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Siglo XX > 1920-1929 > 1920

Discurso pronunciado por el general Álvaro Obregón en el banquete que le ofrecieron las cámaras de comercio extranjeras de la ciudad de México, el 29 de noviembre de 1920.
Ciudad de México, 29 de noviembre de 1920.

Al dirigir la palabra a los honorables miembros de las Cámaras de Comercio extranjeras, quiero hacer hincapié en la trascendencia que para nosotros encierra esta fiesta, y que debemos considerarlo como un hecho elocuente que demuestra cuán cerca estamos de realizar los supremos anhelos que nos han dado vigor suficiente para luchar durante diez años, anhelos que han consistido en consolidar en nuestro país un Gobierno que, partiendo de la voluntad popular, que tiene derecho para considerar definitivamente conquistada su soberanía, que dejarán satisfechos los deseos de la gran familia mexicana, y que contará con la simpatía y con el apoyo de nuestros huéspedes, que han venido a compartir con nosotros las vicisitudes de la vida azarosa, que ha tenido que sostener nuestra patria, para defender sus libertades, y a compartir, después, las ventajas de un Gobierno que logra conservar incólumes los derechos que les conceden nuestras leyes, para que puedan dedicarse a sus labores y cooperar con nosotros a la reconstrucción nacional, obteniendo el provecho que a su inteligencia, a su capital, y a su diligencia les corresponden justamente.

La trascendencia de esta convivialidad, creo que pasará nuestras fronteras, y será un mentís a los reducidos grupos de hombres que, en defensa de sus mezquinos intereses materiales, exigen de sus gobiernos que no sea reconocido el Gobierno de México, para ver si logran producir un período de zozobra que pueda traducirse en beneficio de aquellos mismos intereses.

Yo me siento altamente satisfecho, y creo que conmigo todos los hombres que han luchado hasta lograr establecer un Gobierno que ha tenido como norma la ley, que no ha rebasado en un solo de sus actos los mandatos supremos de ella.

El Gobierno que tendré el honor de presidir, se propone seguir ese mismo sendero, porque el interinato no ha sido de hombres extraños al movimiento revolucionario; ha sido de hombres sacados del movimiento, y ellos han estado inspirados en los mismos anhelos y en los mismos postulados.

La trasmisión del Gobierno en dos días más, no significará un dislocamiento en la administración pública; los hombres que han colaborado en el interinato, irán a colaborar a mi lado, y seguiremos esa línea que el señor Presidente De la Huerta, para orgullo de la Nación, ha sabido trazarse en el difícil período en que ha tenido que gobernar.

Voy a terminar invitando a ustedes, a que levantemos nuestra copa, porque las voces de la moral y del derecho se impongan por encima de los gritos despechados de los intereses materiales de unos cuantos hombres, y porque cooperen con nosotros al engrandecimiento de nuestra patria que de hoy en adelante, abrirá sus brazos para todos los extranjeros que vengan a colaborar con nosotros, trayendo su contingente de moral, de cultura y de buena voluntad.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Primera parte. Discursos de 1915 a 1923. 410 pp. Páginas 309 a 313.