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Discurso pronunciado por el general Álvaro Obregón en el banquete que le ofreció la cámara de comercio de la ciudad de Fort Vorth, Texas, E. U. A., y que tuvo lugar en el hotel Metropolitan, de dicha ciudad, el día 17 de octubre de 1920.
Fort Vorth, Texas, E. U. A., 17 de octubre de 1920.

En tiempos pasados, los escollos más grandes con que tropezaban los pueblos para su armonía y buenas relaciones, eran el idioma y la religión; pero las civilizaciones modernas nos han enseñado que éstos no pueden ser escollos para la buena inteligencia de los pueblos, porque la lengua y la religión son incidentes en los cuales el hombre toma la menor participación, porque a nadie se le pregunta en dónde quiere nacer, ni de qué padres quiere nacer.

Son la moral y la cultura los lazos que vienen ligando a los pueblos en los últimos tiempos.

Se puede tener cualquier religión, siendo esencialmente moral.

El bien y el mal, que son los factores extremos que originan todas las luchas de la tierra, se alojan en todos los países, y se practican en tocios los idiomas; y quienes hemos llegado a esa conclusión, encaminaremos todos nuestros esfuerzos por cultivar la moral y cuidar de la cultura, seguros de que con esos dos factores, tendremos el derecho de contar con las mejores relaciones de todos los países del mundo.

Las legislaciones avanzadas de todos los pueblos sientan como principio el respeto absoluto a la religión y a la más absoluta libertad de pensamiento.

Dos hombres o dos pueblos pueden profesar distinta religión y ser buenos amigos.

Dos pueblos pueden hablar distintos idiomas, y ser también dos buenos amigos; pero nunca pueden llegar a ser dos buenos amigos dos hombre y dos pueblos, si uno practica el bien y el otro el mal; y nosotros al llegar hasta este gran pueblo, desde la patria de Juárez y de Hidalgo, venimos a decirles que nos dedicamos en estos momentos a la práctica de la moral y de la cultura, que hacemos una invitación formal a todos los hombres del resto del mundo, y de manera especial a nuestros vecinos del Norte, para que vayan a nuestra patria a buscar las ventajas que la moral concede a todos los hombres de trabajo, y a cooperar con nosotros al desarrollo de la cultura de nuestro propio pueblo, y así harán una obra de humanidad que les agradecerán las generaciones venideras, tanto de México, como de los Estados Unidos; y para que cooperen con nosotros, además, a atenuar las ansias de lucro que muchos hombres llevan a nuestro país, descuidando el respeto que se debe a la moral y a la cultura.

Antes de terminar, reciban mis frases de agradecimiento muy sincero por estas atenciones que han tenido para nosotros, y la repetición de que hago mi sincera invitación para que vayan a cooperar con nosotros al engrandecimiento de nuestra patria.

Fuente:

Discursos del General Álvaro Obregón. Biblioteca de la Dirección General de Educación Militar. México, 1932. Dos tomos. Primera parte. Discursos de 1915 a 1923. 410 pp. Páginas 303 a 307.