planeta, dondequiera que haya alguien que diga "¡esto es mío!" Dondequiera que haya alguien que grite "¡obedece!"

Mis parabienes a los queridos compañeros que componen el grupo editor, incluyéndote a ti, mi bueno y querido Nicolás, por la feliz idea de publicar los trabajos de nuestro inolvidable Práxedis.

Con un fuerte abrazo se despide tu hermano que te quiere.

 

Ricardo Flores Magón

 

Fuente:

Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 2 (1919-1922). Compilación, prólogo y notas: Jacinto Herrera Bassols. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000. pp.417-419.